Trópico de Cáncer/ Jesús Collado Martínez
Morena ha iniciado el proceso para la selección de quienes serán por ahora Coordinadores de
la Defensa de la Cuarta Transformación en los estados, distritos electorales, y municipios, y
llegado el momento se convertirán en candidatos a gobernadores, a diputados federales y
locales, o presidentes municipales, por eso es importante reflexionar sobre la forma en que esa
formidable organización popular incidirá nuevamente en la vida política de nuestro país.
En la historia política de México, los partidos que nacieron como movimientos transformadores
y terminaron convertidos en maquinarias burocráticas decadentes al servicio de sus propias
élites han perdido por completo el apoyo de la sociedad. El PRI es el ejemplo más claro, surgió
de la revolución mexicana y está muriendo como un aparato de control corporativo. El PRD,
heredero de la izquierda democrática de 1988, se institucionalizó hasta vaciarse de contenido,
traicionar a su propia base social y desaparecer del horizonte político. El PAN ha pasado por un
proceso semejante y en las recientes elecciones de Coahuila perdió su registro en ese estado.
Morena tiene hoy ante si la responsabilidad de decidir si se convierte en un partido
institucionalizado y monolítico o se mantiene como un frente popular unido por la convicción de
que un gobierno democrático nace y se sostiene por la voluntad soberana de los ciudadanos.
La presión para definir como habrá de ejercer su liderazgo social aumenta sensiblemente ante
la embestida abierta de la extrema derecha internacional, desde la derecha intervencionista
norteamericana que no oculta ni sus intenciones ni sus acciones, hasta los ultras españoles
que vienen a repetir en nuestro país los discursos que les han valido el repudio de sus
paisanos, todo lo cual alborota hasta la locura a la burriciega derecha local que se suma
eufóricamente a la campaña de desprestigio tratando inútilmente de robar las banderas al
frente popular por la vía de acusarlos de corrupción, ser socios de los narcos o de los
contrabandistas y ladrones de combustibles.
En las elecciones de 2018, 2021 y 2024 las victorias electorales de Morena fueron la suma de
expresiones cívicas de inconformidad genuinas. En 2018, una coalición inédita de ciudadanos
hartos de la corrupción, la violencia y el abandono llevó a Andrés Manuel López Obrador a la
presidencia con una inmensa mayoría de los votos. Ganó Morena como la opción de los
ciudadanos unidos en torno a la idea de construir un gobierno popular y un país mejor. En
2021, en circunstancias adversas, con una pandemia mundial y una intensa campaña en su
contra, Morena y sus aliados mantuvieron la mayoría en el Congreso porque la gente votó por
la continuidad de un proyecto. En 2024, Claudia Sheinbaum obtuvo una victoria contundente
que confirmó la vigencia del proyecto popular transformador.
Esos resultados son inseparables de la naturaleza amplia, heterogénea y movilizadora de
Morena. Cuando el movimiento incorporó a maestros, indígenas, mujeres y hombres de
colonias populares, jóvenes universitarios, trabajadores y campesinos ignorados por décadas,
profesionistas y pequeños empresarios hastiados de la inseguridad, la extorsión, y de la
corrupción Morena construyó una mayoría real, si se convierte ahora en un partido burocrático
con lógica de cuotas, candidaturas negociadas y disciplina de aparato, esa mayoría se
fragmentará.
Ante la oleada de la derechización inducida de América Latina, Morena debe mantenerse como
un frente amplio, democrático y popular, capaz de agrupar a todos los mexicanos que
compartan sus fines básicos, la lucha permanente contra la corrupción, el ejercicio del poder
para impulsar el desarrollo y la justicia social, enfrentar al crimen organizado con una estrategia
de que procure seguridad, justicia y atención a las causas de la violencia con la visión de
construir la paz y la convicción de que el gobierno debe colocar a los pobres en el centro de su
acción pública, no como beneficiarios pasivos de programas, sino como sujetos políticos con
derechos.
México necesita que Morena, el partido que representa la mayoría de los mexicanos, siga
siendo el movimiento vivo capaz de ejercer el poder para beneficio de todos y de enfrentar los
desafíos injerencistas de una potencia que pretende la hegemonía hemisférica por encima de la
legitimidad popular. Morena necesita seleccionar a los mejores candidatos para ganar las
elecciones de 2027 y mantener vigente la legitimidad del régimen democrático y popular de la
Cuarta Transformación.





