Óscar Figueroa
La Razón
Dos mujeres con padecimientos graves, residentes del Ejido Llano Grande de Altamira, solicitaron la intervención de las autoridades ante su precaria situación de vida.
María Guadalupe Salas García, de 62 años, padece una discapacidad motriz, mientras que su hermana Martina Salas García enfrenta una batalla contra el cáncer de mama.
Ambas habitan en una zona de alto riesgo por inundaciones, por lo que su demanda principal es el acceso a una vivienda digna en un área segura.
El ejido se ubica en la margen del río Tamesí , por lo que se les complica el acceso a los servicios básicos y a la atención médica.
“Queremos que nos apoye el señor gobernador, poder hablar con él. Vivimos muy lejos y se nos dificulta todo”, expresaron las afectadas.
La falta de recursos económicos impacta también en su movilidad, pues dependen de una pequeña lancha para salir de su comunidad.
El gasto de combustible para los traslados a consultas médicas resulta insostenible para su economía familiar. Además, María Guadalupe denunció que sus trámites para programas de apoyo a la discapacidad han sido ignorados de manera sistemática por años.
La crisis en el hogar obligó a un menor de la familia a dejar la escuela para dedicarse al cuidado de ambas mujeres y a las labores domésticas.
Ante este panorama, las hermanas apelaron a la sensibilidad de las instituciones para recibir asistencia social y médica inmediata que garantice su bienestar y seguridad.





