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Capital Psicológico: el requisito olvidado del liderazgo del siglo XXI

  • julio 3, 2026
  • 6:51 am

El poder revela el carácter/ Mtro. Jorge Torres Garza

Hace apenas unos días, el esposo de una prima me envió un video con un mensaje muy
sencillo:
“Feliz último día del Mes de la Salud Mental Masculina.”
Debo confesar que no lo sabía.
Y después de comentarlo con algunas personas, descubrí que la mayoría tampoco.
La anécdota me pareció curiosa. Vivimos en una época donde existen días internacionales para
casi todo, pero seguimos hablando muy poco sobre uno de los temas que más condiciona
nuestro presente y nuestro futuro como sociedad: la salud mental.
Quizá esa pequeña anécdota explique más de nuestra cultura de lo que imaginamos.
Durante generaciones crecimos escuchando frases como: “los hombres no lloran”, “échale
ganas”, “eso se te va a pasar” o “la ropa sucia se lava en casa”. Aprendimos a admirar la
resistencia, pero no necesariamente la vulnerabilidad. Nos enseñaron a resolver problemas,
pero pocas veces a comprender nuestras emociones. A competir, pero no siempre a sanar.
Durante mucho tiempo confundimos fortaleza con silencio.
Hoy la ciencia nos dice algo muy distinto.
La neurociencia ha demostrado que el estrés crónico, los traumas no resueltos, la ansiedad
persistente y la falta de vínculos saludables no son solamente experiencias emocionales;
también modifican la química cerebral, alteran el sistema inmunológico y aumentan el riesgo de
padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, obesidad, trastornos del
sueño, adicciones y múltiples afecciones relacionadas con la inflamación crónica.
Muchas veces el cuerpo termina gritando aquello que la mente ha intentado callar durante
años.
Por eso la salud mental dejó de ser exclusivamente un asunto privado.
Se ha convertido en un desafío colectivo.
Y las cifras lo confirman.
De acuerdo con la encuestadora Ipsos, la salud mental es actualmente la principal
preocupación sanitaria a nivel mundial, por encima incluso del cáncer y la obesidad. La
Organización Mundial de la Salud estima que la ansiedad y la depresión generan pérdidas
cercanas a un billón de dólares anuales en productividad global. Al mismo tiempo, el suicidio se
ha convertido en una de las principales causas de muerte entre jóvenes mexicanos y la
evidencia científica sugiere que más del 80 por ciento de la población experimentará algún
trastorno psiquiátrico diagnosticable a lo largo de su vida.
Dicho de otra manera: todos conocemos a alguien que está luchando con su salud emocional.
Un hijo.

Una madre.
Un amigo.
Un compañero de trabajo.
O incluso nosotros mismos.
Sin embargo, mientras más reflexionaba sobre este tema, más me daba cuenta de que existe
una conversación que casi nunca tenemos.
Hablamos de salud mental en las escuelas, en los hogares, en los centros de trabajo.
Pero rara vez hablamos de salud mental en el liderazgo.
Y quizá deberíamos hacerlo más.
Porque dirigir una empresa, una universidad, una institución pública, una organización social o
un gobierno implica convivir diariamente con presión, incertidumbre, conflicto, responsabilidad y
toma de decisiones complejas.
La pregunta es inevitable:
¿Estamos formando líderes emocionalmente preparados para enfrentar esos desafíos?
En los últimos años, la psicología organizacional ha desarrollado un concepto particularmente
interesante: el Capital Psicológico.
Se refiere al conjunto de recursos internos que permiten a una persona enfrentar la adversidad,
perseverar frente a los obstáculos y mantener una actitud constructiva ante la incertidumbre.
Sus componentes principales son la esperanza, la resiliencia, el optimismo y la autoeficacia.
En términos simples, el Capital Psicológico es la capacidad de una persona para sostenerse
emocionalmente cuando las circunstancias se vuelven difíciles.
Y eso tiene implicaciones profundas para el liderazgo.
Porque administrar un presupuesto puede aprenderse.
Negociar una reforma también.
Incluso dirigir una organización es una habilidad que puede desarrollarse con experiencia.
Pero conservar la serenidad cuando arrecian las crisis, escuchar antes de reaccionar,
reconocer un error, construir acuerdos en medio del conflicto o ejercer autoridad sin perder la
empatía pertenece a una dimensión mucho más profunda: el carácter.
Vivimos en una época donde el liderazgo suele medirse por indicadores visibles.
Los resultados.
Los estudios.
Los cargos.

