Óscar Figueroa
Expreso La Razón
El amor por el Volkswagen Sedán, mejor
conocido como “Vocho” se mantiene intacto
en el sur de Tamaulipas.
A pesar de que la producción de este icónico
vehículo terminó en el año 2003, los
entusiastas de la zona agrupan sus esfuerzos
para preservar estas unidades.
El representante de la agrupación
“Volkswagen Sin Ley, Sin Club” en la región,
Germán Sequera comentó que tienen más de
ochos años organizados, pero que la pasión
vochera la tienen desde que eran niños.
Para los integrantes de esta agrupación, el
propósito central es evitar el olvido del vocho.
El club fomenta un ambiente familiar donde la
convivencia y la exhibición de las unidades se
convierten en el motor principal de sus
reuniones.
Sequera destacó que esta afición nació
desde la infancia y hoy se transforma en un
estilo de vida que comparten con el público.
“Tenemos más de ocho años con la
agrupación y con la pasión vochera que
tenemos desde niños. El propósito de
organizarnos es que no dejamos morir a los
Volkswagen, hay modelos desde los 50s
hasta el 2003 que fue el último que se realizó
y lastimosamente se cerró la fábrica. Es un
ambiente familiar donde estamos disfrutando
con la familia, con la gente que viene a
vernos y esto es una pasión”.
La restauración de estas “joyas” requiere
paciencia y una inversión económica
constante.
Germán Sequera relata el rescate de su
unidad modelo 1963, la cual encontró en una
cochera tras una fiesta de quince años.
Después de una semana de visitas diarias a
los antiguos dueños, logró la compra con la
promesa de devolverle su gloria original.
Hasta hoy, el gasto en reparaciones supera
los 120 mil pesos, además del costo inicial de
adquisición que fue de 45 mil pesos.
“Mi Volkswagen es un modelo 1963, tengo
ocho años con él restaurándolo, poco a poco.
No tenía motor, no tenía defensa, no tenía
muchas cosas; lo compré en 45 mil pesos,
pero le he metido unos 120 mil pesos en la
reparación, pero vale la pena porque es un
gusto donde tú vas y te llenas porque lo traes
en la sangre. Este carro es el de colección, es
el juguete de uno donde te vienes a divertir y
a disfrutar de la pasión; creo que todos nos
enseñamos a manejar en un Volkswagen,
pero no es fácil”.
Por otro lado, nuevos integrantes se suman a
esta comunidad atraídos por la nostalgia y la
eficiencia del vehículo.
Don Flavio Hernández, con un modelo 90,
resalta que el “vocho” no es solo una pieza
de exhibición, sino un transporte confiable
para el uso diario.
A diferencia de otros autos de colección, el
mantenimiento de este coche destaca por ser
económico y accesible, lo que facilita su
vigencia en las calles de la ciudad.
“Mi vocho es modelo 90 y tengo con la unidad
unos cinco años y siempre quise tener uno. El
mantenimiento no es caro, tal vez las
salpicaderas, pero es económico en todo,
hasta en gasolina y lo ocupo a diario, es el de
batalla. Tengo un año que ingresé al grupo y
es muy padre pertenecer al club y todo es
original; sería bueno que lo fabricaran”.
Con alrededor de 40 miembros activos, el
club “Volkswagen Sin Ley, Sin Club”
demuestra que el interés por el vocho no
conoce fronteras generacionales.
Aunque la inversión nunca termina y siempre
hay detalles pendientes en alfombras o
interiores, la satisfacción de conducir un
pedazo de historia mecánica compensa cada
esfuerzo. Para estos propietarios, el
Volkswagen es, ante todo, un símbolo de
identidad que se niegan a dejar morir.





