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Cenotes de Aldama: la ventana a un mundo subterráneo

  • septiembre 27, 2026
  • 10:06 am

Antonio H. Mandujano
Expreso – La Razón

 

Tamaulipas es una tierra de contrastes naturales: desiertos y selvas, bosques y serranías, playas, ríos y vastas llanuras, pero entre esa diversidad existe una de sus expresiones geológicas más sorprendentes: las formaciones kársticas, conocidas popularmente en algunos de sus puntos más espectaculares como cenotes.

Y aunque Aldama es el municipio que ha puesto a Tamaulipas en el mapa mundial por estas impresionantes cavidades llenas de agua, la historia geológica no termina ahí. Su fama ha crecido gracias a buzos y científicos, pero el fenómeno va mucho más allá de sus límites.

El Zacatón, la Poza Verde, La Pilita y La Azufrosa forman parte de un sistema de cenotes que durante décadas ha atraído a exploradores, científicos y visitantes por sus aguas termales y sulfurosas.

Pero alrededor de ellos existe una realidad mucho más grande: la Sierra Madre Oriental tamaulipeca esconde un extenso paisaje kárstico, con cientos de dolinas, cuevas, surgencias, valles y sistemas subterráneos que apenas comienzan a ser mapeados.

En un estudio publicado en Terra Digitalis, revista vinculada al Instituto de Geografía de la UNAM, se identificaron nada menos que 1,578 rasgos kársticos dentro de la Reserva de la Biósfera El Cielo. El catálogo comprende 35 valles fluviales kársticos longitudinales, 35 transversales, tres poljes, 17 uvalas y mil 488 dolinas.

Pero lo anterior no significa que sean mil 578 cenotes, lo que es importante precisar, pues son distintas formas del relieve producidas por la acción del agua sobre rocas solubles, principalmente calizas depositadas cuando esta región era fondo marino.

Algunas pueden contener agua permanente, otras conducirla al subsuelo y otras ser simplemente grandes depresiones por colapso de cavidades.

Pero juntas revelan algo extraordinario: el mundo de los cenotes de Aldama forma parte de un paisaje geológico mucho más extenso e interconectado.

 

ALDAMA, UN TERRITORIO DE CONTRASTES

En el sureste de Tamaulipas, entre la Sierra de Tamaulipas y el Golfo de México, se encuentra Aldama, un municipio de 3 mil 819 kilómetros cuadrados que en 2020 tenía 28 mil 725 habitantes en 413 localidades.

Su territorio es diverso: hacia las zonas serranas predominan selvas bajas caducifolias, mientras que en partes bajas aparecen pastizales, zonas inundables, lagunas, manglares y una franja costera de más de 90 kilómetros.

En sus aguas y montañas habita fauna variada, desde venados, jabalíes y armadillos hasta jaguar y puma, además de tortuga lora que anida en sus playas, uno de los sitios más importantes del estado.

A esto se suman los ríos Tigre, Barberena y Carrizal, la laguna de San Andrés, la Barra del Tordo y, tierra adentro, un paisaje kárstico con formaciones extraordinarias.

Es precisamente en ese escenario de sierras, selvas y agua donde está uno de los mayores tesoros geológicos de Tamaulipas.

 

El zacatón, el gigante de Aldama

En el corazón de este universo está El Zacatón, una cavidad circular de agua termal que forma parte de cinco dolinas profundas interconectadas.

Su nombre proviene de islas de zacate que flotan y se desplazan con el viento o las corrientes.

El Programa Municipal de Ordenamiento lo registra como cenote abierto de aproximadamente 140 metros de diámetro y 335 metros de profundidad.

Otras mediciones de exploración subacuática sitúan la profundidad total en 339 metros, considerando el borde superior y el nivel del agua.

Es una de las cavidades inundadas más profundas del planeta y el gran símbolo del sistema tamaulipeco.

Su profundidad lo convirtió en sitio de interés internacional, usado incluso para pruebas de tecnología subacuática relacionada con la NASA.

Pero El Zacatón no está solo.

 

Cuatro cenotes conectados por el subsuelo

El ordenamiento de Aldama identifica cuatro cenotes: El Zacatón, la Poza Verde, La Pilita y La Azufrosa, interconectados por un río subterráneo somero que mantiene flujo termal.

La Poza Verde tiene alrededor de 150 metros de diámetro y unos 200 metros de profundidad, con aguas verdosas por minerales y microorganismos adaptados al azufre.

Sus tonalidades cambian con la luz y contrastan con la vegetación circundante.

La Pilita, de unos 30 metros de diámetro y cerca de 100 metros de profundidad explorada, parece pequeña desde arriba, pero esconde una cavidad en forma de campana.

