Golpe a golpe/Juan Sánchez Mendoza
El informe de labores presidencial, a presentarse el día uno de
septiembre próximo, tendrá un formato distinto.
En el fondo, se cumplirá con parte del ordenamiento constitucional, al
entregar el documento por escrito al Congreso de la Unión para su
estudio y verificación de datos por parte de senadores y diputados
federales.
Pero, en la forma, asoman asegunes, pues Claudia Sheinbaum Pardo
ha dispuesto que la glosa se presente en ‘la mañanera’ –dependencia
por dependencia y sin importar el tiempo que dure–, restándoles
importancia a los senadores y diputados federales encargados de la
revisión.
Además, ofrecerá, personalmente, pormenores en cada entidad sobre
las obras, programas y acciones ejecutadas en cada estado; transmitirá
en redes sociales varios spots sobre su ejercicio; y en la conferencia
matutina, en Palacio Nacional, presentará a detalle el contenido del
documento.
Esto significa que septiembre sería ‘El mes del informe presidencial’, a
menos que el Poder Legislativo la obligara a circunscribirse
simplemente al formato tradicional consignado en el artículo 69 de
nuestra Carta Magna. O sea, a presentar el informe anual por escrito
para su estudio, sin necesidad de que ofrezca un mensaje político,
aunque durante décadas ha sido (ésta) una costumbre populachera del
mandatario en turno.
En cuanto a la glosa, es responsabilidad de los senadores y diputados,
como lo dicta la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
por tratarse del análisis detallado, político, social, económico y jurídico,
sobre el documento entregado por el Poder Ejecutivo federal.
La glosa, es el procedimiento para estudiar a fondo los datos, las cifras
y los resultados del informe anual.
Y regularmente deriva en comparecencias de funcionarios para que en
comisiones legislativas expliquen dudas sobre sus acciones, los
problemas para ejecutar proyectos o el uso del erario.
Se supone que así se lleva un mejor control sobre la administración de
los recursos públicos.
Pero, ¡oh!, vaya desilusión, siempre salen bien librados.
Como fuere, en septiembre habría dos glosas.
Formatos distintos
Años atrás, usted lo recuerda, la entrega del documento informativo y el
pronunciamiento del mensaje tenían lugar en un mismo recinto y en
una misma ceremonia protocolaria.
Pero el formato cambió, a partir del 1 de septiembre del 2007, porque
Felipe de Jesús Calderón Hinojosa no quiso visitar el Palacio
Legislativo de San Lázaro, donde, a la fuerza, el uno de diciembre del
2006, entró por la puerta trasera para rendir protesta como Presidente
Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
De entonces a la fecha, el jefe del Ejecutivo federal, en turno, ha
rehusado que el salón de plenos de la Cámara baja sirva de locación a
cualquier encuentro entre los poderes Ejecutivo (federal) y Legislativo,
donde él mismo participe, sin con ello quebrantar la legalidad –nuestra
Carta Magna consigna simplemente la entrega del informe por escrito y
no la intervención personal del mandatario–, pero sí exhibe su falta de
entendimiento con los diputados y, sobre todo, carencia de urbanidad
política.
Dos de las ventajas que ofrecían los formatos anteriores eran que al
evento acudían todos los integrantes de los tres poderes de la Unión y
los dirigentes más representativos del corporativismo obrero, centrales
campesinas, agrupaciones de profesionistas, empresarios e
industriales; figuras del deporte, jefes de partidos políticos y, en
síntesis, todo aquél actor que dentro de su actividad fuera considerado
un cabecilla –no líder, pues para alcanzar tal connotación a la mayoría
les faltaban tamaños–, y la difusión que se daba al evento a través de
los medios de comunicación masiva, o bien por boca de los asistentes
a éste, pues para acceder al recinto, a diferencia de hoy, no importaban
credos, status social, colores ni ideologías.
Dicho en otras palabras, era un ceremonial de respeto mutuo entre los
representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, aun cuando en el
fondo no se soportaran.
En fin…
En campaña
La gira anunciada por Sheinbaum Pardo para informar, personalmente,
qué
obras, programas y acciones ha realizado su administración en todo el
país –por entidad– quizá tenga la intención de ampliar su permanente
campaña política, para 1) recuperar su propio posicionamiento, que ha
caído cuando menos en 14 puntos en popularidad; y 2) blindar a
morena ante la caída en el ánimo poblacional.
En la primera quincena de septiembre venidero, deberá instalarse el
proceso electoral concurrente 2026-2027, para poner en juego 17
gubernaturas y 500 curules de la Cámara de Diputados: 300 de
mayoría relativa y 200 por la vía de representación proporcional.
Además, congresos locales, más de 2,000 ayuntamientos y cargos en
los poderes judiciales de la Federación y algunos estatales.
Por eso, no creo que sea fortuita la gira de la presidenta.
Por otra parte, si Claudia Sheinbaum Pardo en verdad quisiera
mantener su credibilidad, lo más sensato sería que, el uno de
septiembre, ante el pueblo de México, aceptara que los tropiezos
cometidos en su ejercicio constitucional fueron causados por la
negligencia o ineptitud de algunos de sus colaboradores más cercanos
–desde el inicio de su administración–, con la salvedad de que algunos
ya están fuera de la jugada.
Correo: jusam_gg@hotmail.com





