Opinión Económica y Migratoria.
Dr. Jorge A. Lera Mejía
Las remesas hacia México muestran una desaceleración y una fuerte pérdida de poder de
compra en pesos, pero seguirán siendo un pilar del ingreso de los hogares y del consumo en
los estados migrantes, incluyendo Tamaulipas.
El reto hacia adelante no es sólo mantener los flujos desde Estados Unidos, sino defender su
valor real y encadenarlas mejor al desarrollo regional.
En 2025 las remesas a México cerraron alrededor de 61,700 millones de dólares, tras once
años de crecimiento casi ininterrumpido, aunque ya con clara desaceleración. En los últimos
doce meses a enero de 2026 el flujo acumulado se mantuvo prácticamente estancado, en torno
a 61,700 millones de dólares, lo que confirma el cambio de ciclo.
En el primer trimestre de 2026 Banxico reporta ingresos por 14,457 millones de dólares, apenas
1.4% más que en el mismo periodo de 2025. Este repunte descansa sobre un marzo
relativamente fuerte, pero viene precedido de meses débiles asociados al deterioro del
mercado laboral de migrantes en Estados Unidos y a la política migratoria restrictiva del
gobierno de Donald Trump.
La paradoja es que, aunque en dólares las remesas crecieron ligeramente, en pesos reales se
desplomaron.
Convertidas a moneda nacional, el monto del trimestre ascendió a unos 253,649 millones de
pesos, con una caída anual de 12.8%, debido a la apreciación de más de 14% del peso frente
al dólar y a una inflación que rebasó el 4%. Una vez descontada la inflación, el poder
adquisitivo de las remesas se redujo 16.3% a nivel nacional en el primer trimestre de 2026.
Esta erosión del ingreso se sintió prácticamente en todo el territorio: 31 de las 32 entidades
tuvieron caídas reales, y sólo la Ciudad de México mantuvo un ligero aumento de 0.5% en el
poder de compra de estos flujos. Los retrocesos más severos se concentraron en Estado de
México, Tabasco, Jalisco, Coahuila y Querétaro, con pérdidas reales superiores al 20%. Al
mismo tiempo, se consolidó la geografía de la migración: Michoacán, Guanajuato, Jalisco,
Ciudad de México, Chiapas, Oaxaca y Puebla captaron juntos más de la mitad de las remesas
del país.
Tamaulipas en el nuevo ciclo de remesas
En el noreste, Tamaulipas se mantiene como un receptor relevante de remesas, por debajo de
Nuevo León pero por encima de Coahuila, reflejando su larga tradición migratoria hacia Texas y
otros destinos del sur de Estados Unidos. Los datos desagregados de Banxico muestran que, si
bien la región no aparece en el “top ten” nacional por monto, las remesas representan una
fuente creciente de ingreso para municipios fronterizos y zonas de expulsión de mano de obra.
Sin embargo, las mismas fuerzas que han mermado el poder adquisitivo en el resto del país
afectan también a los hogares tamaulipecos: tipo de cambio peso–dólar apreciado, inflación
mayor a la prevista y encarecimiento de la canasta básica. Esto implica que, aun cuando las
familias reciban montos similares en dólares, cada giro alcanza para menos en términos de
consumo de alimentos, transporte, renta o servicios. Para una entidad dependiente del
consumo privado como motor de su mercado interno, esto tiende a moderar el crecimiento del
comercio local y de los servicios personales.
El Instituto Tamaulipeco para los Migrantes (ITM) impulsa acciones para que las remesas sean
más seguras, baratas y productivas para las familias tamaulipecas.
A través del ITM, el gobierno estatal promueve vías confiables y de bajo costo para el envío de
dinero, fomenta la inclusión financiera de los migrantes, estimula la inversión productiva con
esquemas empresariales y trabaja en la vinculación con programas sociales para que estos
recursos se traduzcan en desarrollo y bienestar en las comunidades de origen.
Los estudios recientes señalan al menos tres riesgos hacia adelante para las remesas
mexicanas: la debilidad del mercado laboral de Estados Unidos, el endurecimiento de la política
migratoria y la continuidad de un peso fuerte que abarata el dólar. En los últimos meses se han
destruido más de un millón de empleos de personas de origen mexicano en Estados Unidos y
el número de detenciones migratorias se ha disparado, lo que frena la capacidad de los
migrantes para trabajar y enviar recursos.
Para México y para Tamaulipas, el futuro de las remesas no puede asumirse como una inercia
garantizada, sino como una variable vulnerable que debe ser acompañada con política pública.
Algunas líneas estratégicas son: fortalecer los mecanismos de ahorro e inversión de las familias
receptoras; articular programas de vivienda, microcrédito y emprendimiento con remesas; y
complementar estos ingresos con un mercado laboral local más dinámico que reduzca la
dependencia de los hogares a los flujos externos.
En el corto plazo, la prioridad será mitigar la pérdida de poder de compra vía apoyos al ingreso,
contención de la inflación local y una mejor oferta de servicios financieros para que cada dólar
enviado rinda más en manos de las familias tamaulipecas y mexicanas.





