Cynthia Gallardo/La Razón
La Comisión Federal de Electricidad puso en marcha el esquema de tarifas de verano para usuarios domésticos, un apoyo temporal que busca disminuir el impacto del calor en el bolsillo de las familias, especialmente donde el termómetro no da tregua.
El beneficio alcanza a 20.8 millones de usuarios que representa 42% del padrón nacional y consiste en ampliar, por algunos meses, los rangos de consumo subsidiado.
La medida, permite usar más energía antes de que el recibo “salte” a cobros más altos.
La aplicación no depende solo del estado o municipio, sino de cada localidad, con base en sus condiciones climáticas.
El esquema cubre viviendas clasificadas en tarifas 1A, 1B, 1C, 1D, 1E y 1F, asignadas según la temperatura media mínima registrada en verano.
El periodo se define como los seis meses consecutivos más cálidos del año, conforme a mediciones de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Concluido ese lapso, todo vuelve a la normalidad tarifaria, y ahí es donde muchos se llevan la sorpresa si no midieron su consumo.
La CFE manifestó que el apoyo no es una invitación a gastar sin control. El uso de ventiladores, minisplits y refrigeración eleva el consumo, pero también hay margen para la prudencia: aprovechar la ventilación natural, usar focos eficientes, ajustar adecuadamente los equipos de enfriamiento y desconectar aparatos que no se utilicen.
Para saber si aplica el beneficio, basta revisar el recibo de luz, donde aparece la tarifa asignada.
De existir dudas, la línea 071 o los centros de atención siguen siendo la vía directa.
En temporada de calor, la diferencia entre pagar poco o mucho no está solo en la tarifa, sino en los hábitos.





