Crónicas de la calle/Rigoberto Hernández Guevara
Aquí va de todo, sí, porque además la vida va mostrando de todo y nosotros elegimos. La vida
como todas las cosas de que haya registro tiene una dual virtud: sirve para bien y para el mal. Y
hay circunstancias que la vida nos vuelve ambidiestros, toma y daca, nadie se deja en este
mundo de sobrevivencia.
Es la vida un rostro sin inhibiciones. Y vamos por el rostro de los ojos que nos miran y sobre las
sonrisas de las personas y cada quién en Ia confesión de esta efímera existencia. Y hay de
aquellos que toman el día en broma sin limitaciones y hay de otros cuyos límites no conocieron
fronteras, pero hay otro que no se ha movido de casa y es lo mismo por si no tienes a quien
decirlo, si aparte no tienes testigos. Y lo que es peor, nadie cree en tus dichos.
Y el consejo es: pórtate bien y, si no, me invitas, y sucede. Al rato están todos cavilando en una
triste masmorra del dos Zaragoza, donde ya frente al pelotón de fusilamiento confesarás su
culpa de bien pedotes.
Durante el día, cada segundo trae una decisión en la vida. Los ojos ven para un lado y hacia
otro, igual ocurre con los oídos. Lo que un sentido sabe puede ser oculto para el otro y de esta
manera fortalecer la conveniente contradicción de continuar siendo.
Nadie está aquí nada más para las cosas bonitas, también estamos en la arena movedisa de
los feos, de los ingratos y de maldades no confesadas hasta la fecha. Lo que se observa es
fachada, máscara del Santo y la cavernaria cabellera del vagabundo.
El hambre no espera y por ejemplo para el mediodía la decisión ya debe estar tomada sobre
dónde será el muerto de las coronas para caerle bien gacho a la mera hora como la tía concha.
La opción entre la sopa de fideos y los frijoles permanece invicta.
Se vale soñar y no dormir siquiera, jugar basquet sin haber metido una canasta en la vida, se
vale creer ser el único, la última cerveza del desierto y que todo sea en vano. Llorando se
conoce la canción más linda y la que le queda a uno justo a media burra bien helada.
Ocurre que te equivocaste y nadie te comprende. Otro habitante de este mundo tomó la foto de
eso y no pasó nada. Nunca pasa nada, ni pasará nada. El tiempo ese viejo sabio se llevó todo,
hasta la especulacion y el espectáculo, el tiempo se llevó el recurso de meter las manos al
fuego o al agua. El pasado poco a poco carece de valor y de credibilidad.
Se puede ser feliz y aceptarlo con modestia y también ser un miserable y también estar de
acuerdo en que de pronto todo cambia.
Muchos de nosotros apenas contemplamos la vida y poco sabemos sobre el propósito de la
existencia, pero qué tal a la hora de corretear la chuleta. Es la neta. Somos capaces de
desdibujanos en una servilleta. No todos. Aunque el camino es largo y confluimos en donde
mismo, nos felicitamos.
Llega un momento de una decisión definitiva y la cagas. “Pa’ qué te casabas Juan si ya te
habías divorciado”. Nadie te advirtió, simplemente dejaron que la cagaras para luego satisfacer
el morbo. Al tomar una decisión, ya se la saben, puede salir bien como puede salir mal o las
dos cosas juntas. Por eso conozco personas que saben sacar ventajas de las peores derrotas.
Con mucho pesar y en contra de nuestro soberano descanso nos levantamos sin saber qué
está pasando. Ya cantó el gallo sin falta, no tarda en pasar el vela. Comienzo a explorar la
agenda para encontrar el camino más cercano a Antofagasta, en realidad no sé qué hacer. La
sociedad puso una hora y lo que deseo es viajar, hacer ejercicio, salir al campo, no sé, actuar
de inmediato, tomar un atajo, oponerme a todo el mundo, al sol intenso, dejar intenso el
sufrimiento, la indiferencia, el silencio cómplice, el grito bajo el océano.
HASTA PRONTO





