Golpe a golpe/Juan Sánchez Mendoza
La justa ciclista denominada ‘Gran Fondo Tampico’ no es una
competencia deportiva, en el sentido estricto de la palabra, sino un
paseo recreativo que se le ocurrió montar al secretario de Turismo
(estatal) Benjamín Hernández Rodríguez.
Según él, ‘para promover los paisajes naturales del sur de Tamaulipas’
y, en consecuencia, ‘alentar el turismo deportivo’, aunque su ignorancia
no le da para entender que los ciclistas participantes, ni sus
acompañantes, lo menos que harían es gastar en actividades
recreativas, pues aparte de sus traslados (aéreos o terrestres) deben
cubrir hospedaje y alimentación. Más el mantenimiento mecánico de
sus velocípedos.
El miércoles que nos antecede, en la Ciudad de México, se presentó a
‘bombo y platillo’ esa rodada a celebrarse el próximo día 27 que tendrá
una bolsa de 135 mil pesos. A repartirse entre los primeros (tres)
lugares de las ramas femenil y varonil: 25 mil, 15 y 12,
respectivamente.
¡Uf!, qué ‘atractivo’.
Sobre todo, para los ciclistas profesionales o turísticos interesados que
llegarán al puerto jaibo procedentes de Baja California o Quintana Roo,
con la intención de alzarse con la victoria enfundados en una playera
oficial que valide su participación en ese ‘magno evento’, si acaso
ocurriera el hecho.
Más cuando Tamaulipas, según ‘El Benjas’, está consolidándose como
uno de los destinos turísticos más dinámicos y atractivos del país –al
haber registrado 17 millones de visitantes en 2025– en relación con
otros estados donde la actividad turística va a la baja.
El secretario de Turismo de Tamaulipas, inclusive, ha afirmado que: “la
combinación de sol, de playa, seguridad, infraestructura y eventos
gratuitos posiciona a las costas del estado como opciones altamente
competitivas. Y atractivas, frente a otros destinos del Golfo de México y
del país”.
Su referencia, obviamente, desestimó a la Costa Esmeralda y la Playa
Chachalacas (Veracruz), como a zonas costeras de Campeche,
Tabasco y Yucatán, aunque tras su desacierto no ha vuelto a referir
nada al respecto.
En fin, volviendo al tema de que los asuntos deportivos no le incumben
aun cuando él considere que los promueve en materia turística, lo
cierto, es que desatiende sus responsabilidades y se entromete en
funciones que, en el marco legal, sólo corresponden a autoridades
especializadas.
Según el marco regulatorio de sus responsabilidades, ‘El Benjas’ debe
encargarse del diseño, la conducción y la aplicación de la política
pública a fin de planear, promover y fortalecer el desarrollo turístico
estatal, para, así, impulsar la competitividad, la inversión y el
aprovechamiento sustentable de los atractivos regionales.
Pero, desde hace tiempo ha invadido terrenos del Instituto del Deporte
de Tamaulipas (INDE) sin que su director general, Manuel Alejandro
Virués Lozano –ex director de alto rendimiento durante el régimen
gubernamental de Francisco Javier García Cabeza de Vaca–, se atreva
a protestar. Aún y cuando las federaciones estatales de ciclismo,
atletismo y triatlón rehúsen validar esos paseos recreativos disfrazados
de justas deportivas.
Plataformas de mal en peor
En la Subsecretaría de Transporte Público del estado, a cargo de
Armando Núñez Montelongo, aparecen registrados al menos 12 mil
automotores y la misma cantidad de conductores, como parte de
plataformas digitales: Uber y DiDi.
Al iniciar operaciones, las empresas ofrecieron a los usuarios que para
su comodidad sólo darían de alta a vehículos de modelos recientes,
limpios en el exterior e interior, climatizados; en perfectas condiciones
mecánicas y sin música estridente que pudiera incomodar a los
pasajeros.
Sin embargo, a poco más de seis años de distancia, en toda la entidad
operan unidades chocadas, sucias, sin aire acondicionado y con
matrículas distintas a las que aparecen al contratar el servicio.
“No han llegado las nuevas placas”, pretextan los conductores, cuando
se les cuestiona por esa irregularidad, echándole la culpa a las
autoridades de control vehicular.
Además, cuando alguien solicita su servicio la tarifa que en pantalla se
ofrece difícilmente es aceptada por los chóferes, pero para ‘agilizar el
viaje’ la misma aplicación ‘sugiere’ incrementar el importe u ofertar otro,
si acaso al usuario le corre prisa para trasladarse.
“Lo hacemos porque la aplicación nos quita +/- un 40 por ciento”, dicen
los operadores al exhibir los abusos de las plataformas digitales.
Otro caso patético es que cuando la unidad llega al domicilio en que el
servicio fue solicitado, los conductores le preguntan al usuario que
¿cuánto le cobra la aplicación?
–Tal cantidad –he respondido al menos cuatro casos.
–¿Y qué le parece si cancelo el viaje y me paga la misma cantidad, ya
que la plataforma me sangra mucho?
He aceptado, dos veces, aunque luego me he arrepentido porque, con
eso, pongo en riesgo mi seguridad al viajar en el anonimato.
Y hay cosas peores, tanto de las plataformas Uber y DiDi, como de los
conductores, cuando la tarifa se cubre en efectivo, pues los
conductores no cierran el servicio y cuando nuevamente se solicita
aparece como débito el traslado anterior y exigen su pago, so pena de
negar el viaje.
Ojalá que la autoridad de transporte público actúe en consecuencia.
Correo: jusam_gg@hotmail.com





