En visto | Dora de la Cruz
El tratamiento de los casos de feminicidio y violencia de género en los medios de
comunicación, plataformas digitales y los llamados influencers ha convertido estas noticias en
entretenimiento y ha hecho famosos a los agresores, cuando la atención debería centrarse en
una voz colectiva que exija justicia.
La violencia de género puede documentarse en los medios de comunicación sin reproducirla,
mediante herramientas de cobertura periodística con perspectiva de género. Esto permite evitar
la justificación de las agresiones contra las mujeres, el desvío del foco informativo del
feminicidio y la atención en aspectos familiares o secundarios que poco contribuyen a
sensibilizar a la sociedad.
Estas narrativas con perspectiva de género, visibilizan que la violencia contra las mujeres no es
un hecho aislado, sino una problemática social que afecta a todo un colectivo.
Los contenidos periodísticos deben mostrar a la sociedad qué falló, qué están haciendo las
autoridades y cuáles son los derechos de las víctimas y sus familias, sin exponer su intimidad ni
convertir al agresor en protagonista. Esto permite centrar la cobertura en la violencia, las
responsabilidades y el acceso a la justicia, como ocurrió en el caso de la menor víctima de
abuso en Matamoros, cuya cobertura de los medios, se centró en entrevistas con el agresor, se
violaron datos personales de la víctima y se expuso a la opinión pública.
La llamada Ley Ingrid, derivada de la reforma al artículo 225 del Código Penal Federal,
sanciona la difusión de imágenes, videos, audios o información relacionada con víctimas e
investigaciones penales, particularmente en casos de feminicidio. Sin embargo, en este caso,
parte de esa información fue expuesta en medios de comunicación.
Tamaulipas enfrenta una serie de casos de violencia contra las mujeres y niñas. Durante el
último mes se han registrado cuatro feminicidios: dos en Tampico una adolescente y una mujer
adulta y dos hermanas gemelas, en Matamoros, además del abuso sexual de una menor en
esta ciudad de la frontera.
En todos los casos, el manejo de los contenido se centró en aspectos que cuestionan a
las víctimas y a sus familias, en lugar de poner el foco en la violencia que enfrentan las
mujeres.
La función de los medios de comunicación no es retratar el morbo de un feminicidio o un caso
de abuso, ni convertirlos en un espectáculo para obtener mayor audiencia. Hacerlo transmite a
la sociedad un mensaje que puede normalizar la violencia contra mujeres y niñas y reforzar la
falsa idea de que un género es inferior al otro.
Por ello, es fundamental la formación en periodismo con perspectiva de género, porque permite
cambiar la narrativa, cuestionar las fallas que favorecen la violencia y mostrar que estos delitos
tienen raíces en una cultura machista.
A 30 años de la Plataforma de Acción de Beijing, en la que por primera vez en una conferencia
mundial, se analizó el papel de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías digitales
frente a los derechos de las mujeres, poco se avanza. El llamado capítulo “ J “ llama a
fomentar una imagen equilibrada, digna y libre de estereotipos, pero también de evitar la
reproducción y normalización de la violencia contra mujeres y niñas.
Sin embargo, tres décadas después, el periodismo aún enfrenta el reto de cambiar sus
narrativas: la violencia continúa reproduciéndose desde los medios.
Se reformaron leyes, se aumentaron penas para los agresores, pero se continúa reproduciendo
la violencia contra las mujeres en los medios de comunicación, porque hoy la estrategia de
comunicación es por las audiencias masivas que por una sociedad informada, aunque pisotees
derechos de víctimas y sus familias. Esto debe cambiar, porque estaremos frente a una crisis
de responsabilidad periodística.
El desafío del periodismo no es conseguir más audiencia, sino informar sin reproducir la
violencia, cuestionar sus causas y poner en el centro los derechos de las víctimas, aunque los
estrategas de la comunicación digan otra cosa.





