Golpe a golpe/Por Juan Sánchez Mendoza
El oportunismo es una actitud que se presenta en cualquier actividad de
la vida humana. Pero en el quehacer político exhibe influencia aguda
merced a la proclividad de los actores a ganar notoriedad; y de
presentarse ante la población como férreos defensores de sus
intereses.
La tentación de sucumbir ante el embrujo de lo fácil, lleva a muchos
aspirantes a puestos de elección popular y teóricos de café, a manejar
con simpleza temas y problemas que de suyo son delicados y
profundos.
De ningún modo se les podría tipificar como ignorantes ni personas de
buena fe, ya que calculan fríamente sus objetivos para convertirse en el
centro de la atención y el debate.
En una situación normal, los oportunistas permanecen agazapados y su
trabajo es silencioso –casi clandestino–, pudiendo llegar (incluso) a
prestar servicios al régimen establecido aun cuando éste sea
antagónico a los principios y/o proyectos que (ellos) profesan, pero en
un escenario de competencia pre-electoral –donde saben que pueden
negociar y/o eventualmente salir airosos–, se transforman en sujetos
activos, críticos, ‘defensores de los intereses populares’ y en
‘estrategas brillantes’.
Justo en este contexto, a todo le encuentran remedio. Y les da por
resolver las cosas en menos que canta un gallo, aunque igual buscan
crear una imagen negativa de sus adversarios, enjuiciándolos por
lentos, corruptos y carentes de todo compromiso social.
Ya ve usted que hay cualquier cantidad de aspirantes a candidaturas
legislativas y municipales en plena promoción con pinta de bardas y en
los espectaculares.
Contexto deformado
Las personalidades atormentadas de los oportunistas tergiversan y
envilecen la realidad –eso me queda muy claro–, al tiempo que
suprimen y descalifican cualquier logro, éxito o verdad (de parte de sus
rivales circunstanciales) por evidente que éste sea, si ello les favorece.
Regularmente actúan por consigna y no tienen el menor pudor en
falsear los hechos, que, por cierto, son descontextualizados y
adaptados a la conveniencia de los mezquinos intereses que dicen
defender.
En concreto, acatan instrucciones de camarillas y facciones que las
más de las veces profesan tendencias reaccionarias.
Aquí, sin embargo, debo advertir que el oportunismo no es exclusivo de
la ultraderecha (a la mexicana), pero los representantes, amanuenses o
corifeos de esta doctrina son quienes más lo practican mediante
feroces proclamas, tronantes declaraciones y mensajes mediáticos.
Ejemplo de ello es que se cuelgan de un problema para emitir juicios
parciales e irresponsables, en lugar de contribuir a superarlo, con la
simplona intención de desorientan a la opinión pública, cuya potestad y
representación se arrogan.
Resulta conveniente precisar, entonces, que una organización que se
precie de ser ferviente defensora de la democracia, debe exigir a sus
militantes, dirigentes, gobernantes y legisladores, que cuando abran la
boca lo hagan con conocimiento de causa y proponiendo soluciones;
sin fobias ni traumas, dogmas ni mesianismos.
En síntesis, es obligación de la nomenclatura panista hablar con la
verdad y evitar la tentación de querer manipular a la ciudadanía como
ocurre de manera sistemática en todos los procesos pre-electorales,
donde los fulleros escandalizan y eluden los temas de fondo por el
oportunismo que los caracteriza.
Desacreditación electorera
Por cierto, México podría vivir nuevamente momentos de incertidumbre
en su avance democrático, merced a la descalificación que se hace a
priori de la iniciativa presidencial de reforma electoral.
Así lo dejan entrever las desacreditaciones de dos jerarcas de partidos
políticos opositores a morena –incluso las de los aliados de éste–, que
con su actitud avalan una de las tesis más recurrentes de lo que ellos
llaman autoritarismo.
Dicen que en el país existe descomposición política.
Pero ese rollo es el mismo que han manejado durante años y años, aun
cuando en la República Mexicana se ha modificado el escenario político
y se atraviesa por un clima de certidumbre político-electoral, a tal grado
que las diversas organizaciones participantes en la justa que viene ni
siquiera cuentan con elementos valederos para descalificar el contenido
de la reforma; menos se han preocupado en reorganizar sus
estructuras, como antaño; ni en tender un sólido puente de plata a la
democracia que tanto dicen buscar.
Ejemplo de que la oposición pretende descalificar a priori el análisis de
la reforma electoral son los epítetos que desde las cúpulas partidistas
se lanzan en contra del proyecto porque contempla modificar la
elección de legisladores plurinominales, reducir el financiamiento
público a partidos y aminorar el costo de los procesos electorales.
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