Finanzas Familiares/Angelica González
El próximo 21 de junio se celebra el Día del Padre y, como cada año, es una celebración que
reúne a familias para brindar reconocimiento a la importancia de la figura paterna en el núcleo
familiar. De acuerdo con la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y
Turismo (Concanaco), este día tendrá una derrama económica de 48,500 millones de pesos, lo
que se traduce en un beneficio para 3.6 millones de negocios familiares.
Sin embargo, más allá de los festejos, existe una realidad poco discutida —que afecta a poco
más de 22 millones de hombres que se identifican como padres (según datos del Inegi)—: ser
padre continúa siendo una responsabilidad socialmente reconocida pero escasamente
respaldada por las instituciones. La mejor evidencia se encuentra en la diferencia entre los
permisos de maternidad y paternidad.
Actualmente, una madre trabajadora tiene derecho a una licencia de 12 semanas, mientras que
un padre, dispone únicamente de cinco días laborales tras el nacimiento o adopción de un hijo.
La diferencia no es menor, representa que son 84 días frente a 5 días, esta disparidad refleja
una idea profundamente arraigada en nuestra organización social: el cuidado de los hijos sigue
considerándose principalmente una responsabilidad femenina.
Esta es la realidad de muchas familias mexicanas que dependen de dos ingresos para sostener
su nivel de vida, enfrentar la inflación, pagar vivienda, transporte, educación y servicios de
salud. En este contexto, la llegada de un hijo no solo representa un acontecimiento emocional,
también implica una reorganización financiera y laboral que involucra a ambos padres. Pero, la
legislación continúa enviando una señal distinta a lo que se demanda actualmente.
Mientras la licencia de maternidad es financiada mediante un esquema de seguridad social
tripartita —donde gobierno, empleados y trabajador realizan aportaciones—, el permiso de
paternidad es cubierto completamente por el empleador. Esta diferencia genera incentivos
diferenciados para las empresas y los trabajadores; y, en muchas ocasiones, algunos padres
deben recurrir a días de vacaciones o acuerdos informales para extender su tiempo de cuidado,
mientras que otros simplemente regresan a trabajar a los días del nacimiento de sus hijos.
El resultado de esta situación deriva en una distribución desigual de las responsabilidades
dentro del hogar que tiene implicaciones económicas que pocas veces se reconocen. Por
ejemplo, cuando el cuidado recae principalmente sobre las mujeres, aumenta la probabilidad de
interrupciones laborales, reducción de jornadas, renuncias temporales o menor crecimiento
profesional.
Diversas investigaciones han documentado que una parte importante de las brechas laborales
entre hombres y mujeres surgen precisamente después de la llegada de los hijos y, una de las
razones, podría ser la desigualdad en los permisos parentales que terminan convirtiendo en
una desigualdad de ingresos.
Desde la perspectiva de las finanzas familiares este contexto representa un problema de largo
plazo, ya que un hogar donde uno de los integrantes enfrenta mayores obstáculos para
desarrollarse profesionalmente, tendrá menores posibilidades de incrementar su patrimonio,
ahorrar o enfrentar contingencias. Es por ello que la discusión de los permisos de paternidad
trasciende el ámbito de los derechos laborales y se vuelve una estrategia para fortalecer la
estabilidad financiera de las familias.
El Instituto Mexicano para la Competitividad ha planteado distintos escenarios para avanzar en
esta dirección. Uno de ellos propone ampliar la licencia a 15 días, acercando a México a los
estándares que tienen diversos países de la OCDE. También, propone mantener el tiempo
actual, pero usando un esquema tripartito o explorar esquemas de licencias parentales
compartidas que permitan distribuir los cuidados de manera más flexible entre ambos
progenitores.
En México se sabe poco sobre cuántos padres utilizan efectivamente sus permisos ni qué tan
frecuente es su cumplimiento. Lo que sí es un hecho, es la importancia de mejorar las políticas
y condiciones laborales actuales para que los hombres tengan la oportunidad de tener mayor
participación durante la etapa fundamental para el desarrollo de sus hijos.
Es así que, quizás, el mejor homenaje que podríamos ofrecer a los padres mexicanos, es la
construcción de mejores condiciones que les permitan ejercer plenamente su papel dentro de la
familia sin que el mercado laboral los obligue a delegar.





