Crónicas de la calle/Rigoberto Hernández Guevara
Cuando rueda un balón siempre hay alguien tras de él, va un niño corriendo para patearlo, va
un adulto en el llano antes que llegue un contrario caguama en mano, va el Cuauhtémoc
Blanco ya cansado tratando de alcanzarlo, va la hormiga González para picarlo, va Guilberto
Mora que está de moda, va usted o voy yo viéndolo a ver dónde se detiene, quien lo tiene, con
el morbo a qué horas se poncha y quien pierde. Porque usted y yo le vamos a un equipo pero a
veces por dentro deseamos que pierda, y no sucede.
Atrás del balón hay gente de pantalón que no se mueve pero da las órdenes. Hombres de
mucho dinero acostumbrados a mandar que deciden la suerte de quien y quien van a jugar.
El estadio se llena de público aficionado que esta vez llevaron a sus morras que hoy en día no
se pueden quedar. Traen una chela en la mano por si hay necesidad, por si hay un gol, por
copiar a los demás, por si una trifulca, o por si no más porque sí.
Antes del juego todo es expectativa. Todos quieren que fulano de tal que juega en Europa sea
titular pero no entra, otros desean que no metaa al “cero goles” pero es titular. Se rumora que
es el bueno del señor Aguirre. Antes de que rodara el balón, ya había una estrategia afuera de
la cancha: Plan Kukulkán en manos de la autoridad federal.
Los más rucos recordamos el “Fútbol México 70”: Así decía el slogan del mundial de 1970 en
México. En Ciudad Victoria los televisores eran Instalados en los grandes aparadores de la
muebleria Villarreal, y permitía a los transeúntes, convertidos de pronto en grandes aficionados,
ser entrenadores, jugadores de mentiritas, dueños del balón los 90 minutos más lo que
agregara el árbitro. Eran espectadores que se dejaban caer del ejido la Misión, Caballeros, el
Olivo y puntos intermedios, haciendo un viaje específico con todo y carreta para entregar
naranja o a caballo, de mosca en el ferrocarril. La banda local se trasladaba en bicicleta desde
la lejana colonia Nacozari, la Miguel Alemán aun no existía. Había tele en tres casas y don
Esteban que trabajaba en el banco mercantil Victoria, tenía una Philips a todo color. Fue el
mundial del Rey Pelé y el último que jugó haciendo campeón al Brasil que se llevó para su casa
por tercera ocasión la copa Jules Rimet.
Recordamos El México 86 “El mundo unido por un balón” con el Abuelo Cruz. El mejor gol de
los mundiales, reconocido por la FIFA, con que le hicieron una placa a Manuel Negrete . El gol
con la mano de Dios de gran Diego Armando Maradona con el cual Argentina fue campeón.
De la misma forma que ocurrió dieciséis años atrás en México 1970, el campeonato de México
1986 trascendió por la conjunción de eventos dentro y fuera de la cancha, para definir el fútbol
contemporáneo; nuevamente una destacada generación de futbolistas de notoria habilidad
técnica forzaron a los sistemas tácticos a abrirse en esquemas más verticales; jugadores como
Zico, Sócrates, Michel Platini, Gary Lineker y Emilio Butragueño resaltaron significativamente.
Sin embargo, en este torneo destacó de manera sustancial una de las mejores actuaciones
individuales en Copas del Mundo, el mediocampista argentino Diego Armando Maradona
alcanzó el tope de su habilidad en este certamen, nunca antes un solo jugador había sido tan
determinante para impulsar el esfuerzo colectivo que concluyó como campeón del mundo.
Pero estamos en el jueves 11 de junio del 2026, la tercera copa mundial que México celebra en
el estadio Azteca de la ciudad de México o estadio Banorte, como guste usted llamarle. El
árbitro ha pitado el inicio de las hostilidades del primer encuentro entre México y Sud África. La
afición apoya al equipo mexicano dentro y fuera de la cancha, y el mundo más que otras
ocasiones permanece atento a lo que ocurre en el país que está de moda. El resultado del
partido a estas alturas usted ya lo sabe.
HASTA PRONTO





