Sesgos y más/Mario Prieto
Otra cara de las miles que tienen las redes sociales es que los jóvenes han llegado a un alto grado de toxicidad, que su amor ahora depende de las palomitas azules, de contestar o, de plano, el dejar en visto un mensaje de WhatsApp puede llegar a significar el fin de una relación entre jóvenes.
Los celos y los jóvenes, tanto las tóxicas como los tóxicos, se han vuelto codependientes en su relación de la pantalla de su celular y de las RDS, hoy en día, incluyendo el Facebook, el Instagram y el TikTok; de eso depende una relación.
Los malditos celos han emigrado a las redes sociales. Antes era: todo lo que digas podrá ser usado en tu contra, pero ahora la narrativa cambió: todo lo que publiques será restregado en tu contra.
Los reclamos de una relación dependen de un estado publicado, del por qué quitaste la última vez del WP, de un “me tienes bloqueado de tus estados”, y hay pleitos que detonan porque desactivaron las palomitas azules que anuncian si el mensaje ha sido visto o ignorado.
Las redes sociales han creado nuevas posibilidades para vigilar a la pareja: revisar si está en línea, observar a quién sigue, comprobar quién comenta sus fotografías o exigir explicaciones por un mensaje.
Mire, la doctora Luz María Velázquez Reyes, investigadora del Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México (ISCEEM), estudió este fenómeno en “Conectados pero separados. Ciberviolencia en las relaciones sentimentales estudiantiles”.
La investigación incluyó a 6,952 estudiantes del Estado de México y encontró que 40.7 % estuvo involucrado en alguna situación de ciberviolencia dentro de sus relaciones sentimentales.
Además, cuatro de cada diez participantes señalaron haber recibido amenazas provenientes de una pareja, expareja u otras personas relacionadas con la relación.
El estudio advierte que la hiperconexión facilita conductas relacionadas con celos, control, hostigamiento y rupturas en línea, lo cual es demasiado grave y un foco rojo para las autoridades.
Y, aunque no lo crea, el hecho de que hay parejas obsesionadas que mueren, tanto jóvenes como adultos, por revisar los mensajes y el celular de su pareja también se ha compartido como un material de estudio de la ciencia.
Una investigación realizada con estudiantes de una universidad pública autónoma de la Ciudad de México encontró que 20.9 % presentó experiencias relacionadas con control, monitoreo intrusivo y vigilancia cibernética de la pareja. También se registró 16 % de agresión sexual digital, 11 % de agresión verbal y 5 % de difusión de insultos y rumores.
Entre las conductas estudiadas aparecen revisar redes o correo sin autorización, vigilar las actividades de la pareja y exigir contraseñas. El estudio señala, además, una asociación significativa entre recibir violencia digital de pareja y presentar síntomas depresivos.
Y un tercer estudio, “Ciberviolencia en el Noviazgo Heterosexual Entre Estudiantes de la Escuela Superior de Enfermería No. 1 de la Universidad Autónoma de Guerrero”, analizó a 104 estudiantes de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro). Los resultados muestran que 57.3 % presentó cibercontrol y 19.2 % ciberagresión. Por sexo, 58.6 % de las mujeres reportó ejercer cibercontrol, mientras que entre los hombres 23.5 % presentó conductas de ciberagresión.
La investigación identifica entre los factores relacionados los celos, la dependencia emocional y el uso intensivo de las redes sociales.
Esto demuestra que hay parejas que mantienen una cibervigilancia y control de sus novios o sus novias, y sucede cada vez más constantemente.
Así es que: tome nota.