Las encuestas.
Los votos.
Los seguidores.
La capacidad de comunicación.
Todo eso importa.
Pero quizá estamos olvidando evaluar algo igualmente importante: la salud emocional de
quienes toman decisiones que afectan la vida de miles o incluso millones de personas.
Porque el liderazgo también es una competencia psicológica.
Tal vez por eso algunas de las sociedades más longevas y saludables del planeta, conocidas
como Blue Zones o Zonas Azules, comparten características que van mucho más allá de la
medicina tradicional. Las personas que viven más y mejor suelen tener propósito de vida,
relaciones humanas sólidas, sentido de comunidad, espiritualidad, movimiento cotidiano y
estrategias efectivas para reducir el estrés.
No se trata únicamente de vivir más años.
Se trata de vivir mejor.
Y quizá también de liderar mejor.
Esta reflexión adquiere una relevancia particular en un momento en que Tamaulipas ha dado
pasos importantes para fortalecer el enfoque institucional de la salud mental. La reciente
aprobación de la Ley de Atención Integral de la Salud Mental y Bienestar Psicosocial representa
un avance significativo porque reconoce que el bienestar emocional no es un asunto
secundario, sino una condición necesaria para el desarrollo humano.
Más allá de cualquier lectura política, vale la pena reconocer que la construcción de un nuevo
marco jurídico refleja un cambio generacional y un cambio de paradigma.
Durante décadas entendimos la salud como la ausencia de enfermedad.
Hoy comenzamos a comprenderla como la capacidad de las personas para desarrollar
plenamente su potencial, construir relaciones sanas y participar activamente en la vida
comunitaria.
En esa misma lógica, recientemente se firmó entre Líderes Juaristas AC y VibraTAM AC el
“Pacto por la Salud Mental y el Bienestar Integral”, una iniciativa orientada a fortalecer la
colaboración entre ciudadanía, academia, profesionistas e instituciones públicas.
La razón es sencilla.
Los grandes desafíos de nuestro tiempo no pueden resolverse desde una sola oficina ni desde
una sola organización.
Requieren colaboración, evidencia, comunidad.
Y requieren liderazgo.
Pero no cualquier liderazgo.

El liderazgo que demanda el siglo XXI no será definido únicamente por la capacidad de ejercer
autoridad.
Será definido por la capacidad de generar confianza.
Por la habilidad para construir acuerdos.
Por la inteligencia emocional para comprender realidades distintas.
Por la serenidad para tomar decisiones en momentos de incertidumbre.
Y por la capacidad de servir antes que servirse.
Quizá por eso deberíamos comenzar a hacer nuevas preguntas a quienes aspiran a ocupar
posiciones de poder.
Además de preguntar qué saben.
Además de preguntar qué proponen.
Además de preguntar qué experiencia tienen.
Tal vez deberíamos preguntar también:
¿Cómo manejan el estrés?
¿Cómo enfrentan el conflicto?
¿Cómo reaccionan ante la crítica?
¿Cómo construyen relaciones?
¿Cómo cuidan su propia salud mental?
Porque una sociedad ansiosa difícilmente construirá paz.
Una sociedad agotada difícilmente construirá comunidad.
Y una sociedad que normaliza el sufrimiento termina normalizando también la violencia y la
desesperanza.
La salud mental dejó de ser un tema privado para convertirse en una causa pública.
Y quizá el siguiente paso sea reconocer que también debe convertirse en un criterio para
comprender el liderazgo.
Porque las sociedades del futuro no serán guiadas únicamente por quienes acumulen más
poder.
Serán guiadas por quienes desarrollen una mayor capacidad para comprender a las personas,
gestionar sus emociones y actuar con responsabilidad en medio de la complejidad.
El verdadero liderazgo no consiste en mandar, sino en servir.
Y el servicio exige algo que ningún cargo puede otorgar:
Carácter.

Porque, al final, el poder nunca crea el carácter.
Simplemente lo revela. ⸻
Jorge Alejandro Torres Garza es internacionalista y politólogo, consultor en políticas públicas y
presidente de Vibra/TAM A.C., organización dedicada a promover la salud mental y el bienestar
integral mediante la participación comunitaria.

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