Sesgos y algo más de la educación/Mario Prieto
La inteligencia artificial es una herramienta
prácticamente mágica, pues conoce de
todo y te resuelve casi todo. El problema es
que, como dice esa frase en las cajetillas de
cigarros: “Nada con exceso, todo con medida”,
y de manera general se ha caído en un abuso
por parte de todos.
Pero, enfocándonos en la educación
universitaria, antes los acordeones eran el
aliado favorito de muchos estudiantes; hoy,
en cambio, ya no quieren pensar ni batallar.
Todo lo quieren hacer por medio de la IA y ahí
está el compromiso y la responsabilidad de los
maestros para frenar este tipo de situaciones.
Los futuros profesionistas de la zona sur de
Tamaulipas han caído en una verdadera pereza
cognitiva; es decir, cada vez se vuelven más
flojos porque no quieren batallar ni siquiera
para abrir un cuaderno, mucho menos para
leer un libro de mil páginas.
Tareas, exámenes y exposiciones; los
universitarios, tanto de escuelas públicas como
privadas, todo lo quieren realizar con Gemini
o ChatGPT, y eso está muy mal. Una cosa es
utilizar estas herramientas como apoyo o
complemento, y otra muy distinta es dejar que
hagan todo su trabajo. El día de mañana no
podrán resolver su vida de esta manera.
En las universidades de la zona sur de
Tamaulipas se deben establecer candados y,
en algunos casos, tal vez regresar a métodos
más tradicionales, como revisar cuaderno
por cuaderno. De lo contrario, los alumnos
se confiarán en que la IA les resolverá todo y
dejarán de pensar y de ser analíticos en sus
respectivas áreas.
Los estudiantes deben entender que la IA
no es quien se inscribe cada semestre, no es
quien asiste al aula y que, finalmente, solo
es una herramienta facilitadora que puede
reforzar su aprendizaje.
Hay que mostrarles a los alumnos la
manera correcta de utilizar este nuevo recurso
para que sea un refuerzo del aprendizaje y no
una zona de confort para los universitarios.
Se debería impartir una materia destinada
a establecer la ética en el uso de la IA para que,
de esta manera, no resulte más costoso para la
sociedad y para el mundo enfrentar los excesos
derivados de su uso por parte de los futuros
profesionistas.
De manera paralela, cada institución debe
aplicar un reglamento para que ni maestros ni
estudiantes pongan a la IA a hacer su trabajo,
porque eso no se vale.
Es cierto que estamos viviendo una
revolución digital, pero es necesario hacerlo
sin caer en excesos con la IA, porque de lo
contrario en el futuro podrían presentarse
problemas en la calidad de los profesionistas.
La inteligencia artificial está para hacer
más rápido el trabajo y servir como una
herramienta de apoyo, pero no podemos
depender al cien por ciento de estas
tecnologías. Debemos aprender a utilizarlas sin
enviciarnos ni volvernos dependientes de ellas.
Todavía estamos a tiempo de evitar que
esto se convierta en un problema.





