INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Haría muy bien que el grupo de estrategas de Palacio Nacional se
saliera del espacio mediático del debate con los medios porque se trata
de un ring intrínsecamente antisistémico. En mayor o menor medida, la
información –y lo definió como principio el columnista Manuel Buendía–
es un instrumento constitutivo del poder político.
En términos sencillos se puede establecer el principio de que las
batallas del poder político con/contra los medios de comunicación
privados están perdidas de antemano por una razón muy sencilla: el
Estado es el brazo coercitivo del poder y aún las dictaduras cerradas
nunca han podido aplastar la libertad de información, y menos en el
pomposamente llamado ecosistema político donde la autoridad aplica la
represión o paga las consecuencias de sus titubeos.
El modelo de comunicación política de la 4T fue definido por el
disidente-opositor López Obrador desde el principio de su lucha por
ocupar los espacios institucionales del poder. La estructura de la
mañanera fue una decisión para centralizar la información como parte
del poder político, pero dependió de la capacidad personal del líder
para sostener exclusiones.
Ese modelo no fue inventado por López Obrador, sino que fue definido
en los términos constitucionales del Estado autoritario que fundó nada
menos que Benito Juárez, pero con el contrapunto muy democrático de
Francisco Zarco. El régimen priista fue tolerante con la crítica, aunque
bajo el criterio amañado de que el Estado — es decir: el gobierno; que a
su vez es otro decir: el grupo gobernante en turno– encarna los
intereses nacionales.
Los medios de comunicación escritos –en sus primeros escarceos en el
debate político durante los años de la reforma juarista– fueron
subordinados a la estructura piramidal del sistema político/régimen de
gobierno/Estado de bienestar/Constitución paradigmática como aparato
del poder político.
El instrumento de control del Estado mexicano de 1857 a la fecha ha
sido la configuración de un sistema de poder basado en tres
autoritarismos: el presidente de la República con funciones
absolutistas, el partido en el poder desde el liberal decimonónico hasta
el cuatroteísta en curso y la legitimación del Estado en función de
garantizar el bienestar de la sociedad no propietaria.
Los tres instrumentos el control de la crítica en México han sido la
cooptación, la coerción y la complicidad. Por eso la estructura sistémica
del Estado mexicano sigue vigente en sus comportamientos
conscientes e inconscientes como la autoridad superior y subordina a
sus necesidades a todas las prácticas sociales que se mueven en los
espacios de las relaciones sociales y políticas de poder.
Como todo poder constituido, el Estado mexicano funciona en el criterio
constitucional de que encarna a la nación y a la República y a la
Historia, por lo que se mueve en el principio muy papal de la
infalibilidad. En los instantes en que el Estado se salió del esquema
democrático se vio obligado a reprimir hacia su interior, y sus
justificaciones han sido, todas, en nombre de los intereses de la nación,
aunque como se ha visto sólo haya salido en defensa de la élite
gobernante en turno.
En el debate abierto por la lista negra de críticos que mostró aún de
manera inconsciente e ingenua la consejera jurídica de la Presidencia,
Luis María Alcalde Luján, tres derivaciones quedaron en el debate y
sobre ellas habrá que reencauzar de manera profesional la discusión
sobre el papel del ejercicio de la crítica también como factor constitutivo
del poder:
1.- El Estado no es el Gobierno y ninguno de los dos –ni Estado ni
Gobierno– tiene derecho de réplica porque sus funciones se nutren
bruscamente de las adhesiones y de la crítica.
2.- No hay democracia sin crítica y todo autoritarismo pasa –aunque no
sea su objetivo central– por el procesamiento de la crítica como una
parte del ejercicio social que significa la información que denuncia.
3.- Una democracia en Estados fuertes, centralistas y autoritarios no
puede tener el control de la publicidad, porque ese modelo –que ha
sido clásico en los regímenes del PRI y ahora de Morena, y el PAN
porque no supo cómo o no le dio tiempo– fue inventado nada menos
que por Benito Juárez y Porfirio Díaz: financiar con recursos públicos
presupuestales la circulación de medios impresos con el control de la
publicidad, e inclusive, como ocurrió con Echeverría y Excelsior en
1972, con la complicidad privada en el boicot contra el periodismo
crítico de Julio Scherer García.
Todos estos elementos emergieron el modo caótico con el
descubrimiento de la consejera jurídica Alcalde Luján de que el
enemigo público número 1 de la 4T era “la red de amplificación digital”
que no es otra cosa que la estructura de pesos y contrapesos en un
régimen político absolutista ya sea blando o duro.
En términos es una verdadera comunicación política esa red de
amplificación digital no es otra cosa que la democracia, y con ella hay
que lidiar y no castigar.
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Política para dummies: la política es democracia o no es.
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