INTERIORES
Por Carlos López Arriaga
Cd. Victoria, Tam. Ciertamente, hay un sector de los medios que suele
ir más allá de la libertad de expresión, haciendo del ataque personal un
modus vivendi y, en consecuencia, un modus operandi. Problema
añejo.
A escala global, entre los mecanismos que medianamente han
funcionado, destaca el diseño de un marco jurídico para que la víctima
de calumnia (y daño moral) cuente con los mecanismos legales
adecuados para defenderse. Lo cual ya existe en la legislación
mexicana.
Es la ruta democrática, liberal. Que ante un particular que abusa, haya
otro particular en pleno derecho de demandar, si se siente afectado. El
Estado, pues, conserva su carácter neutral y puede iniciar un
procedimiento, atendiendo a las dos partes, sin convertirse en censor.
Y sin invocar acción persecutoria alguna. Amén de que ahora existen
mecanismos alternativos para la solución de controversias, como la
mediación, donde las partes en conflicto dirimen sus asuntos de
manera pacífica y en bien del acuerdo mutuo.
En el extremo opuesto afloran propuestas inspiradas en el tutelaje
estatal, donde se pretende que el gobierno se arrogue la función de
supervisar, regular y controlar la emisión de contenidos bajo el pretexto
de la ética y el mejor ejercicio profesional.
Por este camino iría la reciente iniciativa de CYNTHIA LIZABETH
JAIME, diputada local de mayoría por el distrito 19 con cabecera en
Madero, cuando pretende implantar un mecanismo regulador al que
llamaría “Colegio de Periodistas”. Entidad con personalidad jurídica y
autonomía técnica, donde “los propios periodistas” definirían “reglas y
códigos de ética”, en aras de “combatir la desinformación y recuperar la
credibilidad.”
MÁS TROPEZONES
A lo cual añade una declaración peregrina que incurre en la más supina
ignorancia: “Hoy cualquiera con un teléfono se dice periodista.” Ora
pues, la dama parece ignorar que la libertad de expresión no es, ni
puede ser, exclusiva de los comunicadores. Es derecho de todos los
mexicanos.
En efecto, señora diputada, preste atención, lea, reflexione, piense
tantito y permítame decirle que cualquier persona con teléfono, cámara,
grabadora o libreta está en plena libertad de tomar nota de lo que
suceda en su entorno, para los fines (lícitos) que mejor le convengan.
No tiene que ser periodista, ni requiere cédula, ni título, ni pasar por la
supervisión de un Colegio. Ni pedirle permiso a usted. La regla de oro
es que no hay juez más legítimo que el lector (radioescucha,
televidente, internauta).
Olvida también que cuando nacieron las redes sociales como LinkedIn
(2003), Facebook (2006), Twitter (2006) o Instagram (2010), la cualidad
principal subrayada por sus creadores fue que abría espacios al
microblogging. Es decir, notas cortas de hechura ciudadana y difusión
inmediata.
Sin microblogging sería impensable el triunfo de BARACK OBAMA en
2010 y también la primavera árabe (2010-2011), cuyas jornadas de
inconformidad ciudadana cimbraron países (y tumbaron gobiernos) en
Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria, Marruecos y Argelia.
DIAGNÓSTICO FALLIDO
Pero el proyecto de CYNTHIA no para ahí. Propone un censo oficial de
periodistas con el propósito de “dar orden al sector”. Razón para pedirle
ahora que nos diga de frente lo que sugiere entre líneas.
¿Dar orden?, dijo… O sea que ¿no hay orden?… Señora, ¿podría ser
tan amable de prender la camarita en la red social de su preferencia y
explicar al auditorio: ¿a qué falta de orden se refiere, qué síntomas ha
detectado, en base a qué mecanismo de observación?
Igual pretende que el presunto Colegio analice contenidos y vigile la
conducta de los reporteros. Y propone establecer la práctica de un
“extrañamiento público”. Regaño institucional que (según aclara) “no
tendría efectos legales”, pero sí buscaría (de manera explícita) impactar
en su imagen pública, su credibilidad.
A ver, ¿no ha pensado usted, diputada, que tan solo por este detalle,
quien emita tal condena podría ser demandado por el efecto comercial
adverso que dicho extrañamiento tendría entre su clientela?
Hay jurisprudencia al respecto. Y además, ¿cómo puede hablar de
“autorregulación”, si el mecanismo supervisor habría sido creado desde
el Estado? Por supuesto, jamás sería equiparable a las asociaciones
gremiales de abogados o médicos; estas sí, independientes y muy
ciudadanas.
DAÑO COLATERAL
O dígame, si desde alguna oficina tuviera que decidirse lo que está bien
o mal en cada reporte informativo, ¿quién sería el guapo (o la guapa)
que nos vendría a dar clases de objetividad, rigor, calidad o decoro?
Dice preocuparse por la credibilidad del medio. Perdón, esto no es
asunto suyo; es un tema de mercado, pues afecta al lugar que cada
quien ocupa entre la opinión pública.
Nomás imagine en qué problema está metiendo al gobernador, hoy que
la trinchera opositora toma nota de dicho proyecto y aprovecha el viaje
para endosarle el reclamo en la prensa nacional, cuando es público y
notorio que el doctor nada tiene que ver con sus enjuagues, señora.
Y bueno, ¿qué pasaría si la cantante BELINDA decide entablar una
demanda contra usted, por afirmar en la red #X (https://x.gd/R0JmD)
que la artista tiene “corazón de condominio”, de lo cual podría
deducirse un probable efecto reputacional?… Mal y de malas.
Columnas anteriores:
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