José Luis Rodríguez Castro
Expreso La Razón
El acceso al área de urgencias está cerrado. Las
bancas a un costado permanecen vacías,
solitarias como no se observaban desde hace
décadas. En las inmediaciones de la puerta
principal hay un silencio incómodo en el lugar,
tras apagarse las voces de decenas de personas
que solían esperar afuera del Hospital Civil de
Madero “Dr. Heriberto Espinoza”. Los cajones de
estacionamiento están libres y los empleados de
los negocios cercanos observan, desde los
mostradores, cómo pasa el tiempo.
El cierre del nosocomio, tras 93 años de servicio,
no solo termina una historia médica; también deja
un vacío económico en el sector comercial que
creció alrededor del antiguo edificio.
Un recorrido propio por la zona permitió
contabilizar más de 160 negocios en las
inmediaciones del hospital. De acuerdo con las
estimaciones durante los últimos días el ingreso
promedio registra una caída de entre 45 a un 50
por ciento y se espera que vaya en picada en las
siguientes semanas.
La estimación central del impacto económico
asciende a 57.6 millones de pesos al año y al
menos 1.1 millones de pesos en la última
semana, de acuerdo con las estimaciones de
venta promedio de dos mil pesos diarios por
establecimiento.
MÁS DE 160 NEGOCIOS EN LA ZONA DE
INFLUENCIA
Alrededor del hospital existe una red comercial
integrada por más de 160 establecimientos, que
representa aproximadamente 320 empleos
directos, y mil 440 indirectos. Es decir poco más
de mil 500 familias que dependen de la economía
que se generaba alrededor del centro médico,
ahora fuera de uso.
Farmacias, restaurantes, loncherías, fondas,
papelerías y comercios de artículos para
recuperación de pacientes, toetillerias, taquerías,
carnitas, y decenas de micro negocios informales,
forman parte de esta economía.
Durante décadas, estos establecimientos
encontraron en el hospital un flujo constante de
consumidores: no solamente pacientes, sino
también familiares que acudían a acompañarlos,
trabajadores del sector salud, visitantes,
proveedores y personas que acudían a realizar
algún trámite o servicio.
El movimiento alcanzaba además al transporte
público, particularmente rutas como Madero-
Barra y Circuito Norte y Tampico Playa.
“LA MITAD DE LO QUE VENDÍAMOS ANTES”
Óscar Hernández García lleva 16 años como
comerciante en este sector. Después del cierre,
calcula que sus ventas se redujeron
aproximadamente a la mitad.
“Pues la mitad de lo que vendíamos antes”,
respondió .
Antes podía atender alrededor de las de 50
consumidores durante una jornada matutina .
Ahora calcula que recibe cerca de 20 y a lo largo
del día.
“Está muy tranquilo porque pues se acabó ya el
negocio de aquí”.
Hernández García contempla trasladarse hacia el
nuevo hospital, aunque enfrenta un problema:
todavía no cuenta con autorización para
comenzar una nueva actividad comercial en ese
punto.
El traslado también representa una inversión:
para los comerciantes significa pagar
nuevamente instalaciones, permisos, traslado de
mercancía y equipo, además de comenzar desde
cero con una nueva clientela.
EL CAFÉ YA NO SE VENDE
Ángel Cruz Gallardo conoce desde hace años el
movimiento generado por el Hospital Civil. El
puesto de barbacoa donde trabaja tiene más de
20 años de presencia en la zona.
Explicó que anteriormente comenzaban a vender
desde las cinco de la mañana. La presencia de
familiares, trabajadores del turno nocturno
saliendo y personal del turno matutino entrando
generaba clientes desde las primeras horas.
“Casi todo el tiempo estaba lleno”, relató.
Ahora el escenario cambió. La disminución de
clientes fue suficiente para que dejaran de
preparar una de las herramientas básicas del
negocio: la olla de café.
“Ya ni tan siquiera la olla del café traemos porque
ya no es necesario”, explicó.
Para Cruz Gallardo, la situación no tiene una
fórmula sencilla. Cambiarse significa invertir
dinero y arriesgarse a perder a los clientes que
durante años identificaron su negocio con ese
lugar.
“Va a ser otra vez volver a empezar desde cero”,
resumió.
680 TRABAJADORES QUE TAMBIÉN
SOSTENÍAN EL CONSUMO
A los pacientes, familiares y visitantes se sumaba
una plantilla laboral de 680 trabajadores del
Hospital Civil, distribuidos en tres turnos. Ese
personal representaba un flujo de consumo diario
y constante —transporte público y alimentos,
principalmente— independiente del número de
pacientes atendidos cada jornada.
Con un gasto mínimo estimado de 100 pesos
diarios por trabajador, la derrama asociada solo a
la plantilla hospitalaria rondaría los 2.04 millones
de pesos mensuales, equivalentes a 24.48
millones de pesos al año. Se trata de una cifra
complementaria a la estimación general del
corredor comercial.
Pablo César Camacho, propietario de una tienda
de abarrotes desde hace más de 30 años en la
zona, calcula el tamaño de la actividad comercial
en cifras mayores a las registradas en el recorrido
de este medio.
“Son más de 160 negocios. Cada uno, mínimo,
genera dos empleos, así que es mucha la
actividad diariamente”, afirma Camacho.
EFECTO NEGATIVO SE MULTIPLICA
El impacto económico tampoco termina en los
negocios instalados en las inmediaciones. Cada
establecimiento mantiene una cadena de
proveedores. La reducción de ventas significa
comprar menos alimentos, bebidas, productos de
limpieza, medicamentos, artículos desechables y
mercancías destinadas a la atención de los
consumidores.
También existe una repercusión sobre
repartidores y transporte público.
Los 57.6 millones de pesos anuales del escenario
central representan únicamente una aproximación
al movimiento comercial directamente relacionado
con los establecimientos identificados.
La derrama indirecta podría ser hasta dos veces
esa cifra..
UNA ECONOMÍA CON 93 AÑOS DE HISTORIA
El Hospital Civil fue abierto en 1933. Durante 93
años formó parte de la vida cotidiana de Ciudad
Madero y atendió generaciones de habitantes de
la región.
El nuevo Hospital General IMSS-Bienestar fue
inaugurado el 16 de agosto y sustituye al antiguo
centro médico. La nueva unidad cuenta con 179
camas, 20 consultorios, cinco quirófanos y 20
especialidades, además de equipamiento de alta
tecnología.
Para las autoridades de salud, el nuevo Hospital
General amplía la cobertura médica en la región.
Para los comerciantes del antiguo corredor, el
cierre significó, en palabras de Óscar Hernández
García,“volver a empezar desde cero” sin certeza
de cuándo o si podrán reinstalarse cerca del
nuevo nosocomio.
16 MANZANAS ALREDEDOR DEL HOSPITAL
La actividad comercial se extiende por
aproximadamente 16 manzanas completas o
secciones de manzanas alrededor del antiguo
hospital. La zona está integrada por calles como
Rhin, Quintero, Pénjamo, Ocotlán, Nuevo León,
Durango, Servando Canales y Baja California.
En esa cuadrícula urbana se desarrolló durante
décadas una economía asociada directamente al
flujo hospitalario. Ahora los comerciantes
enfrentan una decisión: permanecer en una zona
que perdió a su principal generador de
consumidores o intentar trasladarse hacia el
nuevo hospital.





