Arca de Noé/Pedro Alfonso García
Un cumpleaños con celebración dominguera resultó ser algo más que un festejo:
una declaración de intenciones con barbacoa de borrego, chicharrón y cervezas
Corona bien heladas. Dejamos al margen a quienes asistieron por la amistad con
el cumpleañero; los demás fueron por algo.
Unos días antes del 19, el dirigente del Partido Verde en Tamaulipas, Manuel
Muñoz Cano, cumplió con el ritual de distribuir las invitaciones por la vía digital.
Suponemos, como suele suceder en todo evento de este tipo, que en el primer
círculo de los convidados estuvieron su familia y sus amigos de toda la vida, y en
un grupo más amplio, quienes han convergido en el PVEM los últimos años,
sobre todo a partir de la alianza con el morenismo que permitió a la polémica
organización convertirse en un ingrediente necesario para constituir una mayoría,
sobre todo legislativa.
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Desde el 2018 hasta la fecha muchas cosas han cambiado, en Tamaulipas y en
México. El PVEM utiliza, juega y saca provecho de esa condición indispensable
de ser una minoría que ayuda a la mayoría a sobrevivir, y en el momento clave
que ahora se vive en el estado, ya es evidente que se ha convertido en una
plataforma que operará como válvula de escape para quienes saben de
antemano que en Morena difícilmente tendrán un futuro donde puedan hacer
realidad sus ambiciones. La fiesta del domingo fue el primer ensayo general.
Aunque lo más relevante del evento fue la deliberada ausencia de Eugenio
Hernández Flores, exgobernador priista y ahora el más picudo ecologista
tamaulipeco, el Verde, en esta fiesta y sin decirlo, formalizó que hay quienes ya
decidieron —o están por decidir— que si en Morena no les cumplen sus
exigencias, buscarán que los postule la organización. El impacto del festejo en la
Quinta Dolores va más allá del 2027: ya quedó claro que está definida la primera
candidatura para el 2028, y Maqui Ortiz lo sabe, y lo disfruta, mejor que nadie
Lo de Maqui no es nuevo, pero sí resulta interesante que en las mesas principales
de la quinta del aún priista Heriberto Ruiz, el acomodo de los invitados fue en
función de su peso político y de los planes que serán aterrizados una vez que
Morena elija sus candidatos a alcaldes y diputados. Nos llegó la invitación; no
pudimos ir, pero nos hubiera gustado estar. No tanto para darle el abrazo a
Manuel, sino por esa morbosa curiosidad de reportero.
Hacemos el intento de armar una buena crónica socialité y contar que en un lugar
privilegiado, estuvieron Lalo Gattas y Hugo Reséndez, su secretario. El alcalde ya
ha dicho que pretende ser diputado federal y su segundo de a bordo recorre todas
las pasarelas disponibles; desde sus redes transmite que entre todos los
aspirantes es el predilecto de los victorenses —no tanto como su jefe— y que
será candidato a alcalde. Se supone que la aspiración es bajo los colores
guindos, aunque el Verde le tiene entreabierta la puerta y él también “le hace
ojitos”.
Para Muñoz Cano fue una celebración feliz porque además de quienes andan en
plan de abordaje, estuvieron amigos suyos y figurines de la política local: el ex
alcalde, ex secretario general de gobierno, ex de todo, Jaime Rodríguez
Inurrigarro, que algo trae entre manos; Felipe Garza Narváez, ex dirigente priista
y morenista con larga trayectoria; el ex alcalde maderense Andrés Zorrilla, que
quiere regresar —pero no lo que se llevó—, y otros políticos de la campiña
tamaulipeca, como los que mandan en Llera y Padilla. Todos con algo que ganar
y ninguno ahí por casualidad.
Dicen quienes estuvieron que fueron cien mesas, con cupo para diez personas en
cada una, lo que habla de un evento de alcance mayor. No fue casualidad ni
exceso de generosidad: en Tamaulipas, nadie gasta en cien mesas por pura
amistad.
Total, que este fue el tipo de reunión que Carlos Denegri o Rosario Sansores
habrían convertido en columna obligada, aunque los tópicos son más propios de
una edición de Ventaneando con el estilo combinado de Paty Chapoy y Pedrito
Solá. Así es el tiempo y la circunstancia del PVEM, uno de los pilares del segundo
piso de la 4T.
Dejemos de lado temas chabacanos y mejor nos despedimos con la frase que
utilizaba el inolvidable periodista victorense Ramiro Vargas Corona en “Voces de
la ciudad”: chao chao. Y de paso, fuerte abrazo para Muñoz Cano: al próximo
cumple vamos porque vamos; al fin y al cabo ya habrá candidatos y no solo
aspirantes.





