Cynthia Gallardo
Fotos: Cristian Lacarriere
La Razón
En el corazón del centro histórico de Tampico,
donde el tiempo suele ir más despacio pero las
historias se quedan para siempre, la
refresquería La Bajadita ha resistido
generaciones enteras con una receta simple:
trabajo constante, tradición familiar y sabor que
se vuelve memoria.
Ubicada sobre la calle Héroes del Cañonero
Tampico, este emblemático negocio ha operado
prácticamente sin descanso durante más de
siete décadas, convirtiéndose en punto de
referencia para locales y visitantes.
José Ramón Mejía Reséndiz, actual propietario,
recuerda que todo comenzó con la visión de su
tío y el esfuerzo de su padre, en una época
donde posicionar un negocio significaba
hacerlo a pulso.
“Mi tío Ángel Mejía fue el fundador del negocio,
después mi papá le estaba ayudando mi tío
tiene más de 50 años que falleció, yo tenía un
año… Se llamaba Bladimiro Mejía… Sí, aquí
estamos las 24 horas, nada más cerramos el
31 de diciembre en la tarde, el día 2 de enero
abrimos temprano y no cerramos para nada”
El paso del tiempo no ha desplazado las
herramientas que dieron identidad al lugar. Las
batidoras marca Oster, con más de medio siglo
de uso, siguen funcionando como testigos
silenciosos de miles de historias servidas en
vaso o bolsa.
Aquí, los sabores clásicos siguen mandando:
licuados de fresa, plátano y chocolate, junto
con aguas frescas de frutas de temporada
como papaya, melón y mango.
“Lo que más buscan es la fresa, platano… El
cubilete vale 48 pesos damos un vaso, una
bolsa y el litro vale 65 pesos”
Pero más allá del menú, La Bajadita vive de las
historias que se cruzan en su barra. Algunas,
como la de una madre que cambió su ruta con
tal de cumplir el antojo de sus hijos, quedan
grabadas como prueba del arraigo del lugar.
“Vino una señora con dos niños que querían
licuado aquí en La Bajadita pero ellos viven en
Monterrey iban para Veracruz ellos de pasada,
se bajaron con las maletas porque los niños
querían licuado de La Bajadita y se los regalé
se tuvieron que bajar iban a Veracruz… Para
comprarse otra vez su boleto”
Hoy, el negocio sigue de pie con el apoyo de la
familia y trabajadores que mantienen viva una
tradición que no conoce horarios.
En tiempos donde todo cambia rápido, La
Bajadita se mantiene firme: un recordatorio de
que lo auténtico no necesita reinventarse…
solo seguir sirviéndose frío, espeso y con
historia.





