INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Una lectura política que no se quiere hacer del anuncio formal del secretario de economía,
Marcelo Ebrard Casaubon, sobre diez años más de T-MEC se queda estacionado en Cuba: la
dependencia geopolítica del Tratado en modo Carlos Salinas de Gortari y el Memorándum
Negroponte como marco de subordinación al comercio exterior de Estados Unidos en modo
de capitalismo reciclado Trump-MAGA acerrojaron el fin del castrismo.
A lo largo de las negociaciones del T-MEC de 2018 y de 2026 –las dos bajo la responsabilidad
de Andrés Manuel López Obrador–, México se acomodó a la globalización comercial que nació
a finales de 1989 con el desmoronamiento de la Unión Soviética: subordinación los intereses
productivos y de consumo y geopolíticos de Estados Unidos.
Y para que no hubiera duda del enfoque de seguridad nacional del acuerdo comercial como
rebaja arancelaria, el embajador de Estados Unidos en México en mayo de 1991 y gran
estratega de inteligencia de la geopolítica dominante de Henry Kissinger en el Nuevo Orden
Mundial americano, John Dimitri Negroponte, le envió al subsecretario de Estado Bernard
Aronson un memorándum especial para apresurar a la Casa Blanca a la aprobación del
acuerdo porque implicaría la subordinación, económica, vecinal y geopolítica de los intereses
de México a los de EU y terminaría –explicadito en el documento– con las demagogias
progresistas de la política exterior mexicana.
Aquí hemos repetido varias veces la referencia al Memorándum Negroponte que publicó la
revista Proceso en su edición 758. Ahí se vincula comercio con sometimiento de la política
exterior de México y debe leerse en clave de la crisis de Cuba de hoy:
“El prospecto del TCL debe ser visto en el contexto de esas tendencias reformistas que
comenzaron a la mitad de los ochenta (Gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado) y que fueron
aceleradas dramáticamente por Salinas cuando tomó el poder en 1988. La propuesta de un
TLC es de alguna manera la piedra que culmina y asegura estas políticas (neoliberales),
desde una perspectiva de política exterior, un TCL institucionalizaría la aceptación de una
orientación estadounidense en las relaciones exteriores de México.
“Solo piensa en cómo esto contrasta con comportamientos pasados. Previamente, como
ahora, 60% o 70% de los negocios mexicanos eran con Estados Unidos, pero si nos
escuchabas en un debate en la ONU o discutiendo frente a América hubieras pensado que
éramos archienemigos. El hecho de que la mayor parte de los tratos de México con el exterior
eran con Estados Unidos fue enmascarado cuidadosamente a través de varios mecanismos
de defensa. En cierta manera, la adopción de un TCL nos ayudaría a poner en forma
abierta y legítima lo que muchos sienten que debería ser la relación entre México y
Estados Unidos hace mucho tiempo.
“En el frente económico, un TCL podría ser visto como un instrumento para promover,
consolidar y garantizar la continuidad de las políticas de la reforma de México más allá
de la administración Salinas. Creo que es razonable suponer que las negociaciones del TCL
serán una palanca útil para seguir presionando en que la apertura de la economía mexicana
sea aún mayor. Por ejemplo, creo que podemos, razonablemente esperar que la ley de
inversión extranjera sea cambiada como resultado de las pláticas del TCL.
“También veo la liberalización del régimen de servicios financieros. De hecho, mirándolo
desde la perspectiva de Salinas, el proceso mismo del TCL probablemente le será muy útil
cuando busque enfrentar algunos de los vestigios de proteccionismo y distorsión económica
dentro de su propio sistema social”.
En estos cuatro párrafos se resume la continuidad Salinas-4T del marco geopolítico y de
dependencia del Tratado que el secretario Ebrard no pudo, no quiso o no lo dejaron modificar,
bastante porque fue uno de los funcionarios clave del régimen de Salinas de Gortari y la
modernización productiva derivada del Tratado, con la circunstancia de que a Ebrard le tocó ser
el subsecretario de Relaciones Exteriores que legalizó formalmente la aprobación del Tratado a
finales de 1993 para su puesta en marcha el 1 de enero de 1994, según consta en el Diario
Oficial de la Federación.
En este contexto y en la negociación secreta en México y en Washington que tuvo el secretario
de Ebrard se encuentra el marco referencial que le permitió a Estados Unidos usar el Tratado
como instrumento de coerción contra México para no enviarle petróleo y colaborar hoy con la
estrategia Trump-Rubio de liquidación del régimen comunista de los hermanos Castro.
Por la fuerza imperial de EU pero también por la falta de un modelo nacional y nacionalista de
opción industrial, el TCL de Ebrard fue uno de los últimos clavos al féretro del símbolo de Cuba
en la historia de los últimos 75 años.
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Política para dummies: La política es la memoria de las sociedades, no de los gobiernos.
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