Trópico de Cáncer/ Jesús Collado Martínez
Todas la encuestas en los Estados Unidos coinciden en que la intención de voto favorece con
mas o menos el 6% a los demócratas sobre los republicanos, lo que significa que el Partido
Demócrata recuperará la mayoría en la Cámara de Representantes en las elecciones del
próximo noviembre.
En el caso del Senado la cuestión es más complicada, porque si bien es cierto que la
preferencia en las encuestas se mantiene en general a favor de los demócratas, solo 35 de 100
senadores se van a elegir y la ubicación geográfica favorecerá en los resultados a los
republicanos que conservarán la mayoría en esa cámara.
Y usted se preguntará con razón ¿y a nosotros que nos va o nos viene? La respuesta es que
los resultados de la elección de medio término en los Estados Unidos será un termómetro que
nos permitirá saber como está el ánimo de los electores de aquel país con miras a la elección
del Presidente que sustituirá a Donald Trump en el 2028.
Hasta hoy, faltando un poco más de dos años, las encuestas favorecen en la intención de voto
a los republicanos JD Vance, Vicepresidente de los Estados Unidos y a Marco Rubio,
Secretario de Estado con un 32 al 39%, mientras que del lado de los demócratas la mejor
calificada es Kamala Harris, ex Vicepresidenta, con un porcentaje semejante, muy por encima
de Gavin Newsom, Gobernador de California con un 16% o la Representante Alexandra
Ocasio Cortez con el 11%.
Tampoco significa que la elección de cualquiera de ellos, republicanos o demócratas, hará que
la política de los Estados Unidos cambie radicalmente. Ya sabemos que hasta hoy el demócrata
Obama sigue siendo el Presidente que deportó más mexicanos, o que el republicano Reagan
mantuvo una guerra contra el narcotráfico que descalificaba todos los esfuerzos que México
realizaba y generaba tensiones fuertes en las relaciones entre los dos países.
Pero en el momento actual que viven nuestro país y todos los países del mundo ante la
presencia del oligarca que gobierna a la nación más poderosa del planeta con criterios ajenos a
la política, la diplomacia, la responsabilidad en el manejo de su fuerza militar y el respeto a la
dignidad de las naciones, un “cambio de aires” haría una enorme diferencia.
El triunfo de los demócratas en la elección de representantes en noviembre de este año no les
dará el poder suficiente para poder revocar, suspender o dejar sin efecto las órdenes ejecutivas
con las que gobierna actualmente Donald Trump, para ello se requeriría mayoría calificada de
dos terceras partes en las dos cámaras lo cual no será posible, pero el resultado dará una idea
de qué posibilidades tiene la oposición demócrata de competir realmente en la elección de
2028.
La elecciones de noviembre también darán la oportunidad al mundo de saber quién entre los
republicanos podría asumir la importante función de dirigir a la nación más poderosa del mundo
y si podremos aspirar nuevamente a que un tratado internacional sea respetado en sus
términos, que la lucha contra el crimen organizado internacional se mantenga en su propio
cauce con la colaboración respetuosa entre naciones, que se establezcan acuerdos migratorios
que beneficien a las dos partes y que no vivamos bajo la amenaza caprichosa de la fuerza.
Las elecciones de noviembre en Estados Unidos nos permitirán vislumbrar si podemos esperar
que el orden vuelva a ser orden y que el mundo no esté sujeto los caprichos de un autócrata,
que cuando despertemos cada mañana los lagos y los mares se sigan llamando igual y que no
haya habido un bombardeo asesino surgido de algún berrinche nocturno y que en la pirinola de
la política salga algo mas que TOMA TODO.





