En primera persona/Daniela A Plata
La lucha feminista suma innumerables voces que reclaman la apertura de espacios para las
mujeres, la equidad de género y los derechos reproductivos; pero entre todas las causas existe
una impulsada directamente por los azares de la vida.
El instinto maternal, el amor de madre, es lo que impulsa a cientos de mujeres a lo largo del
territorio nacional con el objetivo de dar con el paradero de sus hijas, sus hijos, o los hijos e
hijas de otras madres.
Por más de diez años, los contingentes de madres buscadoras han logrado localizar restos
humanos que las autoridades, por incapacidad u omisión, no encuentran. Todo ello, expuestas
a una vulnerabilidad total, incluso cuando cuentan con la vigilancia de las autoridades
pertinentes.
Su único y verdadero motivo para continuar con extensos recorridos y jornadas maratónicas de
búsqueda es el amor maternal. Para las madres buscadoras, dar con el paradero de sus hijos
es una obligación que nace desde adentro. El amor de una madre mueve montañas y las
empuja a cerrar esa herida que permanece abierta.
El 24 de marzo se viralizó el caso de Ceci Flores, madre buscadora de Sonora, quien localizó
restos óseos y prendas que podrían corresponder a su hijo Marco Antonio, desaparecido desde
2019. Después de siete años de búsqueda, encontró la esperanza de darle cierre a esa herida
que, como madre, ha cargado en silencio. Su dolor es real, y ninguna madre debería pasar por
eso ni cargar con la responsabilidad de buscar a sus propios hijos.
En México, mas de 234 colectivos de madres buscadoras enfrentan la tarea de localizar a más
de 128 mil personas desaparecidas. Desde 2019 han logrado el hallazgo de más de 1,230
cuerpos y al menos 1,300 personas con vida. Sin embargo, su labor se desarrolla en un
contexto de alto riesgo: el 97% ha sufrido amenazas o agresiones, al menos 35 buscadoras
han sido asesinadas y otras 8 han desaparecido desde 2010.
El caso mas reciente es el de Rubí Patricia Gómez Tagle, integrante del colectivo Corazones
Unidos por una Misma Causa, hallada muerta con heridas de arma blanca en su domicilio en
Mazatlán, Sinaloa, el 27 de febrero de 2026.
Así como la lucha feminista se mantiene en las calles con movilizaciones y activismo en contra
del Estado patriarcal, en el frente de batalla las madres buscadoras recorren el territorio
nacional y fortalecen la causa, impulsadas únicamente por el amor a sus hijas e hijos.
Son un recordatorio para todo un país marcado por años de violencia y brutalidad: ellas son la
verdadera voz de la esperanza y de la paz. Y para el movimiento feminista representan algo
aún más profundo: la prueba de que la lucha no siempre nace de una ideología, sino del dolor
convertido en fuerza, de la pérdida convertida en acción colectiva. Las madres buscadoras no
solo exigen justicia por las suyas; exigen un país donde ninguna mujer tenga que salir a buscar
a sus hijas e hijos. Esa es, también, una demanda feminista.
dplataf4@gmail.com





