INDICADOR POLITICO
Por Carlos Ramírez
En la campaña presidencial que lo llevó a la presidencia de la
República, Andrés Manuel López Obrador definió un proyecto de
desarrollo estrictamente antineoliberal, pero en Palacio Nacional el
periodo de la 4aT se ha visto obligado a continuar con el modelo
económico neoliberal del Fondo Monetario Internacional que México
pactó hace 50 años.
El debate sobre el PIB en la actualidad tiene que ver con la Carta de
Intención de Política Económica que el presidente Luis Echeverría
Álvarez firmó en secreto con el FMI para reconocer de manera explícita
que su estrategia populista había generado inflación y ésta había
derivado en la devaluación. Ese documento subordinó desde entonces
la política de desarrollo a los criterios del Artículo IV del fondo: cumplir
con la teoría friedmaniana del monetarismo para comprometerse a
centrar las decisiones presupuestales en el criterio de control de la
inflación por el lado de la demanda –“la inflación es siempre y en todas
partes un fenómeno monetario”–.
Los dos gobiernos de la 4aT están acotados por su dependencia del
pensamiento económico fondomonetarista, de manera igual a la que
aceptaron dócilmente las administraciones federales de López Portillo,
De La Madrid Hurtado, Salinas de Gortari, Zedillo Ponce de León,
Felipe Calderón y Peña Nieto. La última Carta del FMI, en modo de la
de 1976, fue firmada en noviembre pasado.
Cuando el PRI ya no pudo sostener su continuidad política desde la
Secretaría de Gobernación, el PAN llegó a la presidencia de la
República para centralizar el eje del modelo de gobierno en la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público, cuyos titulares no pudieron
ocultar su origen friedmaniano como Chicago boys mexicanos:
Francisco Gil Díaz con Fox era jefe de esta corriente atrincherada en el
Banco de México, Hacienda y el Instituto tecnológico Autónomo de
México; y Agustín Carstens Carstens fue traído por Calderón a manejar
las finanzas mexicanas cuando cumplía un papel fundamental nada
menos que como subgerente general del FMI, el número dos en el
mando del neoliberalismo mundial.
López Obrador y ahora Sheinbaum Pardo han insistido en que su
política de desarrollo es antineoliberal, pero su sustento económico
cumple con los postulados de la inflación desde la óptica del FMI de
atacarla por el lado de la demanda. Los Criterios Generales de Política
Económica de los nueve años de la 4aT se sustentan en el
cumplimiento de la condicionalidad del Fondo respecto de combatir la
inflación por el lado de la demanda y de que la política del desarrollo
debe someterse a la doctrina de estabilización macroeconómica.
El PIB mexicano se encuentra subordinado en el modelo FMI: no hay
crecimiento económico porque las finanzas públicas están atadas al
lastre doctrinario fiscal del conservadurismo neoliberal del Fondo y la
escasez de recaudación alcanza apenas para proyectos de programas
sociales de dinero regalado que no genera multiplicación económica y
lleva a sacrificar inversión productiva en aras del cautiverio social con
subsidios improductivos. Las pruebas están a la vista: el gobierno
federal ha dedicado este año alrededor de un billón de pesos –el 10%
del gasto total– a subsidios improductivos y ese dinero no se ha
orientado a estimular la economía productiva que genere más riqueza,
más PIB y más recaudación, porque la prioridad de política económica
busca garantizar la lealtad electoral de los beneficiarios del dinero
regalado.
El problema no está en el populismo de programas sociales
improductivos, sino en que la política económica del Gobierno no se
atreve a una reforma fiscal que amplíe la recaudación y genere
recursos también para la actividad económica productiva, mientras el
propio Estado sigue naneando a los empresarios convirtiéndonos en
subordinados contratistas públicos –el modelo del empresario político
Carlos Slim Helú– y la política de competitividad también es inexistente
para generar un sector privado moderno y productivo.
El saldo del desarrollo estabilizador, el populismo echeverrista, el
neoliberalismo salinista y el populismo neoliberal lopezobradorista está
en el fracaso del Tratado de Comercio Libre porque México participa
como maquillador o ensamblador y en el cual la participación nacional
de transformación en los productos de exportación ha bajado de 60% a
40% en los mismos años del Tratado.
Sin PIB no hay país, no hay riqueza que repartir, no hay estructura
productiva nacional, no hay bienestar creciente sin inflación y no habrá
modernización industrial y agropecuaria.
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Política para dummies: La política es producto de la economía.
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