José Luis Rodríguez Castro /Expreso La Razón
¿Qué se le ofrece, mai?
¿Plomero? ¿Carpintero? ¿Albañil?
¡Le hacemos de todo, entramos a todo, jefe..bueno a casi todo !
Los ojos se abren grandes cuando una troca se acerca, y los hombres en la plaza Carrillo Puerto, en Madero, sueltan un grito y se arrejuntan rápidamente.
—¡Yo mero… yo mero me aviento el jalecito, patrón!
—¿Le sabe al cherrok? (Sic), pregunta el conductor.
—Seiscientos pesos por todo. ¡Sí le sé, hoy queda! —responde.
El hombre con mochila al hombro sube a la caja de la camioneta y se pone en marcha.
El resto, que suma entre 15 y 17 trabajadores, regresa a charlar, a buscar una banca para volver a esperar.
Días pasan para algunos, que no consiguen trabajo, y en sus rostros se nota la desesperación.
Caras azotadas por el solazo de la costa sur de Tamaulipas, que no perdona.
—“Aunque no parece, hay que andar limpio”, dice entre dientes un hombre, y asegura que funciona mejor.
Diariamente se reúnen en el lugar, ubicado muy cerca del centro de Madero. El sitio, desde hace décadas, es punto de encuentro entre quienes buscan trabajo y quienes buscan trabajadores.
Durante el último año, advierten que las condiciones económicas han afectado su vida laboral.
—“Ya no, ya no es como antes. Ahora agarramos dos chambitas máximo a la semana, y pues ahí con eso la vamos pasando”, dice Arturo Gregorio, albañil.
Quienes se reúnen en el lugar comparten que difícilmente son contratados por su edad; otros, porque no tienen el perfil; y algunos más, porque ya le encontraron el modo de sobrevivir de esta manera.
¿Qué se le ofrece, mai?
¡Aquí le hacemos de todo!
Pero al final del día, no todos alcanzan trabajo, y la plaza se queda igual: esperando otra troca, otro grito, otra oportunidad.





