ENROQUE/JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ CHÁVEZ
Los meses de julio y agosto de 1955 llovió en Tampico y las comunidades de la Huasteca
veracruzana y potosina como no había ocurrido nunca. Ese año el número de depresiones,
tormentas tropicales y huracanes fue también muy elevado.
Pero lo que sucedió en septiembre fue para muchos una versión regional del diluvio
universal.
El día primero de ese mes la barra se cruzó a causa de las fuertes turbonadas originadas
por una perturbación ciclónica que afectaba el Golfo de México comprendida entre los puertos
de Nautla, Ver; y Soto La Marina, Tamaulipas.
El 3 de septiembre el Servicio Meteorológico de Miami localizó en el Mar Caribe, a los 22
grados 3 minutos Latitud Norte y los 43.9 Longitud Oeste, al noreste de Puerto Rico, la sexta
tormenta tropical de la temporada.
Para esa fecha la creciente del río Pánuco y el desbordamiento del Tamesí inundaban
numerosas poblaciones de la zona y en el puerto las colonias Pescadores, Nacional y Morelos,
entre otras de la ciudad, se encontraban bajo las aguas.
El día 5 la tormenta ‘Gladys’ azotó al puerto de Matamoros.
No había concluido la primera quincena del mes y las carreteras y las vías férreas que
comunican a la ciudad con los centros urbanos del área estaban cortadas y miles de los
moradores de las rancherías aisladas sufrían graves penurias.
No obstante las inclemencias climatológicas, la noche del 15 de septiembre el pueblo
tampiqueño encabezado por el alcalde Manuel A. Ravizé y el gobernador Horacio Terán Zozaya
conmemoraron el 145 aniversario del inicio de la guerra de Independencia.
Lo peor, lamentablemente, estaba por venir.
Mientras que el ascenso en los niveles del agua de los ríos y lagunas alcanzaban alturas
inimaginadas, obligando a miles de personas a subir a los techos de las casas y a los árboles
para sobrevivir, un nuevo y violento huracán bautizado con el nombre de ‘Hilda’ entró al Golfo
de México y el 18 de septiembre a la media noche con vientos superiores a los 250 mil
kilómetros por hora y rachas de más de 280 empezó a golpear al municipio, aunque el centro
del impacto era la Isla de Lobos.
La onda destructora fue impresionante. Los primeros reportes hablaban de treinta muertos
y medio millar de heridos.
Pero era sólo la punta del iceberg.
Cuando se tuvieron noticias de lo ocurrido en las comunidades del norte de Veracruz y el
oriente de San Luis Potosí, el alcalde Manuel Ravizé informó de las catastróficas dimensiones
estimadas de la tragedia en la región: más de 16 mil 500 moradores de las poblaciones
ribereñas del Pánuco y el Tamesí habían sido arrastrados por la creciente y perecido y la cifra
de los desaparecidos ascendía también a millares.
El huracán causó asimismo la muerte de 20 mil cabezas de ganado, miles de hectáreas de
cultivos se perdieron y los daños materiales fueron evaluados en varios miles de millones de
pesos.
A lo largo de tres semanas más de diez mil personas permanecieron refugiados en los
edificios públicos, habilitados como albergues, y en la región la cifra de damnificados alcanzaba
los 50 mil o más.
El presidente de la República, Adolfo Ruiz Cortines, llegó a Tampico el 22 de septiembre
para encabezar personalmente el auxilio a la población, tarea en la que participaban también
helicópteros de la cruz roja internacional y la Armada de Estados Unidos.
El miedo aumentó de intensidad cuando el Servicio Meteorológico anunció que otro
ciclón, ‘El Janet’ había entrado al Golfo de México y seguía una trayectoria similar a la del
‘Hilda’, pero todo quedó en susto porque el 28 de septiembre entró a tierra al sur de Veracruz, a
la altura de San Andrés Tuxtla.
En la primera quincena del mes de octubre más de cincuenta mil personas estaban sin
hogar y las calles del puerto cercanas a los ríos eran violentas torrentes que arrasaban todo a
su paso obligando a la gente a subir a las azoteas y a mudarse a sitios más seguros.
El panorama era desolador.
El día 10, fecha en la que empezó a descender el nivel de los ríos y lagunas y los servicios
de suministro de agua potable y energía eléctrica comenzaron a restablecerse gradualmente,
otra perturbación ciclónica apareció a 120 millas al nordeste de Veracruz, afortunadamente,
tampoco azotó al puerto.
Cuando las cosas volvieron a la normalidad, la tragedia había marcado para siempre a
todos los que la padecieron.
Los testigos que aún viven o que oyeron hablar de ella, cada vez que llega la temporada
de lluvias y huracanes o escuchan que alguna perturbación ciclónica amenaza las costas del
Golfo de México, no pueden evitar sentir miedo ni dejar de recordar al ciclón ‘Hilda’ y la terrible
y trágica inundación de 1955. (Derechos reservados, prohibida su reproducción, inserción de
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