La Azufrosa tiene apenas 12 metros de diámetro y forma cónica, con aguas sulfurosas y temperatura elevada que le da nombre.

A ellas se suman El Caracol y la red de cavernas conocida como Los Cuarteles, con galerías inexploradas.

La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad reconoce la región como “Cenotes de Aldama” dentro de sus Regiones Hidrológicas Prioritarias, con más de 5 mil kilómetros cuadrados, con cenotes, lagos, reservorios, ríos y arroyos.

También señala aguas hidrotermales sulfurosas y especies asociadas con adaptaciones únicas.

CUANDO EL AGUA ABRE CAMINOS BAJO LA TIERRA

Para entender estos paisajes hay que mirar bajo nuestros pies.

El karst se desarrolla en rocas solubles como calizas; el agua de lluvia se infiltra por fracturas y, durante milenios, disuelve la roca.

Con el tiempo se forman conductos, cavernas, depresiones y sistemas subterráneos; cuando colapsa un techo, aparece una dolina.

Cuando esas depresiones se llenan de agua y conectan con el acuífero, surgen los cenotes.

Por eso, no toda dolina es cenote y no toda cueva inundada debe llamarse cenote, diferencia clave para entender la riqueza geológica tamaulipeca.

 

El otro gran mapa esta en el cielo

En la Reserva de la Biósfera El Cielo, en Gómez Farías, Llera, Jaumave y Ocampo, se hizo una clasificación detallada de depresiones kársticas con modelos digitales de elevación.

El resultado: 1,578 estructuras de enorme diversidad que hablan de una evolución geológica muy activa.

El inventario geomorfológico identificó 35 valles fluviales kársticos longitudinales y 35 transversales, 3 poljes, 17 uvalas, 200 dolinas tipo B y 1,288 dolinas tipo A, récord para el noreste de México.

En conjunto ocupan 26.4 por ciento de la superficie de la reserva, demostrando que el karst es el paisaje dominante.

Algunas formas son gigantescas, con valles y cañones de hasta 594 metros de profundidad, paredes verticales y drenaje subterráneo.

La combinación de plegamientos, fracturas, erosión y disolución ha favorecido el karst y la infiltración, creando reservas estratégicas de agua.

Así, mientras Aldama es famoso por sus cenotes, El Cielo es la mayor expresión cartografiada del karst tamaulipeco.

 

Las dolinas que aparecen fuera de aldama

El Atlas de Riesgos del Estado, con el Gobierno estatal y el Servicio Geológico Mexicano, documenta dolinas en todo el estado.

Se verificaron grupos en Jaumave, Ocampo, Aldama y Tula, con diámetros de 150 a 3,200 metros, ligadas a lutita-marga y calizas-dolomías cretácicas.

En Ocampo se documentó una dolina de 850 metros en la Sierra Argentina, cerca de Lázaro Cárdenas, visible en satélite.

En Tula se verificó una de 3,200 metros y otra de mil metros en San José de las Flores; en Jaumave, en La Joya de León, una de 150 metros ligada a recarga de acuíferos.

Son dimensiones que muestran que el karst no son pequeños hundimientos: algunas abarcan cientos de metros y reflejan procesos profundos.

 

El mante: agua que emerge de una cueva

Uno de los mejores ejemplos de que karst no es cenote está en El Mante.

En la Sierra de Cucharas hay sistemas de cuevas y surgencias; el más conocido es El Nacimiento, donde el agua brota de una cavidad y forma un sistema ideal para espeleobuceo.

También está la Gruta de Quintero, con cientos de metros y estalactitas.

El Nacimiento ha sido explorado a profundidades extraordinarias, con aguas cristalinas y túneles amplios, vital para el río Mante.

Son ejemplos de cómo el agua desaparece bajo tierra y reaparece kilómetros después.

 

Jaumave, Ocapmo y Tula: El Karst que casi no vemos

En Jaumave existe El Charco Azul, poza asociada a cavidad rocosa que mantiene nivel en sequía.

En Ocampo, la dolina de la Sierra Argentina muestra la magnitud y función como zona de recarga.

En Tula, varias depresiones fusionadas forman uvalas, valles irregulares y fértiles donde se practica agricultura.

Otros municipios del centro y sur también tienen condiciones favorables para karst, aunque falta cartografía detallada.

Protección Civil mantiene atlas municipales de Antiguo Morelos, Nuevo Morelos, Ocampo, Tula, Casas, Llera, El Mante, Gómez Farías, Güémez, Hidalgo, Padilla, Bustamante, Jaumave, Miquihuana y Palmillas.

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Grupo Editorial Expreso – La Razón

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