José Luis Rodríguez Castro
Expreso La Razón
Semanas después de la muerte de Dafne, el inmueble de la Academia Militarizada Doenitz permanece asegurado. Mientras el proceso judicial avanza entre audiencias, vinculaciones y apelaciones, la fachada conserva veladoras, carteles, huellas de protesta y objetos que parecen congelados en el tiempo.
Sigue ahí.
El inmueble de la Academia Militarizada Doenitz, en la calle Francisco Sarabia número 1203, de la colonia Primero de Mayo, en Ciudad Madero, continúa asegurado. El sol del sur de Tamaulipas cae de lleno sobre la fachada, la reja y la cinta de aseguramiento, ya deslavada por semanas de intemperie.
Desde aquel día, el lugar permanece inmóvil. El proceso judicial ya avanzó: un juez vinculó a proceso al director Jorge Luis “P”, a la encargada Estrellita “M” y a Dana Yanina “N”. Las defensas promovieron recursos de apelación, pero el edificio, en cambio, no se mueve. Se quedó callado, con la puerta cerrada y el silencio convertido en parte de su fachada.
Nuevos carteles fueron colocados encima de los anteriores, ya desgastados por las lluvias y el sol. Hay letras negras, rojas, algunas escritas con plumón y otras impresas. Uno, con fondo verde, repite una frase que Ciudad Madero terminó aprendiendo de memoria: “Las niñas no se tocan, no se matan”.
Entre las veladoras aparece un detalle que obliga a detener la mirada: impresiones a color con los rostros de Jorge Luis “P” y Estrellita “M”, colocadas entre flores, mensajes y fotografías de Dafne. El altar ya no solo recuerda a la adolescente; también exhibe los rostros de quienes hoy enfrentan un proceso penal.
Sobre la cortina metálica del garage y las columnas permanecen huellas de manos pintadas con aerosol rojo. Manos abiertas sobre la pared blanca, como una protesta que decidió quedarse incluso cuando quienes la realizaron ya no están ahí.
Las veladoras siguen aumentando. Algunas se consumieron por completo y solo dejaron pequeños charcos de cera mezclados con polvo. Otras fueron reemplazadas por veladoras electrónicas, cuya luz continúa parpadeando día y noche. Entre los vasos de cristal destaca una imagen de San Judas Tadeo, todavía limpia, todavía sin el polvo que ya cubre el resto del memorial.
A unos metros de la entrada, una patrulla de la Guardia Estatal permanece bajo la sombra de un árbol. El elemento asignado a la vigilancia apenas rompe la quietud del lugar. Afuera, la calle mantiene su rutina: automóviles que pasan sin detenerse, comercios abiertos y música que escapa de algunos negocios vecinos, como si el resto del barrio siguiera su marcha frente a una casa donde el tiempo parece detenido.
El tanque azul sigue ahí también.
Es el mismo que apareció una y otra vez en fotografías y videos cuando el caso apenas comenzaba a difundirse. Continúa rodeado de basura y ahora luce cubierto de pintas hechas con aerosol. Hay rayones superpuestos, palabras que ya no pueden leerse y trazos que terminaron mezclándose unos con otros, como si el enojo también hubiera encontrado un lugar permanente sobre esa pared.
En la azotea la escena permanece intacta.
La ropa continúa tendida, descolorida por semanas de sol y lluvia. Playeras, pantalones y hasta ropa interior siguen colgados del mecate, esperando a alguien que nunca regresó para recogerlos. La vida cotidiana quedó suspendida en un instante.
Entre los barandales todavía se distinguen tambores e instrumentos de la banda de guerra de la academia. Permanecen donde quedaron la última vez que fueron utilizados, como si el siguiente ensayo aún estuviera programado y nadie hubiera avisado que ya no habría otro.
El edificio no necesita decir una sola palabra.
Hablan por él los carteles que cubren la fachada, las veladoras que se consumen y vuelven a encenderse, las manos rojas marcadas sobre las paredes, el tanque azul cubierto de pintas y la ropa que nadie ha bajado de la azotea.
En los juzgados de Altamira el expediente sigue su curso. Con los tres imputados ya vinculados a proceso, la investigación complementaria continúa mientras las defensas buscan revertir la resolución mediante recursos de apelación.
Aquí no.
Aquí seguirán la cinta amarilla descolorida, las flores, las veladoras, los mensajes, el tanque azul y la ropa tendida al sol.
La casa seguirá guardando el eco de Dafne.





