En Publico /Nora García Rodríguez
Tamaulipas ya convive con el gusano barrenador; el estado acumula al menos 150 casos al
corte de finales de junio, ocupa el quinto lugar nacional de afectación y el hallazgo más reciente
apareció en Nuevo Laredo, municipio del principal cruce comercial terrestre del país, mientras
la plaga avanza por sus zonas ganaderas; este martes el problema dio otro salto, Chihuahua
confirmó su primer caso en un becerro de ocho días de nacido en un ejido cercano a Parral, y
con ello se derrumbó la última ruta que el sector tenía para reabrir la exportación hacia Estados
Unidos, a unos días de la nueva ronda de revisión del T-MEC del 20 de julio en la Ciudad de
México.
El gusano barrenador es la larva de una mosca que deposita sus huevos en heridas abiertas,
en mucosas o en el ombligo de los animales recién nacidos; entre 12 y 24 horas después las
larvas emergen y comienzan a alimentarse del tejido vivo, agrandan la lesión, provocan
infecciones y pueden matar al animal si nadie interviene; México había erradicado esa plaga
desde 1991 tras una campaña sanitaria que fue referencia continental, no obstante el brote
regresó el 21 de noviembre de 2024 por Catazajá, Chiapas, y en apenas 19 meses recorrió el
país completo hasta tocar el sur de Chihuahua, a las puertas del desierto que se suponía
barrera natural.
El costo ya es medible; los cinco estados acreditados para exportar ganado en pie, Sonora,
Chihuahua, Durango, Coahuila y Tamaulipas, movilizaban en promedio 1 millón 200 mil
cabezas al año hacia Estados Unidos, y en el último año apenas cruzaron alrededor de 230 mil;
la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas calcula que el millón de becerros que
se quedó de este lado significó pérdidas superiores a 700 millones de dólares, unos 15 mil
millones de pesos acumulados desde el cierre, porque cada animal que no cruza son 700
dólares de utilidad que dejan de llegar a un rancho.
Para Tamaulipas el golpe es doble; el ganado de origen tamaulipeco exportado pasó de 70 mil
975 cabezas en el ciclo 2023-2024 a 24 mil 365 en el siguiente, una caída de 65.7% de
acuerdo con los informes semanales de Senasica, además por los puentes de Reynosa
cruzaban cerca de 180 mil cabezas anuales procedentes de Veracruz, San Luis Potosí y el
centro del país, de modo que la entidad pierde dos veces, como productora y como corredor del
comercio pecuario, en una actividad que genera 47 mil 896 toneladas de carne bovina al año y
sostiene a miles de familias rurales de Soto la Marina, Aldama, González, Jiménez o Ciudad
Victoria.
La apuesta oficial consistía en reabrir la frontera por regiones, empezando por los estados sin
casos, Sonora, Chihuahua y Durango, y dejando a Tamaulipas al final de la fila por tener la
plaga activa; el propio presidente de la Confederación, el tamaulipeco Homero García de la
Llata, reconoció desde enero que para el estado el proceso sería más lento; con el caso de
Parral esa arquitectura completa se vino abajo, ya no queda norte limpio que ofrecer en la
mesa binacional, y Washington había advertido que la reapertura dependería de los resultados
del programa de mosca estéril, no de la buena voluntad ni de los estatus parciales.
La frontera cerrada también duele del otro lado; las engordas de Texas recibían entre 1.2 y 1.3
millones de becerros mexicanos cada año y hoy enfrentan corrales incompletos, rastros con
problemas de abasto y carne más cara para el consumidor estadounidense; la sanidad animal
exhibe lo que la retórica arancelaria suele ocultar, que las dos economías están cosidas por
dentro, y que cuando una plaga corta el hilo, ambos lados sangran; ninguna cláusula de las que
se discutirán la próxima semana mueve tanto valor, y tan en silencio, como una regla sanitaria.
Conviene leer también el lenguaje con el que se administra la crisis; cada caso nuevo se
presenta como importado, como excepción que no compromete la limpieza del territorio, el de
Nuevo Laredo habría llegado volando desde Colombia, Nuevo León, el de Parral habría viajado
desde Durango, así la plaga siempre es de otro, mientras la palabra reapertura se repite desde
hace 20 meses como promesa que organiza la espera.
El problema dejó de ser únicamente biológico, el discurso terminó sustituyendo a la capacidad
institucional que el país desmanteló, porque la erradicación de 1991 no fue suerte, fue Estado,
décadas de presupuesto, laboratorios, brigadas de campo y liberación masiva de moscas
estériles, esa memoria se dejó caducar, y la planta binacional que producirá el insecto estéril,
con una inversión anunciada de 51 millones de dólares, apenas entra en operación cuando la
mosca ya alcanzó el sur de Chihuahua.
En los potreros tamaulipecos la discusión no es semántica; un becerro que antes valía precio
de exportación hoy se vende en el mercado nacional, con precios históricamente altos, es
cierto, pero frente a un comprador único y sin la certidumbre del dólar; alrededor de 200
personas recorren ranchos del estado inspeccionando heridas, aplicando tratamientos y
levantando reportes, y cada ombligo de becerro recién nacido se convirtió en un punto de
riesgo económico para una familia que no decidió ninguna de las políticas que la tienen
atrapada.
La ronda del T-MEC de este 20 de julio discutirá reglas de origen, aranceles sectoriales y
cadenas de suministro, sin embargo la lección de esta plaga es anterior a cualquier tratado; sin
sanidad no hay comercio, y la sanidad es una inversión pública de décadas que no se
improvisa con anuncios, porque los mercados perdonan un arancel, lo negocian y lo
compensan, pero no perdonan una mosca.
El pronóstico no es adivinación, está escrito en las reglas ya pactadas; Estados Unidos
condicionó el regreso del ganado a los resultados de la mosca estéril y a una trazabilidad
verificable, así que la reapertura será regional, escalonada y de calendario largo, con
Tamaulipas al final de la fila mientras tenga casos activos, y el ciclo que viene volverá a
venderse en el mercado interno.
Para el campo eso significa descapitalización del pequeño criador, presión para malbaratar pie
de cría y ventaja para las engordas grandes que sí capturan los precios altos, brecha que solo
corrigen el crédito puente, el extensionismo sanitario y la organización de productores en los
municipios ganaderos; si la planta de moscas estériles alcanza plena capacidad y el
presupuesto se vuelve multianual, la reapertura es alcanzable hacia 2027, si la sanidad se
sigue administrando por boletín, el cierre se hará crónico; la frontera la cerró un insecto de
milímetros, reabrirla costará años de Estado.





