Golpe a golpe/Juan Sánchez Mendoza
El sistema de partidos que opera en nuestro país, muestra las
tendencias políticas más diversas.
Pero igual presenta las fracturas interpartidistas más graves de toda la
historia, pues, aunque cada uno de sus cuadros activos se identifica
con la doctrina donde está afiliado, no comulga del mismo modo con
todos sus compañeros de membrete.
Así tenemos la representación de la derecha en los membretes Acción
Nacional (PAN) y Somos México; la vertiente del centro, es abanderada
por el Partido Revolucionario Institucional (PRI); en tanto los partidos
Verde Ecologista de México (PVEM) y Movimiento Ciudadano (MC) se
identifican como de centro o centro-izquierda.
Movimiento Regeneración Nacional (morena), el Partido del Trabajo
(PT) y PAS forman el ala izquierda.
Igual se supone que esos ocho partidos –registrados ante el Instituto
Nacional Electoral (INE)–, están obligados legal y moralmente a definir
su perfil a través de una declaración de principios, estatutos y programa
de acción, tal y como lo marca la reglamentación oficial.
Esto a fin de que los militantes y ciudadanos en general conozcan los
documentos básicos que rigen la vida del membrete en el que están
involucrados o es de sus simpatías, pues ello les permitiría enriquecer
la cultura cívica y acabar con el lastre que significa el analfabetismo
político.
En estricto apego a la legalidad, los ocho partidos deben impulsar la
democracia, afianzar las libertades, animar la pluralidad, configurar un
estado más justo y equitativo, promover el desarrollo, brindar
posibilidades de expresión y de participación a la gente.
Los distinguen las estrategias y tácticas utilizadas para arribar al poder
o conservarlo, y, desde luego, el segmento de la sociedad por el cual
han decidido tomar parte y cuyos intereses dicen defender.
Así, un partido que se inclina a favor de los grupos privilegiados y
defiende la propiedad privada, la libre competencia del capital y la
explotación de la mano de obra, puede ser tipificado como de derecha.
En contraparte, las organizaciones que se identifican con los
trabajadores, la propiedad pública y buscan mejorar las condiciones de
vida de las grandes mayorías, estarían considerados en el ala
izquierda.
El llamado centro, o justo medio, se supone que retoma los modelos de
uno y otro bando y trata de mantener el equilibrio; acepta la existencia
de un régimen de economía mixta y, por supuesto, justifica la lógica
empresarial y dinámica del mercado, pero busca que haya una
adecuada repartición de la riqueza que genera toda actividad
económica bien conducida.
En general, es en éste esquema que los partidos enmarcan su origen y
funcionamiento.
Por supuesto que no hay fórmulas ni reglas que se sigan al pie de la
letra.
La coincidencia y característica, en todo caso, es que los membretes en
nuestro tiempo son flexibles y pragmáticos.
Buscan el éxito a como dé lugar, sin importar ideologías o principios.
Lo que sirve y es útil a la causa resulta bienvenido.
De ahí que las actitudes, valores e ideología pasen a un segundo o
tercer plano.
Poco importa el debate y la contraposición de proyectos.
Más bien se privilegia la imagen y la personalidad de sus dirigentes y
en algunos casos de sus cuadros más destacados.
Bajo esta tesitura, es común observar en las coyunturas electorales
cómo los políticos, los líderes sociales y de opinión, brincan de un
bando a otro por la inercia de la ‘jugada’ y con el ánimo del triunfo.
Ésta es la triste situación de los partidos que en México participan en el
proceso comicial concurrente 2026-27 para elegir Presidente de la
República, 17 gobernadores, 500 diputados federales –300
uninominales y 200 de representación proporcional–, más de 2 mil 500
alcaldes y cualquier cantidad de diputados locales en los 32 estados de
la República Mexicana.
Como fuere, hacia el interior de éstos partidos sucumben la mística y la
vocación de servicio. Y es que lo que motiva a quienes esos ocho
membretes usufructúan, es mantenerse vigentes y conservar el mando
legislativo o acceder a éste a como dé lugar.
Principios, valores, ideología… ¿qué es eso?
Transformación latente
La transformación de Nuevo Laredo implica el fortalecimiento de
convenios y acuerdos con organismos internacionales en diversos
rubros.
Y por eso, hace días, precisamente el viernes 15 el año que cursamos,
la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal firmó un Memorando de
Entendimiento y un acuerdo específico de colaboración para fortalecer
las capacidades técnicas del municipio en materia de igualdad de
género, con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) en México.
La representante de ese programa en nuestro país, Silvia Morimoto, al
respecto afirmó que esto fortalecerá el compromiso del municipio de
Nuevo Laredo con la planeación de políticas públicas con perspectiva
de género, la promoción de los derechos humanos, la reducción de las
brechas de desigualdad y el fortalecimiento institucional, al tiempo que
reafirma el rol estratégico del PNUD como aliado de los gobiernos
locales en el logro de la Agenda 2030.
Por su parte, la munícipe señaló que el acuerdo representa un nuevo
paso en la estrategia para llevar a Nuevo Laredo a una nueva
dimensión de gobierno, donde los objetivos globales se convierten en
políticas públicas, obras y acciones que generan beneficios concretos
para las familias.
Así de claro.
Correo: jusam_gg@hotmail.com





