INTERIORES/Carlos López Arriaga
Cd. Victoria, Tam. En la cultura de los negocios, en organismos públicos y privados, ya impera,
como norma aceptada, que quien preside reuniones de trabajo disponga apagar los celulares,
si el carácter de la reunión lo hace necesario.
Para algunos asuntos de Estado, el gobierno americano tiene una charola a la entrada donde
los convocados depositan sus aparatos apagados, mismos que podrán recuperar al salir.
En términos suaves, esto representa una elemental medida de etiqueta. Por respeto a la propia
agenda, nada debe distraer a quienes participan en una reunión. Aunque para la Casa Blanca
es también de estricta seguridad.
Y bueno, las distracciones más odiosas, mire usted, no serían las eventuales llamadas;
molestia fácil de solventar desactivando el volumen. Más graves son las evasiones del propio
usuario, cuya atención se ausenta cuando se zambulle en las redes sociales. El cuerpo sigue
presente, pero el pensamiento se dio a la fuga.
Y si la tentación es tan poderosa entre personas (teóricamente) adultas, la disipación es más
grave en etapas escolares. Tema de preocupación entre profesores y funcionarios educativos.
Los equipos móviles distraen, capturan la atención, dispersan el pensamiento, restan calidad al
tiempo de clase, especialmente en los niveles básicos. Realidad que se conoce, se discute y
comparte, sin contar hasta ahora con una política integral.
REGULACIÓN EN MARCHA
La presidenta SHEINBAUM anunció la realización de una consulta nacional a más de un millón
de docentes para estudiar la regulación del uso de celulares en la educación básica,
sumándose a las 18 entidades que ya aplican restricciones.
Tal consulta se llevará a cabo de manera simultánea los días 24 y 25 de agosto, buscando
homologar reglas en todo el país ante el uso incorrecto de dispositivos que actúan como
distractores en clase.
En Tamaulipas, el secretario de Educación, MIGUEL ÁNGEL VALDEZ, atenderá la consulta a
más de 50 mil docentes sobre los criterios que sería necesario establecer en el uso de estos
aparatos y de herramientas asociadas, como las redes sociales y las plataformas de
inteligencia artificial.
Como punto de partida, flota en el ambiente la propuesta elemental de prohibir la telefonía
móvil en las aulas. O bien de instrumentar manuales que racionalicen su uso.
Decirlo es fácil; aterrizarlo tiene sus bemoles. Igual se habla de consultar con madres y padres
de familia, amén de participar en un foro regional que tendría lugar en Monterrey
EXPERIENCIA GLOBAL
La tendencia mundial llega más allá de apagar celulares. Se avanza ahora al diseño de
mecanismos para que los aparatos dejen de estar disponibles durante la jornada.
Dato de la UNESCO: en 2026, 114 sistemas educativos (el 58% de los países) ya cuentan con
algún tipo de control, desde reglas de uso hasta la prohibición explícita.
Para franceses y australianos, el dispositivo es un distractor aun apagado; por eso está
prohibido portarlo, traerlo a la vista, incluso fuera de las aulas, en patios o espacios deportivos.
Algunas escuelas chilenas han instalado bloqueadores de señal, similares a los que en México
funcionan (¿funcionan?) en los penales.
En la República Popular China impera la prohibición y se han instrumentado en paralelo
sistemas de resguardo en manos del personal escolar (depósitos colectivos) o en casilleros que
los jóvenes utilizan.
No hay política única (salvo la prohibición de usarlos en los planteles) y se permite que cada
escuela establezca el método, la forma y el responsable de la custodia, así como las
instalaciones adecuadas o los sistemas de almacenamiento.
Más interesante es que el gobierno chino dispuso la instalación de teléfonos públicos dentro de
las escuelas, en cantidad suficiente para que los padres de familia puedan comunicarse
eficazmente con sus hijos en caso de emergencia, sin requerir del aparato portátil.
MÉTODOS Y RESULTADOS
Tal variedad de estrategias responde de diferentes maneras a la pregunta básica sobre el
destino del aparato mientras el alumno está en clase. Apagar y guardar es la regla más obvia,
denominada también “bell to bell”, al permanecer inactivo “de timbre a timbre”..
La cual figura entre las más fáciles de violar, cuando, de manera furtiva, el estudiante enciende
la pantalla para fines recreativos o bien para consultar probables respuestas a un examen.
En la Unión Americana, los usuarios entregan sus equipos al personal escolar al momento de la
entrada. Lo cual supone tareas de recolección, resguardo y devolución cada día.
Otra variante es que cada quien deposite su aparato en algún locker. Disposición de espacios
propia de las escuelas estadounidenses que en México se observa en algunas escuelas
privadas y es rara en las públicas.
Más interesante resulta la obligatoriedad de portar una funda con cerradura magnética. El
usuario conserva el móvil, pero no puede operarlo. El celular jamás pasa a otras manos ni se
guarda en casillero alguno. La cubierta solo se abre al salir, cuando acerque su equipo al
dispositivo que desactiva el seguro.
Diversos caminos, variedad de respuestas, aunque con un efecto común, lo mismo en China
que en Europa y Estados Unidos. La regulación mejora de manera sustantiva el rendimiento
escolar y esto debe ser un claro aliciente para las autoridades mexicanas.
Columnas anteriores:
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