Crónicas de la calle /Rigoberto Hernández Guevara
Los niños se despiertan temprano y a veces antes que los padres comienzan a jugar sobre la
cama. No tardan en despertar a los habitantes de la casa en términos generales: papá y mamá,
dos hijos, un gato amarillo y un pequeño perro.
Hoy entraron a clases luego de unas ligeras vacaciones que se fueron como agua. Nadie supo
cómo. Desde que amanece comienza el show, cada uno con la encomienda de vivir el día con
intencidad y plenitud, con el contenido que trae consigo : el padre trae en la cabeza los
pendientes del trabajo en lo que se rasura la barba y el incipiente bigote, tal vez lo deje crecer,
para no andar batallando comprando tantos rastrillos, siempre dice lo mismo. La mamá
comenzó el ritual del maquillaje frente al espejo, mudo testigo de muchos días de estos, del
más chico que llevan a la guardería y la más grande a la secundaria.
Ya se habían olvidado de todo y con el regreso a clases hay que empezar de nuevo. La chava
de secundaria no confesó una tarea que pudo confirmar, nada más un amigo la hizo completa
por andar en el río y la playa de la Pesca. Fue tan lindo, y no es hora de mostrar
arrepentimiento.
Con toda actitud comienza la marcha por las calles, la cola inmensa en los semáforos. El estira
y afloje de los chiquillos de primero que habían olvidado ese pequeño detalle de la escuela.
Una maestra, la más lista, se la sabe de todas todas y con la voz cariñosa que convencería al
más resistente lo somete con su lenguaje melodioso parecido al de una madre. Están en todas
partes.
Este día la hora pico domina el mundo y habrá que tener paciencia. Los padres tienen una
semana que volvieron a los trabajos pero la verdadera prueba de fuego es este regreso a
clases y es verdad, la que más importa.
Intramuros los niños platican aventuras extraordinarias que les ocurrió a ellos o les contaron
sus padres luego de leer a Emilio Salgari. Es lo mismo, los niños son grandes imaginistas y en
vacaciones por poco y pescan una ballena. Antes del timbre ya son de nuevo bien cuates.
Los papas tienen una junta para ponerse de acuerdo y recordar el noble compromiso que
tienen con la escuela. Recuerdan las reglas, las cuotas para el material de limpieza, este año
toca pintar la escuela, dijo una mamá de las que siempre hablan y nunca faltan, otros como que
no escucharon, “ya siéntese señora”, le dicen en voz muy baja.
El edificio recuperó la escena y el patio la algarabía de los niños corriendo al bebedero, a los
cuartitos como se decía antes. Comienza el drama del timbre y es lunes. Una maestra desde
un micrófono los llama a todos, esos hombrecitos que formados columna por uno tomarán
distancia, un marcando el paso, luego el silencio insospechado, la música del himno nacional y
el solemne saludo al paso magistral de la escolta uniformada con los alumnos más aplicados
de sexto. El himno a Tamaulipas lo entona el profe de música con su varita mágica que marca
el compás altivo y heroico.
La memoria guarda en el corazón los momentos inolvidables que saltan cuando en los ojos de
los hijos volvemos a recordarlos. Fueron coscorrones bien merecidos del Director de la primaria
Adalberto J Argüelles, Raúl Peña. Las magistrales clases del Profesor y periodista Antonio
Sandoval Bocanegra, que nos volvió escritores y periodistas ya grandes siendo unos chiquillos.
Los niños todos han de sobrevivir a este período y pronto, a como pasa de rápido el tiempo, se
les verá con novia en la universidad. Sobreviven lejos del hogar en esa gran aventura que ya
viejos y cansados, sentados en un sofá, recordarán con agrado como las travesuras que no les
dio tiempo para confesar.
HASTA PRONTO





