INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Si se aplica la lógica política de movimientos insurgentes, radicales y antisistémicos, puede
decirse que por una razón u otra y hasta por sinrazones, la Coordinadora Nacional de
Trabajadores de la Educación como fracción minoritaria del Sindicato Nacional de maestros
está acumulando una victoria estratégica más.
Y en el razonamiento de facciones que luchan desde dentro del sistema contra el poder del
Estado, la Coordinadora disidente juega simultáneamente en tres pistas: la de obtener
beneficios económicos adicionales al contrato colectivo de trabajo y muchos de ellos sin
contabilizarse fiscalmente, su fortalecimiento como poder fáctico que combate al Estado y a su
monopolio de la fuerza y la impunidad al violar todas las leyes y reglamentos sin que exista ni
un detenido ni tampoco ningún despedido.
De todas las luchas que ha dado la CNTE en las calles, sin duda que la más significativa fue la
de 2006: el plantón de mayo quiso ser levantado por la fuerza por el gobernador Ulises Ruiz
Ortiz, pero por errores tácticos se encontraron con impresionante capacidad de organización
para el choque entre los maestros y de manera sorpresiva la población apoyó a los disidentes
y no a la policía. Durante ocho meses se plantaron en el Zócalo de la capital del Estado y se
fijaron el objetivo de destituir al gobernador constitucional y construir una comuna –declarado
oficialmente– de gobierno popular entre los grupos populares de la APPO, los maestros
disidentes remasterizados y las facciones visibles de la guerrilla del EPR con dos
comandantes desaparecidos desde entonces.
La lucha política del CNTE se montó sobre las elecciones presidenciales de ese año, pero la
victoria electoral –haiga sido como haiga sido– de Calderón condujo a un operativo policiaco
que ahí sí reprimió a la coalición magisterial, recuperó la parte del territorio de soberanía del
Estado expropiada por el plantón y encarceló a los disidentes.
La gran victoria que emergió de esa derrota fue producto de la alianza opositora contra el PRI
que armaron el PAN y el PRD y le arrebataron la plaza al PRI. Desde entonces, la CNTE no ha
sido solamente un movimiento en las calles para obtener beneficios adicionales a las
revisiones anuales salariales de mayo, sino que se convirtieron en la oposición.
En las elecciones presidenciales del 2018 se prefiguró un bloque de poder popular entre la
CNTE, todos los grupos antisistémicos y Morena de López Obrador. Pero el punto central de
este dispositivo en modo de aparato político-popular de poder antisistémico fue el compromiso
cumplido por López Obrador de reformar la reforma educativa de Peña Nieto que se había
firmado en el Pacto por México 2012-2014 como parte de la segunda gran generación de
reformas para la profundización del proyecto neoliberal salinista de desarrollo y la propuesta
educativa antineoliberal de la CNTE se convirtió en el eje de la reorganización educativa
lopezobradorista.
Por estas razones –o sinrazones– el morenismo en la presidencia de la República sólo ha
aplicado estrategias de resistencia, contención y encapsulamiento de las movilizaciones –y
hay que reiterarlo– insurgentes y antisistémicas de los maestros disidentes y toda la coalición
de grupos también antisistémicos. Y a pesar de existir reglamentos legales aplicables, ni un
solo militante de la Coordinadora magisterial que opera como grupo subversivo –al margen y
contra las leyes que rigen para la mayoría de los mexicanos– ha sido ofendido con alguna
despistada averiguación previa.
Por eso el actual movimiento de la CNTE en el contexto del mundial de fútbol se está
convirtiendo –hasta ahora– en la mayor victoria política, militante y popular de los maestros
disidentes y aliados desde su fundación en diciembre de 1979. No se necesita un pensamiento
estratégico y de seguridad nacional para saber que la Coordinadora no quiere el poder para
ejercerlo directamente como comuna en modo del indigenismo de los años de la grandeza
originaria lopezobradorista, sino sólo busca convertirse en un poder fáctico para una agenda
de beneficios de un sector, aunque a costa de afectar a la población con daños en la movilidad
urbana y desde luego con recursos presupuestales que se distraen de obras prioritaria para
enriquecer al movimiento.
Una vez que termine el mundial de futbol, la CNTE y sus victorias presupuestales y de dinero
directo –en modo del López Obrador de los plantones en el Zócalo y en Reforma– regresarán a
sus territorios a seguir educando a la niñez mexicana con programas antineoliberales y
antisistémicos.
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Política para dummies: es la política es una caja llena de sorpresas y suelen ganar los
perdedores.
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