ENROQUE/ JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ CHÁVEZ
La impugnación interpuesta ante el TEPJF por Javier Garza de Coss contra la resolución
del CEN que ordenó el inicio del proceso de renovación del Comité directivo del partido en
Tamaulipas ha provocado en las filas del PAN, entre otras reacciones, el temor de que el comité
estatal sea eliminado y convertido en una delegación.
No son pocos los panistas que piensan que los seguidores de Francisco García Cabeza
de Vaca están tan desesperados ante el riesgo de perder el control político del partido en
vísperas del arranque del proceso electoral de 2027 que no les sorprendería que recurrieran a
cualquier tipo de acciones para impedirlo pues permitirlo equivaldría a aceptar al
desmantelamiento del clan cabecista.
Desde la óptica de algunos militantes del partido albiazul, la impugnación tendría por
objeto crear un escenario de conflicto que agrave las pugnas internas y obligue al alto mando
nacional a desparecer el comité estatal e imponer al frente de la dirección a un representante
del CEN ajeno a las facciones antagónicas para rescatar la actividad política interna del partido,
semi paralizada durante seis meses.
Consideran asimismo que una medida de esa naturaleza en estos momentos sería
desastrosa para el panismo tamaulipeco que está urgido de unidad, condición indispensable
para tratar de recuperar el año que viene el terreno político perdido en los comicios de 2022 y
204, en buena medida a causa del rechazo y voto de castigo de los ciudadanos al gobierno de
Cabeza de Vaca.
Bajo esa circunstancia de tensión y temores, los integrantes de los 28 comités directivos
municipales se preparan para celebrar las asambleas en las que decidirán el método de
renovación de la dirigencia estatal, si el de la votación directa de la militancia que respalda la
mayoría o el de asamblea de consejeros, preferida por los partidarios del aún representante del
PAN en América del Norte.
Como es del dominio público, por otra parte, en general los partidos políticos de derecha
condenan el aborto porque son, eso afirman, partidarios de la vida, sin embargo, en la práctica
respaldan la guerra y las acciones violentas y genocidas, como la de Israel contra Palestina,
igual que la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela.
El actor y político ultraderechista mexicano, Eduardo Verástegui, por ejemplo, expresó el
7 de abril respaldo absoluto a la amenaza lanzada por el presidente de los Estados Unidos,
Donald Trump, contra el pueblo de Irán cuando advirtió que “una civilización entera morirá esta
noche, para no volver jamás”, si no abre el estrecho de Ormuz.
Después de las reacciones de condena que se registraron en todo el mundo contra el
ultimátum del mandatario estadounidense, Verástegui dio marcha atrás, quizá se arrepintió y
expresó que jamás volverá a respaldar a ningún político, sin excepción, que no mantenga una
postura contra el aborto y de la defensa de la vida.
Como Verástegui, muchos activistas de esta ideología se desdicen de este tipo de
definiciones no tanto por que hayan cambado de parecer, sino para reclutar adeptos, para no
perder simpatizantes ni votos en las jornadas electorales.
Porque una vez en el poder, demuestran sus verdaderas intenciones.
Es oportuno recordar que en el nombre de Dios a menudo se han cometido algunos de los
crímenes más atroces de la humanidad, como Las Cruzadas, la Inquisición, las conquistas
coloniales y otros abusos de poder, en algunos casos para legitimar la violencia, en otros para
justificar la represión contra los adversarios e incluso de aquellos que piensan diferente.
jlhbip2335@gmail.com
(XXX)





