Por Perla Reséndez
Expreso – La Razón
A las siete de la mañana comienza una rutina que parece igual para miles de adolescentes de Tamaulipas: uniforme, mochila, salón de clases y la expectativa de un futuro que todavía está por construirse. Pero para algunos, esa ruta se interrumpe.
Unos dejan la escuela antes de concluir el bachillerato; otros enfrentan violencia dentro o fuera de las aulas, consumo de sustancias, problemas emocionales o un embarazo que cambia de manera anticipada sus planes.
No todos viven los mismos riesgos ni todos los municipios enfrentan la misma realidad.
El riesgo de quedarse fuera
Las cifras oficiales muestran, de hecho, una brecha que pocas veces aparece cuando se habla de la juventud tamaulipeca como un solo grupo. La Secretaría de Educación de Tamaulipas publicó en 2026 el Anuario de la Estadística Educativa del Estado de Tamaulipas, ciclo 2025-2026.
El abandono escolar en educación media superior alcanzó 6.1 por ciento en Tamaulipas durante el ciclo 2024-2025; pero mientras en algunos municipios la tasa supera el 15 por ciento, en otros apenas rebasa el 2 por ciento.
Cruillas registró la tasa más alta, con 17.2 por ciento, seguido de Antiguo Morelos, con 15.1; Nuevo Morelos, con 13.9; Guerrero, con 12.8; Mier, con 11.1; Villagrán, con 10.4; Llera, con 9.8, y Miguel Alemán, con 9.6 por ciento.
En el extremo contrario aparecen Méndez, con cero por ciento; Xicoténcatl, con 2.1; Palmillas, con 2.2; Jaumave, con 2.3; Jiménez, con 3.0, y Casas, con 3.5 por ciento.
La diferencia obliga a mirar más allá de las cifras estatales: ¿qué está ocurriendo en los municipios donde los jóvenes tienen mayores probabilidades de abandonar las aulas?
La estadística, por sí sola, no explica las causas, pero sí permite identificar dónde debería concentrarse la atención y responder la pregunta: ¿estamos llegando a tiempo?
Cuando la adolescencia se adelanta
Otro de los riesgos que puede modificar de manera profunda el proyecto de vida de una adolescente es el embarazo a temprana edad. Los registros de nacimientos del Inegi contabilizaron en Tamaulipas 130 nacimientos de madres de entre 10 y 14 años durante 2024.
La Secretaría de Salud reportó, además, 3 mil 12 nacimientos en adolescentes de 15 a 19 años entre enero y julio de 2025, mientras que los servicios de salud mantienen bajo vigilancia a más de 4 mil menores de 18 años gestantes.
La respuesta institucional se ha enfocado en la prevención y en la educación sexual integral. En 2025, la Secretaría de Salud informó acciones preventivas en escuelas que alcanzaron a unos 8 mil 400 adolescentes.
Y en 2026, el Grupo Estatal para la Prevención del Embarazo en Adolescentes mantiene acciones para fortalecer la prevención y la educación sexual integral, con jornadas y capacitación en los municipios.
El desafío, sin embargo, no está solamente en impartir una plática. Está en lograr que la información, el acceso a servicios y el acompañamiento lleguen antes de que una adolescente quede expuesta a las consecuencias de un embarazo temprano.
Más allá de las drogas
La palabra “adicciones” suele asociarse inmediatamente con alcohol o drogas. Pero la problemática que enfrentan los adolescentes es más amplia.
De acuerdo con la Secretaría de Salud de Tamaulipas, durante 2024 se identificó que más de 4 mil estudiantes de nivel medio superior estaban en riesgo grave de desarrollar o padecer una adicción o trastorno de salud mental.
En 2025, la dependencia realizó 21,748 tamizajes de salud mental y consumo de sustancias. El dato requiere una precisión: no significa que esa cantidad de personas tenga una adicción o un trastorno. Son evaluaciones realizadas para identificar posibles riesgos.
La diferencia es importante porque una política de prevención no puede medirse únicamente por cuántas personas fueron evaluadas o cuántos talleres se impartieron. También necesita saber qué sucedió después de detectar un riesgo.
En 2024, la Secretaría de Salud reportó alrededor de 900 pláticas de prevención del suicidio en 328 escuelas, con una población impactada superior a 30 mil estudiantes.
Son cifras que muestran una presencia institucional creciente.
Pero el verdadero desafío comienza después de la detección: identificar a quien necesita ayuda, canalizarlo, acompañarlo y saber si efectivamente recibió atención.
Violencia que también ocurre en la aulas
La violencia escolar agrega otra capa al problema. Bullying, ciberbullying, acoso y hostigamiento forman parte de los riesgos que las autoridades buscan identificar y atender, aunque Tamaulipas todavía no cuenta con una radiografía pública reciente y homogénea que permita comparar la incidencia municipio por municipio.
La Secretaría de Educación participa con UNICEF y la Secretaría de Educación Pública en un diagnóstico sobre las capacidades del sistema educativo para prevenir y atender la violencia escolar.
El ejercicio contempla planteles de primaria en Xicoténcatl, Victoria, Nuevo Laredo, Matamoros y Reynosa, así como escuelas secundarias de municipios como Altamira, Miguel Alemán, San Fernando, Padilla, Tampico, Reynosa, Nuevo Laredo, Ciudad Madero y Matamoros.
El hecho de que todavía se esté construyendo este diagnóstico también revela un pendiente: conocer con mayor precisión dónde, cómo y con qué frecuencia ocurren estas situaciones.
¿Estamos llegando a tiempo?
Tamaulipas comenzó a construir una respuesta institucional más coordinada.
En mayo de 2026 se instaló la Red Estatal de Prevención y Atención contra Riesgos de la Educación Media Superior, con la participación de instituciones de educación, salud, seguridad, derechos humanos, DIF, SIPINNA, Fiscalía y planteles educativos.
La red contempla precisamente varios de los riesgos que aparecen a lo largo de esta historia: adicciones, problemas socioemocionales, acoso y hostigamiento escolar y sexual, violencia en el noviazgo, ciberbullying, embarazo adolescente, prevención del suicidio y cultura de paz.
El diseño reconoce algo fundamental: estos problemas no siempre aparecen de manera aislada.
Un estudiante que abandona la escuela puede enfrentar al mismo tiempo problemas económicos, familiares o emocionales. Una adolescente embarazada puede requerir no solamente atención médica, sino acompañamiento educativo y social.
Un joven expuesto a violencia puede necesitar apoyo psicológico, protección y seguimiento. Por eso, el verdadero reto de la prevención no puede medirse únicamente por el número de talleres, pláticas, tamizajes o jornadas realizadas.
La pregunta es qué ocurre después
¿Cuántos jóvenes detectados reciben atención? ¿Cuántos son canalizados? ¿Cuántos regresan a la escuela? ¿Cuántos reciben seguimiento? ¿En qué municipios disminuyen los riesgos y en cuáles aumentan?
Las cifras disponibles muestran que Tamaulipas tiene problemas que no pueden resolverse con una sola estrategia y que tampoco se presentan de la misma manera en todo el territorio.
El siguiente paso es medir si la respuesta institucional está modificando esa realidad, porque detrás de cada porcentaje hay un adolescente que todavía está a tiempo de cambiar su historia. La pregunta sigue siendo la misma: ¿estamos llegando a tiempo?





