INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
El lopezobradorismo celebra el domingo 1 de junio el segundo año de la segunda victoria
presidencial con entusiasmo acotado por una severa crisis de viabilidad de Morena y ante la
expectativa de completar un segundo sexenio con asistencialismo improductivo, estancamiento
crónico y estructural del PIB, acoso de Estados Unidos por la narcopolítica y sin la expectativa
de un Tratado Comercial porque tendrá pocos efectos positivos por la ausencia de un nuevo
modelo de desarrollo industrial y agropecuario.
La acumulación de datos se puede resumir en seis principales indicadores que tienen acotada
la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo como extensión del modelo político de
López Obrador:
–Política. Para que no hubiera duda, el fin de semana pasado la presidenta Sheinbaum dijo en
Tabasco –donde se originó el ciclo del pejelagartismo de gobierno que su administración 2024-
2030 es la extensión del sexenio 2018-2024; “somos lo mismo”; lo que le redujo margen propio
de maniobra y reveló cualquiera de las dos características que en México se convirtieron antes
en sinónimos de crisis sistémica: la continuidad transexenal de López Obrador o un maximato
funcionalista.
–Economía. El miércoles pasado, el Banco de México enfrió los entusiasmos celebratorios
adelantados: bajó para 2024 la expectativa del PIB de 1.6% a 1.1%, cuando el compromiso
formal del arranque del Gobierno sheinbaumista fue de 2.5% promedio anual en el sexenio. Y el
pesimismo de Banxico no hace más que reflejar todas las expectativas de analistas en el
sentido de que el promedio anual del PIB en el sexenio actual sería de 0%-1%. El
lopezobradorismo ha sabido gestionar el manejo político con apoyos sociales derivados de una
estrategia asistencialista que se resume en dinero regalado a las personas, sin que se acerque
a alguna política verdaderamente social contra la pobreza que sigue afectando al 80% de los
mexicanos. El dinero presupuestal subsidia a los pobres y ya no alcanza para estimular el
desarrollo productivo.
–Seguridad. López Obrador prometió en su gobierno que acabaría con la violencia y que todos
los miembros del crimen organizado al día siguiente de su toma de posesión como presidente
de la República abandonarían las actividades criminales y se dedicarían a la producción. La
estrategia de seguridad pública se centró en combatir la delincuencia callejera de fuero común,
pero permitió el fortalecimiento de la estructura delictiva en cárteles de delincuencia organizada
para todo tipo de delitos. El principal problema que generó el modelo de López Obrador le
estalló en las manos a la presidenta Sheinbaum Pardo: la narcopolítica que fue denunciada y
está siendo combatida por el presidente Donald Trump a partir de su percepción –equivocada o
certera, al final de cuentas es el enfoque que define la relación de EU– de que México
configura un narcoestado por la interrelación de los delincuentes con los funcionarios y
políticos.
LA RESTAURACIÓN
–Reorganización del aparato del poder. La estructura de administración de México como
República mantuvo el dominio priista en el largo período 1929-2018 –con dos sexenios
panistas que entretejieron el esquema de PRIAN—y se sostenía a base de entendimientos con
la oposición en todas las reformas para evitar el funcionamiento de un Estado autoritario,
unidireccional y unipartidista. Esa estructura estaba formada por cinco pilares: sistema político
presidencialista y de partido hegemónico, régimen centralista, Estado rector de la economía y el
desarrollo, Constitución paradigmática y forma de gobierno que basaba su legitimidad en el
asistencialismo social y no en la democracia representativa de tres poderes separados y
federalismo con estados absolutamente libres y soberanos. El aparato de poder de Morena no
sólo restauró lo que el PRI perdió con concesiones desde la reforma política de 1978 hasta el
Pacto por México de 2014, sino que le agregó el dominio por la vía de las elecciones del control
de los poderes legislativo, judicial y electoral.
–Soberanía inexistente. La soberanía mexicana estuvo siempre determinada por la capacidad
de los gobiernos desde la invasión estadounidense de 1914 para mantener a raya el
expansionismo fronterizo, político, geopolítico y de seguridad nacional de Estados Unidos. La
soberanía mexicana terminó su ciclo de autonomía relativa con la firma del Tratado de
Comercio Libre que firmó el presidente Salinas de Gortari para cederle a EU el destino
geopolítico de México. Hoy, el presidente Trump se escuda en el Tratado para imponer sus tres
doctrinas de dominación imperial: la militar-nuclear, la Monroe para restaurar los intereses
estadounidenses no sólo en el continente americano sino en todo el hemisferio occidental e
inclusive a la zona del Este geopolítico y la del Destino Manifiesto que desde México se lanzó
para señalar que tenía el mandato divino para gobernar el planeta a partir de sus intereses
determinados por la prioridad de la american way of life o satisfacción del bienestar y de confort
del 10% de la élite estadounidense.
–Restauración. El régimen revolucionario-priista-prianista de una coalición dominante electoral,
federativa y legislativa está siendo reconstruido con Morena como partido dominante, aunque
lejos del objetivo de rehacer el modelo de partido prácticamente único. La última encuesta del
miércoles del periódico español El País reveló que Morena como eje de la coalición ha bajado
su tendencia electoral a niveles menores a 40% y que la alianza con el Verde y el PT lo estarían
dejando políticamente lejos del 67% de votos que se requiere para mantener la mayoría
calificada en el Congreso para la aprobación de reformas constitucionales sin negociaciones
con la oposición. Del lado contrario, la oposición con registro sigue desarticulada y arrastrando
sus pasivos de desgaste natural en el gobierno, pero queda la expectativa de que algunos de
los nuevos partidos políticos en busca de registro –sobre todo la coalición Somos México–
pudiera convencer a los votantes desencantados con una nueva alianza político-electoral.
EL FANTASMA DE LA NARCOPOLÍTICA
El Gobierno de la presidenta Sheinbaum como extensión del dominio político del grupo de
López Obrador tratará de mostrar este domingo 1 de junio –en la celebración del segundo año
de la segunda victoria electoral presidencial– un optimismo que pudiera si no apagar sí cuando
menos diluir las expectativas de estancamiento de la crisis que analistas están configurando a
partir del modelo de previsiones en el desenvolvimiento de la crisis económica de PIB bajo, de
la crisis política derivada sobre todo de las revelaciones de la narcopolítica en Morena, de la
crisis social que seguirá latente porque el asistencialismo presupuestal se agota en dinero
regalado y no en políticas sociales o estrategias económicas que generen más riqueza para
distribuir, de la crisis geopolítica por la apertura de la caja de Pandora que decidió el presidente
Trump al iniciar una larga lista de políticos y gobernantes mexicanos vinculados al narcotráfico
y de la prefiguración de una verdadera crisis de expectativas porque el modelo de Gobierno de
Morena solo ha servido para mantener el control del poder y el presupuesto para el partido y no
ha sabido siquiera prefigurar un verdadero modelo de desarrollo que lleve a México a una
capacidad productiva del tamaño de sus necesidades y de sus recursos naturales.
La acumulación de datos que prefiguran no la fundación de una nueva República boyante y de
primer mundo, sino la profundización de los viejos problemas del sistema/régimen priista que
no se ha ido y se sigue restaurando serán la antesala de las elecciones legislativas y de 17
gobernadores en 2027 y sobre todo la votación por un nuevo presidente en 2030.
El México actual está en mayor crisis que el que recibió López Obrador en las votaciones de
julio de 2018.





