José Luis Rodríguez Castro Expreso La Razón
Playa Miramar se convierte en punto de encuentro para familias que, por trabajo o por las vueltas de la vida, permanecen separadas gran parte del año.
“En esta fecha aprovechamos para reunirnos y convivir todos: hermanos, primos, tíos; organizamos un día de playa”, comparte Alberto Torres, originario de Madero, actualmente radicado en Coahuila.
Explica que llegan familiares desde Estados Unidos, Nuevo León, Estado de México y distintos puntos de Tamaulipas.
El Miércoles Santo marca una transición especial: cierra la Cuaresma y abre paso a los días más intensos de la Semana Santa, en los que la fe, la reflexión y la convivencia toman protagonismo.
Mientras la tradición religiosa recuerda la traición de Judas Iscariote y el inicio del camino hacia la crucifixión, en la costa el ambiente es distinto: familias completas se reúnen bajo palapas, entre risas, comida compartida y el sonido constante del mar.
En los últimos días, el principal paseo turístico se ha mantenido con saldo blanco, reflejo de un comportamiento ordenado de los visitantes y de la presencia constante de cuerpos de auxilio.
Las condiciones del clima también han favorecido la estancia, pese a pronósticos previos de lluvia y viento que finalmente no se han materializado en la zona sur.
Miramar se mantiene como uno de los destinos preferidos para vacacionar en familia, no solo por su extensión de playa y accesibilidad, sino por el significado emocional que representa para quienes regresan cada año.
En cada área se observan escenas que se repiten: niños jugando a la orilla del mar, grupos preparando alimentos, jóvenes practicando deportes y adultos que, bajo la sombra, aprovechan para ponerse al día.
Así, entre la fe que marca el calendario y la necesidad de reencontrarse, Playa Miramar no solo recibe turistas: reúne historias, reconstruye vínculos y confirma que, más allá del destino, lo importante sigue siendo coincidir.





