Faljoritmo/Jorge Faljo
Trump declaró en este agosto de 2026 una nueva fase en la ofensiva contra Irán a la que llamó
el día “D” de la guerra económica. El nombre proviene del día en que inició el desembarco
aliado en las costas de Francia en la segunda guerra mundial. A pesar de su alto costo en
vidas fue exitoso en establecer un nuevo frente de batalla en Europa que, sumado al frente
ruso terminaría por derrotar a Alemania.
Ahora Trump anunció de la manera rimbombante que acostumbra, una nueva fase en la guerra
contra Irán. Anteriormente Trump ha anunciado la destrucción total de las capacidades iraníes
para procesar uranio; la destrucción de su flota naval, aérea y de lanzamiento de misiles; el
cambio de régimen derivado del asesinato de sus líderes religiosos, políticos y militares; en
diversas ocasiones ha presumido el control del estrecho de Ormuz; ha manifestado su intención
de que esta vía de navegación sea parte del territorio de los Estados Unidos y cobrar una tarifa
por el tránsito de buques; ha dicho que Irán le ruega reanudar negociaciones y, en general, ha
anunciado su victoria.
No obstante la guerra continúa e Irán tiene el control efectivo de la más importante vía de
navegación del mundo. Por el estrecho de Ormuz pasaba el 20 por ciento del petróleo mundial
y porcentajes similares del gas, de los fertilizantes, el helio y otros insumos estratégicos para la
producción industrial y agrícola de todo el planeta.
El secretario del tesoro norteamericano, Scott Bessent, anunció el día D, que sería la mayor
ofensiva financiera nunca antes hecha. La república islámica de Irán habría de colapsar con las
mayores sanciones de la historia. Son ellos o nosotros, añadió Bessent, y es tiempo de que
nuestros aliados y el mundo entero decidan acabar con el régimen iraní. Es decir que esta
ofensiva requiere la participación de terceros países para operar un bloqueo efectivo.
Sin embargo la también llamada Operation Economic Outcast, que podría traducirse como
Operación Marginación Económica, nació manca, nada que pueda ser contundente. Las
nuevas sanciones incluyen varios sectores económicos pero no la exportación de petróleo, que
en cerca del 90 por ciento se dirige a China. Bessent no señaló acciones específicas y ante
pregunta expresa se negó a mencionar a los bancos chinos. Esta operación de supuesta gran
envergadura se promovería mediante negociaciones diplomáticas con los terceros países que
mantienen relaciones comerciales y financieras con Irán, y su instrumentación sería gradual, sin
plazos específicos.
Es decir que el tono agresivo se convirtió en la práctica en un llamado moral a acabar con un
régimen calificado de siniestro.
Uno de los primeros países en reaccionar fue China que señaló que no se uniría a sanciones
ilegales, no autorizadas por las Naciones Unidas. China indicó que defendería sus legítimos
intereses, en este caso se refiere a abastecerse con petróleo iraní, con todas las medidas que
estime necesarias. Otros países claramente no participantes en el futuro bloqueo son Rusia y
Pakistán, mientras que muchos más no han expresado su posición.
Irán reaccionó con declaraciones de distinto tono. Desde la esfera militar, de seguridad y de
política económica señalaron que las nuevas sanciones fracasarían. También indicaron que Irán
atacaría las empresas norteamericanas instaladas en la región y que consideraría como país
enemigo a todo aquel que se sume a las sanciones. No obstante las posibles acciones bélicas
contra estos enemigos se ejercerían solo después de un dialogo diplomático.
Irán acostumbra responder a todo ataque a un nivel similar de contraataque. Es posible que en
este caso, al señalar que su primer paso sería el dialogo diplomático, este imitando la posición
de Bessent de promover el bloqueo gradualmente y de manera diplomática. De momento
parece que la más reciente fase de la guerra, el anunciado bloqueo comercial y financiero
internacional contra la economía iraní se quedará al nivel de confrontación mediática; mucho
ruido y pocas nueces.
Puede decirse que Trump recurre a incrementar las sanciones debido al fracaso de las
acciones militares. Y recurrió a la guerra directa debido al fracaso de décadas de sanciones y
guerras indirectas, tales como la guerra de Irak contra Irán en los años ochenta que causó
cientos de miles de muertos en ambos bandos. O las guerras entre los aliados de Irán en
Líbano, Yemen y Palestina por un lado y el gran aliado regional norteamericano, Israel y las
monarquías árabes del golfo Pérsico, por otra parte.
Trump no encuentra una salida digna, que le permita proclamar victoria y retirarse. Su interés
básico es que fluya el petróleo y los otros elementos estratégicos de la región sin que Irán
controle el estrecho de Ormuz. Por ese motivo firmó el 17 de junio el Memorándum de
Entendimiento que en el papel aceptaba todas las exigencias de Irán pero sin la menor
intención de cumplirlas.
Para Irán la única opción aceptable es que Trump cumpla lo que firmó y que incluye: paz en
toda la región, con el retiro israelí de Líbano, Gaza y Cisjordania; el fin de todas las sanciones;
que se le regresen los muchos miles de millones de dólares congelados por Estados Unidos;
indemnización por los daños causados por la guerra y, por supuesto, el control futuro del
estrecho de Ormuz, incluyendo el cobro de derechos de paso.
No se ve una salida viable a esta situación. La situación política interna en los Estados Unidos
no permite eliminar las sanciones, regresar los activos congelados y pagar una indemnización.
Tampoco la salida de la presencia militar norteamericana en la región y aceptar el control iraní
del estrecho. Sería una derrota peor que la de Vietnam o Afganistán; encumbraría a Irán como
potencia regional y alteraría todo el actual balance del poder económico militar global.
Más difícil sería que el mayor triunfador de esta guerra acepte retirarse a sus fronteras legales.
Israel ha ampliado su territorio posesionándose de la mayor parte de Gaza, y de áreas
relevantes de Líbano y Siria. También está ampliando su colonización de Cisjordania
expulsando a la población originaria. La influencia política del lobby israelita en el congreso
norteamericano, sustentada en fuertes donativos económicos a las campañas políticas, y la
influencia que aún tiene, aunque en declive, entre los cristianos evangélicos, imposibilita en la
práctica que Trump pueda cumplir con el primer punto del Memorándum de Entendimiento que
firmó: la paz en toda la región.
Irán se sostiene en sus exigencias y está decidido a que está guerra castigue de tal manera a
sus enemigos que nunca más se atrevan a atacarlo. Lo que hace que el conflicto se convierta
en una interminable guerra de desgaste en la que posiblemente gane aquel que tenga mayor
capacidad de soportar el sufrimiento.





