Indicador Político/Por Carlos Ramírez
Las recientes fricciones entre el presidente emérito López Obrador y la presidenta en
funciones Sheinbaum Pardo y justamente en ese sentido de direccionalidad no representan
alguna ruptura en la alianza política de continuidad transexenal, sino que refleja más bien el
enfrentamiento en modos entre científicos y populistas, pero en el caso específico de una
oposición real que estaría obligando a un endurecimiento político del grupo de la 4T.
Los dos presidentes están convencidos del proyecto cuatroteísta, solo enfrentan conflictos
entre grupos políticos en modo de tribus, como se pudo percibir en casos muy concretos de
crisis en la alianza morenista en modo de fuego amigo o guerra civil: la caída de Adán Augusto
López Hernández, el enfriamiento de Ricardo Monreal Avila, la crisis con Marx Arriaga en la
SEP y sobre todo el acoso con información de dentro de Andrés Manuel Andy López Beltrán y
su desplome estrepitoso de la Secretaría de Organización del partido Morena y el alejamiento
de su posibilidad de ser el candidato presidencial lopezobradorista en 2030.
Si se analizan con frialdad las decisiones tomadas en el Palacio de Invierno de Palenque y las
que se quieren operar en el Palacio Nacional, en el fondo se estaría tratando del mismo
proyecto pero con un dato que viene de la experiencia de grupos sucesorios en el régimen
priista y que los dos sexenios del PAN lo entendieron y por lo tanto terminaron regresándole el
poder al PRI apoyando un Pacto por México de tono prianista.
El control del partido Morena, el manejo de las dos cámaras legislativas y el paso decisivo
para desrevolucionar el papel de la educación en la producción estarían revelando dos
enfoques de un mismo objetivo, con la circunstancia agravante de que la presidenta
Sheinbaum no quiere aparecer solo como intendente o encargada de un proyecto al cual no se
le quiere variar ni una coma.
Pero el otro escenario oculto en la tensión dinámica AMLO-CSP se esconde el de las
decisiones que se tomaron en el sexenio pasado para conseguir financiamiento que serviría
para las campañas de los candidatos de Morena, en términos muy concretos la denuncia que
ya ha parecido formalmente en Estados Unidos de la presunta responsabilidad de figurones de
la 4T en el huachicol fiscal.
A López Obrador le alcanzaba su perfil de líder social entrón para confrontar a una oposición
que en el sexenio pasado estuvo desarticulada y que apenas hacia finales de 2023 pareció ir
conjuntando una coalición plural contraria al enfoque populista, una mezcla de perol de bruja
entre la izquierda de origen priista, las corrientes académicas incrustadas en la estructura
electoral con un enfoque conservador por antipopulista y seguidores desencantados del PAN
que configuraban importantes corrientes de la derecha ilustrada, con el aderezo final de los
intelectuales salinistas que pulularon y sobrevivieron alrededor del grupo (A)Nexos.
Pero a estas alturas del partido, ya no importa esta configuración opositora parchada sino que
se destaque el hecho de que confluyeron en la fundación de un partido (Somos México) que
se define de origen como oposición no leal y diferente a la oposición leal que fue el PAN
inclusive en sus dos sexenios presidenciales.
Entre todos los problemas de la agenda de las elecciones legislativas de 2027 y presidenciales
del 2030 destaca de manera sobresaliente la reforma electoral que López Obrador ordenó que
se manejará de manera unidireccional y sin negociación con la oposición y la forma en que la
nueva oposición está logrando meterse en el debate público de la reforma cuatroteísta que le
fue encargada al comunista Pablo Gómez Álvarez pero que viene paradójicamente en modo
priista porque recupera el modelo de la Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz en
1988.
La presidenta Sheinbaum sabe que no tiene el perfil de liderazgo popular de López Obrador y
que además está acotada por el lopezobradorismo en activo, además de que tiene encima la
intención del presidente Trump de meterse en las elecciones de México como se ha metido en
otras elecciones en gobiernos latinoamericanos que transitaron del populismo al derechismo
descarnado.
Y en ese espacio se localizan las tensiones dinámicas entre el modelo político científico de la
presidenta en funciones Sheinbaum con el modelo apasionado, inflexible y verticalista del
presidente emérito López Obrador.
Si en el fondo no está en riesgo el enfoque final de las 4T para 2027 y 2030, en el camino
podrían generarse todavía aún mayores desentendimientos y disputas al interior de la
mayoría gobernante y con ello dificultar la meta de la mayoría calificada en 2027 y la
presidencia de la República en 2030.
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Política para dummies: la política es cosa de políticos que entiendesnde intereses y no de
política.
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