Por Staff
La Razón
Alejandra Quintos saluda y sonríe a su llegada al edificio de lo que fue la Academia Militarizada Doenitz.
Se cumplen 45 días del deceso de Dafne, su hija.
Llega apresurada. Trae varias cajas con veladoras, un ramo de flores entre las manos y una fotografía de la menor, que coloca sobre un tripié de madera.
Pide una escoba.
Con ella retira las veladoras viejas y las coloca en un bote azul, al exterior de la construcción.
Poco a poco llegan más personas. En su mayoría son mujeres.
Un par de elementos de Tránsito resguarda la vialidad. Dos elementos de la Policía acompañan a Alejandra.
La madre de Dafne pide permiso para saltar el cerco e instalar un altar improvisado.
En las escaleras dispersa pétalos rosas y acomoda, una por una, las veladoras nuevas.
Todo queda listo.
Alejandra agradece a quienes acudieron y vuelve a alzar la voz para exigir justicia por su hija.
Recuerda que durante los últimos 45 días ha acudido a audiencias y ha mantenido su exigencia de justicia.
“Estos 45 días he estado en audiencias, he estado alzando la voz por justicia para mi bebé, que aquí fue asesinada, detrás de estas paredes, donde la dejé un 13 de julio, a las 8 de la mañana, llena de ilusiones”.
Después comienzan a rezar.
Los cinco misterios del rosario avanzan entre las voces de las mujeres y los hombres reunidos frente al edificio.
Los asistentes sostienen pequeñas velas encendidas entre las manos y siguen atentos las oraciones.
Alejandra se separa por momentos para recibir a quienes poco a poco se suman al rezo.
Abanico en mano y con una hoja con las indicaciones del rosario, permanece cerca de quienes llegaron para acompañarla.
Alrededor, la cotidianidad se interrumpe por el murmullo de las oraciones.
Algunos curiosos se detienen o aminoran la velocidad para tomar fotografías con sus teléfonos.
La noche cae sobre la calle.
Alejandra habla de su hija, de las denuncias y de las personas que, asegura, comenzaron a acercarse a las autoridades para contar sus experiencias dentro de la academia.
También revela que recibió amenazas de muerte.
“He recibido amenazas de muerte”, dice.
Asegura que cuenta con números telefónicos, videos y mensajes que entregará a la Fiscalía.
“Traigo seguridad, así es. A partir de hoy voy a interponer la denuncia”.
Las palabras cambian cuando recuerda a Dafne.
La voz se le quiebra. Llora.
Por unos segundos guarda silencio.
Después recupera el aliento. Llega el coraje.
Alejandra vuelve a mirar hacia el edificio y deja claro que no piensa detenerse.
“Esta madre no va a parar hasta que todos caigan”.
La noche se hace presente y un olor a taquería llega de vez en cuando con el viento hasta donde hombres y mujeres oran por el descanso de Dafne.
Han pasado 45 días desde que murió, presuntamente al interior del mismo edificio donde esta noche se reúnen para rezar.
Alejandra recuerda entonces el momento en que su madre entró y abrió la bolsa que contenía el cuerpo de Dafne.
Llora.
La voz vuelve a quebrarse.
Guarda silencio mientras intenta recuperarse.
A su alrededor, las oraciones continúan.
Rosario, una de las mujeres que participó en la organización del rezo, explica que la convocatoria surgió por empatía con la familia y por el dolor que generó la muerte de la adolescente.
Dice que su madre le propuso realizar el rosario y que después invitaron a la comunidad y a personas que participaron en las marchas para exigir justicia.
“No somos familiares, pero ahora somos como hermanas, como segunda madre”, expresa Alejandra al referirse a quienes la han acompañado desde el inicio.
La noche avanza.
Las veladoras permanecen encendidas frente a la fotografía de Dafne.
Alejandra vuelve a colocarse al frente.
Habla de su hija y mantiene viva, en su voz, la promesa que hizo frente a su ataúd: continuar hasta conseguir justicia.
El rezo termina.
Alejandra permanece unos momentos en silencio.
Mira la fotografía de Dafne.
Es la imagen de sus 15 años.
Sonríe.
Por un instante no hay discursos ni reclamos.
Solo quedan la fotografía, las veladoras y el recuerdo de una hija.
Después vuelve a hablar de justicia.
Dice que seguirá alzando la voz y que no dejará de buscar respuestas por la muerte de Dafne.
La noche continúa en Ciudad Madero.
Frente al edificio donde ocurrió la tragedia, las veladoras siguen encendidas.
Alejandra sigue esperando que se cumpla su promesa de justicia.





