Polvo del Camino/ Max Ávila
Ahora es la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez quien está en el centro del
escándalo. Y es que su hija Alejandra forma parte de una empresa editorial a la que
“casualmente” se han otorgado contratos por 33 mil millones de pesos, cantidad no exagerada
si consideramos que incluyen diversos rubros. El principal se relaciona con publicidad oficial
(escrita y televisiva), agregado renta y compra de vehículos para distintas dependencias, etc
,etc. La denuncia ventilada en algunos medios no ha sido desmentida, al menos hasta la hora
en que se escribió esta columneja.
Lo anterior es grave de toda gravedad porque no se trata de cualquier funcionaria sino una de
las más importantes de la 4T con antecedentes de activismo periodístico: fue reportera de El
Universal, Televisa Radio, La Afición y La Jornada en los años difíciles de la oposición
colaborando de alguna forma al arribo del poder popular siendo premiada con cargos de
primera línea tanto en la CDMX como a nivel nacional.
Esta mujer de 67 años originaria de Xilitla SLP, egresada de la escuela de Periodismo “Carlos
Septién García” se ganó el afecto de AMLO quien la apadrina desde que fue Jefe de Gobierno
de la CDMX, heredándola a sus sucesores Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y por
supuesto a Claudia Sheinbaum, desempeñando puestos de mediana categoría hasta que el
tabasqueño llegó a la Presidencia de la República siendo nombrada primero, Coordinadora de
Puertos y Marina Mercante en la SCT y posteriormente Secretaria de Seguridad y Protección
Ciudadana ante la renuncia de Alfonso Durazo Montaño el 30 de octubre de 2020 asumiendo la
responsabilidad hasta dos meses después debido a problemas de salud.
Rosa Icela, como sabéis, es políticamente más importante después de la titular del Poder
Ejecutivo y no podemos decir que haya realizado ni siquiera una labor aceptable toda vez que
no logra alcanzar acuerdos o soluciones sobre problemas de interés especial, entre otros: el de
los normalistas de Ayotzinapa, el conflicto con la Coordinadora Nacional del Magisterio, las
desapariciones forzadas y exigencias y facilidades para las buscadoras que se multiplican por
todo el territorio, y por supuesto la relación con los partidos opositores es nula. Respecto de la
reforma electoral más bien estorba complicando las negociaciones incluso con grupos de
Morena y no se diga con “aliados” que condicionan el voto para alcanzar la mayoría en el
Congreso de la Unión.
Por lo visto Rosa Icela no es eficaz colaboradora de la 4T cuando aprovecha su posición para
presuntamente influir en negocios familiares. El caso de su hija y su probable participación en
sospechosas operaciones debe ser aclarado con la contundencia a que obliga por la propia
madre. Es urgente y necesario porque contradice el decálogo moral del régimen. No hacerlo a
la brevedad sería traicionar a Doña Claudia en su esfuerzo por erradicar la corrupción y
dignificar la tarea gubernamental. He dicho.
Otro escandalito propio del amarillismo es el originado por la “sala de belleza” descubierta en la
Cámara de Senadores que ni siquiera funciona con recursos públicos. Al parecer siempre ha
existido, aunque ahora es motivo de críticas y ataques siendo asunto menor de alguna manera
justificable porque forma parte de la vanidad natural de las mujeres. A nadie perjudica que las
damas acudan a darse un “retoque” antes, después o en el transcurso de largas jornadas
parlamentarias. De verdad nada más son ganas de estar hodiendo cuando lo que realmente
debiera interesar es legislar a favor del bienestar colectivo. Y no sigo porque me estoy
encabronando.
SUCEDE QUE
Ahora que está de moda remodelar las plazas públicas en la capital del estado ojalá se les
ocurra rescatar la Hidalgo que es la más tradicional, punto de encuentro de viejas generaciones
y románticos idilios, ahora olvidada de forma inexplicable y convertida en boca de lobo de alto
riesgo para la seguridad de quienes se atreven a transitar por sus ruinosos pasillos. Para
conocimiento de los funcionarios y fuereños, ahí se fundó ciudad Victoria.
Y hasta la próxima.





