El Faro/Francisco de Asís
—Aquí hay de dos sopas: o te quedas por la buena o te mueres. De aquí la única forma de salir es con los pies por delante.
Así recibieron a Luis en un campamento clandestino, uno de esos lugares que hoy conocemos como narcorranchos.
Luis no buscaba integrarse al crimen organizado. Buscaba trabajo.
Había respondido a una oferta publicada en Facebook para ocupar un supuesto puesto de guardia de seguridad. Como miles de jóvenes mexicanos, trataba de encontrar una oportunidad para salir adelante. Lo que encontró fue una trampa.
La historia de Luis suele presentarse como un problema de inseguridad. Es algo más profundo.
Es un problema de educación.
La presidenta suele destacar que México tiene una de las tasas de desempleo más bajas del mundo. Oficialmente, la desocupación ronda el 2.5% de la Población Económicamente Activa. Sin embargo, más de la mitad de los trabajadores se encuentra en la informalidad y miles de empresas enfrentan una realidad distinta: no logran encontrar personal con las habilidades que necesitan.
La escasez de talento se ha convertido en un problema crónico. Cerca del 67% de las empresas reportan dificultades para cubrir vacantes por falta de personal capacitado.
La paradoja es evidente: tenemos jóvenes buscando empleo y empresas buscando trabajadores al mismo tiempo.
Algo no está funcionando.
La revista Science publicó una conclusión inquietante: reducir el reclutamiento es la única forma de disminuir la violencia en México. El estudio estima que los grupos criminales cuentan con entre 160 mil y 185 mil integrantes activos, convirtiéndose en uno de los mayores empleadores del país.
Las redes sociales son hoy una de sus principales herramientas de captación. Según Rafael Prieto-Curiel, alrededor de 20 mil jóvenes fueron reclutados durante 2025 por esta vía.
Pero el problema no comienza cuando un muchacho recibe una oferta en Facebook.
Comienza muchos años antes.
Comienza cuando una escuela no logra enseñarle a leer, comprender un texto, resolver problemas o desarrollar habilidades útiles para el mercado laboral.
Los resultados de la prueba PISA muestran que México continúa rezagado frente a la mayoría de los países de la OCDE. Mientras otras naciones preparan a sus estudiantes para competir en una economía dominada por la tecnología y la inteligencia artificial, nosotros seguimos discutiendo temas que deberían haberse resuelto hace décadas.
Por eso resulta inevitable hablar de educación cuando la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación mantiene nuevas movilizaciones nacionales.
No se trata de cuestionar su derecho a protestar, sino de reconocer una realidad difícil de ignorar: sus principales bastiones se encuentran en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, entidades que registran algunos de los mayores rezagos educativos del país.
La paradoja es enorme. Son estados extraordinariamente ricos en recursos naturales, agua, tierras fértiles, bosques y potencial turístico. Lo que les falta no son recursos. Lo que les falta es capital humano.
Y el capital humano se construye en las aulas y en empresas que permitan a los jóvenes poner en práctica lo aprendido.
Las consecuencias están a la vista.
México permanece entre los países con mayor proporción de jóvenes que ni estudian ni trabajan dentro de la OCDE. Al mismo tiempo, el estudio de Reinserta sobre niñas, niños y adolescentes reclutados por la delincuencia organizada documenta un incremento superior al 150% en el involucramiento y detención de menores por delitos federales.
No estamos hablando únicamente de jóvenes reclutados. Estamos hablando de jóvenes que ya participan activamente en estructuras criminales.
Hace apenas unos meses, el sicario que asesinó al exalcalde de Uruapan tenía 17 años.
Diecisiete años.
A esa edad debería estar terminando la preparatoria, aprendiendo un oficio o preparándose para ingresar a la universidad.
Luis representa al joven que buscaba una oportunidad y cayó en una trampa.
El sicario de 17 años representa lo que ocurre cuando esa trampa termina convirtiéndose en una forma de vida.
Entre ambos existe un hilo conductor que no discutimos lo suficiente ni a fondo: la educación.
Porque una buena educación no garantiza el éxito, pero amplía las oportunidades. Permite encontrar mejores empleos, adaptarse a los cambios tecnológicos, emprender un negocio o desarrollar habilidades que generen valor para otros.
Cuando la educación falla, las opciones se reducen.
Y cuando las opciones se reducen, otros ocupan el espacio.
Los cárteles lo saben.
Luis buscaba trabajo.
El crimen organizado respondió primero.
Y mientras no entendamos que la educación es la primera línea de defensa contra la pobreza, la violencia y la desesperanza, seguiremos viendo cómo los cárteles no sólo reclutan jóvenes.
Reclutan el futuro de México.





