El huracán Polo alcanzó la categoría 5 frente a las costas del Pacífico mexicano durante la mañana de este martes 22 de septiembre, después de experimentar una intensificación extraordinariamente rápida que elevó sus vientos máximos sostenidos hasta alrededor de 260 kilómetros por hora.
Menos de 24 horas antes, a las 09:00 horas del lunes, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC, por sus siglas en inglés) todavía clasificaba a Polo como tormenta tropical, con vientos máximos sostenidos de aproximadamente 100 km/h. Para el mediodía ya se había convertido en huracán y continuó ganando fuerza durante la tarde, la noche y la madrugada.
¿Por qué el huracán Polo se intensificó tan rápido?
El NHC detectó desde el lunes que Polo se desplazaba sobre aguas con temperaturas superiores a 30.5 °C, además de encontrar una atmósfera con abundante humedad y cizalladura vertical del viento débil, es decir, poca variación en la velocidad o dirección del viento conforme aumenta la altura.
Esa combinación permite que las tormentas eléctricas que rodean el centro de un ciclón permanezcan organizadas y que el sistema aproveche de forma eficiente la energía procedente del océano.
Desde la madrugada del lunes, el NHC ya advertía que la cizalladura se mantendría baja, la humedad en niveles medios de la atmósfera rondaría o superaría el 70% y la temperatura superficial del mar permanecería por encima de 30 °C, condiciones compatibles con una rápida intensificación.
A esto se sumó la estructura compacta del ciclón. Durante su fortalecimiento se desarrolló rápidamente un núcleo interno pequeño y organizado y posteriormente apareció un ojo, señales de que Polo estaba consolidando una circulación capaz de intensificarse con rapidez.

¿Qué tiene que ver El Niño con el huracán Polo?
La intensificación atípica del ciclón ocurre en medio de la fase cálida del fenómeno de El Niño, que modifica las temperaturas del océano y la circulación atmosférica en grandes regiones del planeta.
De acuerdo con el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), El Niño generalmente favorece una mayor actividad de huracanes en el Pacífico oriental, mientras tiende a reducirla en el Atlántico.
Una de las razones es la cizalladura vertical del viento. Durante El Niño, los cambios en la circulación atmosférica suelen disminuirla sobre sectores del Pacífico oriental. Con menos diferencias entre los vientos de las capas bajas y altas de la atmósfera, los ciclones tienen mayores posibilidades de mantener una estructura vertical organizada y fortalecerse.
Para la temporada de 2026, NOAA ya había previsto un entorno especialmente favorable en el Pacífico oriental, con temperaturas del mar superiores al promedio en amplias zonas y condiciones de El Niño capaces de impulsar una temporada más activa de lo habitual.





