INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Como la referencia más seria de lo que se quería en 1990-1993 con la negociación de un
tratado comercial con Estados Unidos hasta a 4T, Carlos Salinas de Gortari definió cinco
objetivos: PIB mayor a 4% anual, disminución de la pobreza, modelo de desarrollo de primer
mundo, clase obrera robusta, planta industrial del primer mundo y educación-ciencia-tecnología
propia.
A pesar de la habilidad retórica del secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, la
tercera negociación del Tratado para mantenerlo vigente mínimo otros diez años pero desde
ahora en modo de EUEXIT, los escenarios no pueden ocultar la realidad del fracaso de los
presidentes Salinas de Gortari-Zedillo-Fox-Calderón-Peña Nieto-López Obrador-Sheinbaum
Pardo: México ha multiplicado por diez su comercio exterior, pero el PIB anual será de 1.8% o
menos en los próximos diez años, la fuerza laboral mayoritaria seguirá en la informalidad y se
profundiza la desindustrialización de la primera fase del Tratado.
A Ebrard le encargaron la negociación del Tratado para que lo mantuviera permanente, pero
apenas pudo lograr el compromiso de Trump de diez años como camino de salida y que en
2036 se regrese ya –si hay condiciones– a acuerdos bilaterales favorables al más fuerte. La
función del secretario de Economía no era sólo la de gestor de un acuerdo, sino que entre sus
funciones tenía la construir una propuesta de desarrollo industrial, agropecuario, de servicios y
tecnológicos para que México se convirtiera en socio de igual a igual de la economía de EU y
no nada más aspirar en el pariente pobre que recibe migajas económicas para una élite
exportadora.
La Secretaria de Economía, a pesar del programa sectorial, no pudo presentar el nuevo modelo
de desarrollo mexicano. A Ebrard le dieron una copia del Plan México, pero no le dejaron
participar más allá de llevarlo a la mesa de negociación. Y para colmo de males, la consultoría
de Mariana Mazzucato ya se apropió del Plan México.
En este complejo escenario de errores en la configuración de estructuras burocráticas para
negociar lo que debió ser el plan rector de la economía mexicana para el sexenio, Ebrard ha
hecho milagros para vender lo que no existe, tener resultados negativos que se ofrecen como
éxitos presidenciales, explotar relaciones personales a las que no ayuda su lenguaje corporal y
su estilo desdeñoso y objetivos que no existen en las expectativas reales de crecimiento
económico para este sexenio y los próximos diez años.
Apenas acababa de decir Ebrard que el 10% de nuevos aranceles anunciado el fin de semana
por el presidente Trump no iban a tener ninguna importancia para México porque aquí todo
estaba asegurado –y todo es… todo, que al final es nada tangible– y salió el lunes en la noche
a decir todo preocupado que venían otros aranceles estadounidenses cuando se suponía que
ya todo estaba pactado, negociado, amarrado, apalabrado, despachado…
El fondo de la negociación del Tratado estuvo en perfilar una negociación original que
convirtiera el proyecto de desarrollo neoliberal en un motor del crecimiento económico con
bienestar social para dejar atrás los debates sobre el conservadurismo del neoliberalismo. Pero
en los 32 años de vigencia del Tratado, la política económica de los gobiernos se ha ajustado a
los compromisos inflexibles firmados por todos –incluyendo los dos presidentes de la 4T– con
el FMI para cumplir puntualmente con el enfoque de estabilización macroeconómica que exige
el organismo internacional como obligatorio; a finales de 2025, el Gobierno de la presidenta
Sheinbaum firmó la última versión de la Carta de Intención de Política Económica que
subordina las decisiones mexicanas a los criterios de condicionalidad inflexibles ese
organismo.
Puede que muy forzado por las circunstancias y sin mucho convencimiento, el secretario
Ebrard acepte internamente que la negociación del Tratado fue un fracaso por culpa –y ahí sí
nadie puede objetar el enfoque– de la manipulación de los aranceles por el presidente Trump
en función de sus criterios geopolíticos, económicos, de MAGA y hasta caprichos. Pero el
secretario de Economía no asumió su función de dirección del modelo de desarrollo para
haber preparado desde hace un año una propuesta de reorganización de todas las áreas
productivas del país en función del Tratado de Trump.
Y en ésas nos encontramos: todo va bien en el Tratado porque todo va mal, y queda la
expectativa de que pudo haber sido mucho peor, y entonces compartir el optimismo
gubernamental de que las cosas van a mejorar porque no pueden empeorar.
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Política para dummies: la política es el arte del malabarismo de circo de pueblo.
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