Golpe a Golpe/Juan Sánchez Mendoza
En redes sociales se observa una
andanada en contra del gobierno estatal
que amerita ser reprobada por al menos
su secretaría general de gobierno y los
poderes Legislativo y Judicial, pues desde el
anonimato se pretende estigmatizar no sólo
al mandatario, sino a las instituciones y, de
paso, a la sociedad entera.
Pero ninguna de esas tres instancias se
ha pronunciado al respecto, lo que llama
la atención porque dicen trabajar en un
mismo proyecto para que en Tamaulipas
se concrete el segundo piso de la cuarta
transformación, en base a tres principios
fundamentales: no robar, no mentir, no
traicionar.
A últimas fechas, las publicaciones
nocivas contra la entidad han sido, son,
reproducidas en diversos canales de la
internet. Y a pesar de que son mentira (en su
gran mayoría) la Policía Cibernética tampoco
ha actuado en consecuencia, pese a que una
de sus obligaciones es realizar un patrullaje
preventivo (investigación de oficio) cuando
no medie una denuncia formal.
Como fuere, este tema amerita ser
atendido puntualmente, puesto que cada
día suben de tono las descalificaciones y
empiezan a reproducirse en los diferentes
segmentos sociales, como quizá lo marca
la estrategia de los cobardes que actúan en
el anonimato, bajo el principio acuñado
por el nazi Paul Joseph Goebbels –quien
fuera el ministro para la Ilustración Pública
y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y
1945–, de que “una mentira, repetida mil
veces, se convierte en verdad”.
Y es ahí, precisamente, donde asoma el
riesgo de que la población se contamine
con falsedades y empiece a crear rumores
malintencionados en base a mentiras.
Héctor Joel Villegas González ‘El
Calabazo’, es el primero que debiera dar
la cara para desmentir los denuestos, en
carácter de secretario general de Gobierno,
pero no lo ha hecho.
Tampoco ha gestionado un
extrañamiento el presidente de la Junta
de Gobierno de la LXVI Legislatura del
Congreso (estatal), Humberto Armando
Prieto Herrera; ni ha enfrentado los agravios
la magistrada presidenta del Supremo
Tribunal de Justicia, Tania Gisela Contreras
López, aun y cuando su cargo la autoriza
vigilar el estado de derecho estatal.
Podrían argumentar, los tres,
ciertamente, no tener conocimiento de la
agresión; o que, hasta en tanto no existan
denuncias formales no actuarían en
consecuencia. ¡Bah!
Hace tiempo, en este mismo espacio le
comenté que el rumor es arma política de
la derecha tendiente a desestabilizar un
régimen gubernamental en su ambición
enfermiza de arribar al poder.
Suele ser utilizado por quienes
acostumbran propagar versiones con
la aviesa intención de distorsionar la
realidad, pues solamente de esta forma los
antropófagos contienen su rabia por no
acceder a las posiciones que por méritos
propios les están negadas.
Es también, el rumor, un mecanismo de
comunicación que se reproduce con rapidez
entre los grupos formales e informales,
llegando incluso a sembrar inquietud y,
en ocasiones, obligando al afectado a
desmentirlo públicamente.
Por lo general provoca vacilación y
viene a llenar el vacío que genera la falta de
información objetiva en torno a un trance o
tema.
Su desplazamiento por el tejido social
es paulatino –y en ocasiones efectivo–,
por lo que una vez que ha prendido tiene
que ser aclarado mediante una estrategia
contundente que lo sitúe en su justa y real
dimensión.
La fijación de los rumorólogos consiste
en acuñar un mensaje o una serie de
versiones que tengan consistencia y algo
de credibilidad –hasta lógica, según sea el
caso–, aunque partan de supuestos y sean
contrarios a la verdad, ya que ellos tratan
de ganar la atención de la opinión pública.
De manipularla y hacerla copartícipe de sus
intereses oscuros, sin el menor pudor de
que en ello va implícito el engaño, porque es
precisamente la hablilla malintencionada su
mejor arma para buscar poder.
De ahí que los servidores públicos y
políticos, como sus operadores y algunos
profesionales de la comunicación, tengan
que estar alertas ante cualquier expresión
que falte a la veracidad y trate de dañar una
imagen pública tergiversando hechos.
Surgido de mentes perversas, el rumor
se convierte en un arma que incluso puede
llegar a afectar un proyecto político y a la
persona que lo encabeza.
Habitualmente el rumor no tiene
autoría en lo individual, pero se incuba y
reproduce entre los grupos de interés que lo
magnifican.
Sobre todo, cuando se trata de nulificar a
‘la presa’ y trazar una ruta hacia el logro de
un propósito, normalmente relacionado con
el poder.
De esta manera los funcionarios públicos
son un excelente caldo de cultivo para que
se propaguen verdades a medias o mentiras
completas y fluyan de boca en boca hasta
prender en el conjunto social.
Más cuando los caníbales desempleados
van en pos de huesos con carnita pa’ tener
ofrendas qué llevarle a su rey.
Eso lo saben y bien en Palacio de
Gobierno.
Así que lo mejor es dar la cara. Y
desmentir claramente las falsedades sin
importar su origen, pues al ser incubado se
reproduce y magnifica.
Por cierto, el diputado federal Mario
Alberto López Hernández (PVEM) alias
‘La Borrega’, obligado está a presentar
una denuncia formal, pero con pruebas,
si acaso las tiene, sobre su señalamiento
de que hay políticos cupulares de morena
y funcionarios del gobierno vinculados al
huachicol.
¿O acaso sólo habló porque tiene boca…
y fuero?





