Arca de Noé/Pedro Alfonso García
La elección interna del PAN transcurrió sin mayores sobresaltos y el parte final del
proceso podría resumirse en dos palabras: sin novedad. Por lo pronto todo indica
que Gloria Garza —Truko Verástegui— sustituirá al dócil e intrascendente
‘liderazgo’ de Luis René ‘Cachorro’ Cantú, insuperable en su condición de
marioneta.
Gloria, si quiere y si puede, tendrá que legitimar su elección con decisiones
contundentes: demostrar que es una figura con luz propia y no una imposición del
Truko, superar la sospecha generalizada de que todo fue un entramado teatral
armado por el ex gobernador Cabeza de Vaca, y coordinar un proceso electoral
en el que ya no dispondrán de los recursos presupuestales del estado ni de los
municipios.
La nueva dirigente hereda los saldos de un gobierno que dejó grandes heridas: el
abuso de poder, la corrupción y la sombra de los hermanos del ex gobernador,
cuya intromisión fue una constante que le cobraron en las urnas. Es el pasivo
político que Gloria Garza tendrá que enfrentar en cada espacio donde el PAN
aspire a recuperar terreno.
En 2027 se renuevan los 43 ayuntamientos y el Congreso del Estado, y al año
siguiente el escenario se complica aún más con la sucesión gubernamental. El
PAN competirá en ese ciclo sin el músculo financiero que le dio el control del
Ejecutivo estatal, sin la palanca de los presupuestos municipales que antes
irrigaban estructura, y con una militancia que en varios municipios del interior ya
emigró a Morena o se dispersó en el desencanto.
El gran desafío de Gloria Garza —que parece insuperable— será disponer de una
autonomía real que le permita ejercer su función como dirigente. El antecedente
no ayuda: ‘Cachorro’ fue hasta el final una extensión de los intereses de Cabeza
de Vaca, y esa subordinación fue lo que asfixió al partido en su momento más
crítico.
Si la nueva conducción repite el esquema, el resultado no será diferente. El Truko,
desde su posición de ex candidato a gobernador con tercas aspiraciones para
2028, tiene razones propias para mantener el control del aparato interno y se ve
difícil que Gloria Garza esté dispuesta a correr el riesgo de contradecirlo.
El inventario de daños tampoco estaría completo sin registrar lo que ocurrió antes
de que concluyera ese ciclo: en marzo de 2022, cinco alcaldes electos por el PAN
—los de Hidalgo, Villagrán, Mainero, San Nicolás y San Carlos— quemaron
públicamente camisetas y credenciales del partido y anunciaron su adhesión a
Morena.
La diputada plurinominal Mireya González siguió el mismo camino. Amenazada
de expulsión por votar con la bancada guinda, se declaró independiente y terminó
su carrera legislativa compitiendo con la coalición Morena-PT-PVEM en
Matamoros. A esa corriente de deserciones se sumaron también figuras de mayor
peso territorial.
En ese mismo proceso federal, exalcaldes y exfuncionarios de trayectoria panista
se sumaron a la fórmula del PVEM integrada por Geño Hernández y Maki Ortiz
para el Senado. Entre ellos la exdiputada local María Guadalupe Soto, de
Tampico, y Edgar Verlage, exalcalde de González, y muchos
otros, ahora morenistas.
Ese es el saldo del ciclo panista en Tamaulipas: perdieron el gobierno, perdieron
militantes y desertaron alcaldes, legisladores y operadores que se llevaron el
conocimiento del territorio, las redes de operación y, en varios casos, el voto
cautivo de años.
La correlación de fuerzas dimensiona la crisis: Morena y sus aliados controlan la
gubernatura, 21 de 22 distritos locales, la mayoría del Congreso del Estado y la
mayor parte de las alcaldías relevantes, mientras el PAN sobrevive con siete
diputados locales y un puñado de presidencias municipales en municipios
pequeños y medianos.
Sobre todo ese paisaje domina la figura del ex gobernador Francisco García
Cabeza de Vaca, avecindado en Estados Unidos desde que concluyó su
administración, con una orden de aprehensión pendiente. Niega las acusaciones
y desde el exilio sigue moviendo piezas en el aparato político que construyó en
Tamaulipas.
Mientras Cabeza de Vaca permanezca en ese limbo —acusado pero no
capturado, presente en la política interna pero ausente del territorio— Gloria
Garza tendrá que decidir qué hace con ese vínculo: si lo sostiene o lo rompe por
conveniencia electoral.
El PAN llegará al 2027 en su peor momento: sin recursos, sin estructura, sin el
respaldo de un gobierno propio y con el expediente judicial de Cabeza de Vaca
como lastre. Solo le queda esperar que el desgaste de Morena haga el trabajo
que ellos ya no pueden hacer por sí mismos.





