En Visto | Dora de la Cruz
Esta semana inició el diálogo para construir la Ley General Contra el Feminicidio,
con la participación de voces feministas que han sido clave en la agenda legislativa y
abierto camino a leyes para la defensa de los derechos de las mujeres y las niñas.
Entre ellas, la gran maestra feminista Marcela Lagarde, una mujer comprometida con
el movimiento y con las causas de las mujeres, no con los gobiernos. En su
participación, lo dejó claro.
El reto de esta ley es precisamente ese: que no se quede en el discurso ni en la
teoría, sino que se traduzca en acciones concretas para prevenir, investigar,
sancionar y erradicar el feminicidio.
En México, por primera vez en el 2012, se habló del delito del feminicidio,
precisamente por la entonces diputada Marcela Lagarde, luego de las muertas de
Juárez, consideradas hoy por hoy un crimen político; es toda una estructura social,
impregnada por el machismo, que toca a una sociedad, pero también a las
instituciones, que es el reto que tiene esta nueva ley; esta legislación ha transitado
por algunos cambios y los resultados siguen siendo los mismo: las mujeres víctimas
de feminicidio, truncando sus proyectos de vida, hijas e hijos en la orfandad y los
agresores, muchas veces libres; la impunidad sigue siendo la constante en este
delito y el nuevo poder judicial, sigue en deuda con las víctimas y sus familias.
En Tamaulipas, recientemente el caso de Dafne, víctima de feminicidio, tuvo errores,
en activar los protocolos que tienen que ver con las instituciones; parecería que aún
no conocen la magnitud, la gravedad de un feminicidio; este delito, lastima a toda
una sociedad, no es un caso aislado; esto es sólo un ejemplo de cómo se omite la
hoja de ruta, cuando sucede un feminicidio; este caso, por estas omisiones, Danna ,
una de las vinculadas al caso, por su presunta participación, está hoy con la posible
liberación, pero además existen otros presuntos implicados, de los cuales ya no se
habla, por un tema de no querer politizar un tema en el que la sociedad exige
justicia.
Precisamente de esto habla la académica y antropóloga , Marcela Lagarde; de que
la Ley contra el Feminicidio, deje de ser letra muerta y se convierta en una práctica
ordinaria para las instituciones, porque aquí es donde está el gran problema y será
un reto para transformar las instituciones.
Las mesas de diálogo, no deben de dejar fuera las voces que impulsaron la Ley
Olimpia, la Ley Ingrid, la Ley Malena y otras impulsadas por mujeres que fueron
víctimas de estos delitos y que transformaron su dolor en ley.
La iniciativa a la que se dará entrada en septiembre, en el Congreso de la Unión, por
sí sola no resolverá, primero, prevenir el feminicidio; segundo, el tema de la
impunidad, tiene que ver con políticas públicas aplicadas y presupuesto, para
desplegar una campaña de prevención, cultura de la denuncia, pero además, una
estructura institucional con políticas en perspectiva de género de fiscalías, así como
en el Poder Judicial; no un curso o una charla; esto va más allá, para que puedan
entender lo que significa la igualdad y los derechos de las mujeres a una vida libre
de violencia.
Pero además, está luchan no es solo de las mujeres; es de todas y todos, en
escuelas, en las universidades, en los centros de trabajo, en todos los espacios
públicos y privados, que dejen de ver el femincidio como un asesinato simple; es la
violencia más extrema contra la mujer y es una herida colectiva.
Veamos qué pasa con esta Ley. Que no sea un tema mediático del gobierno federal,
y que ante la creciente aumento de la violencia contra las mujeres, se pretenda
levantar una cortina de humo; desde luego que quienes participan en esta mesa de
diálogo, son personas comprometidas y exigirán que se aplique la ley y no sólo sea
un distractor, reducido a la foto y el boletín.
Todas las voces deben ser escuchadas, especialmente las de las familias de las
víctimas de feminicidio, porque son ellas quienes conocen de primera mano el largo
peregrinar que implica exigir justicia: enfrentar instituciones, procesos burocráticos,
omisiones y, muchas veces, la falta de respuestas.
Sus experiencias no pueden quedar fuera de la construcción de esta ley. Son
testimonios que deben convertirse en propuestas concretas para transformar los
procedimientos y eliminar las barreras que terminan desgastando a las familias
mientras buscan justicia para sus hijas, madres, hermanas o compañeras.
Y siguen siendo las mujeres las que defienden a otras mujeres frente a este
patriarcado que se resiste a ver a las mujeres como personas con derechos





