Crónicas de la calle
Por Rigoberto Hernández Guevara
Qué haces en tu día libre? Bueno empieza por lo que hay pendiente y que a causa del trabajo
no has podido realizar y ahí se te puede ir el día muy rápido, así sea pasear con la familia,
caminar a la plaza, correr en solitario por una calle desierta, ¿pero qué ocurre si ya es el cuarto
día libre? Un puente extraordinario y extremo para algunos. No sé. Quiero creer en la
creatividad del mexicano en los momentos de ocio.
Un amigo que trabaja bastante- nunca he sabido dónde, y cuando va al trabajo tampoco
trabaja- me dijo que con 4 días no completó para realizar todos sus pendientes que debieron
ser bastantes pues siempre anda tirando barra. Le faltó un día para descansar de los 4 que
descansó.
Pero ya en serio, hay personas que preferirían estar en el trabajo que en el hogar dulce hogar.
Donde a veces, si se dejan, llevan una chinga marca llorarás. Días de música muy temprano en
casa de la vecina que escucha pura cumbia colombiana y otra nada más reguetón igual todo el
santo día hasta la imaginas perrear hasta abajo, hasta el infinito y más allá hasta que llega la
noche comienzan las canciones de Javier Solis de un vecino soltero complaciendo con “un
triste payaso” o “sombras nada más” hasta que pienso se quedó dormido o el dormido fui yo.
Habrá, por supuesto, aquellos cuyo trabajo duro les vuelve necesario un agradable descanso y
hasta unas merecidas cervatanas ¿por qué no? En cuatro días puedes ir al río más cercano o
adentrarte en las montañas de Victoria y acampar a cielo abierto para desestresarte. Hay playa
cercana, aún cuando puedes ir a Cancun a donde no habías ido desde que te casaste, todavía
no has vuelto a Cancun, pero puedes hacerlo.
Hay banda durante este asueto en el parque de Tamatán de a 30 pesos y niños de a grapa.
Puedes reposar todo el día viendo el cuello de la jirafa o espiar el lobo mexicano hasta que
salga. Gente tranquila escuchando a Bach, leyendo un libro, dominando un balón en el patio,
tirando rostro en el centro comercial más cercano a tu domicilio. Gente encerrada en el cuarto
chateando. Personas sin saber a donde van y prefieren retornar, gente dando vueltas en carro
por la calle Hidalgo, hay amigos que se reúnen tramando un partido de fútbol, chicos y chicas
canasteando en las canchas del estadio, hay novios en el café, vatos paseando a sus canes,
señoras lavando propio y ajeno y gatos en el vecindario.
El cuarto día es parecido al de los jubilados cuando de pronto desaparece la prisa para salir al
centro de trabajo, el reloj con la hora exacta ahí está. Y en otra mirada ya se pasó una hora y
no ha lugar, sigue sentado en el sofá y la habilidad que manejaba con maestría en el jale ya no
se ocupa. Intenta reinventarse, pero salir y barrer la banqueta, lavar trastes no es bastante para
los días, los meses y los años que sin piedad continúan pasando, como un gerundio largo.
Entones el jubilado se convierte en modo emprendedor y vende chorizo, queso, fruta afuera de
una escuela, intenta en carpintería, se mete a un curso de refrigeración pero tampoco es
suficiente. Nadie puede volver al pasado glorioso. Los amigos hacen preguntas, otros
presumen en una vieja plaza, la más vieja.
Pero si desde ahora no hayas la puerta para salir del cuarto día del puente, al menos reconoce
que fuiste tú mismo a ese día, que la memoria te recuerda por la mañana en la nueva vida de
todos los días que es levantarse, poner un pie, luego el otro en el piso y después en la calle.
Entonces piensa en otras cosas, colocate la ropa de dormir y duerme. Todo ha sido un puente,
en el trabajo te harán preguntas, a otros tú les hablarás del viaje a Cancún con King Kong sin
Quinqué.
HASTA PRONTO





