El Faro/Francisco de Asis
“En un momento en que muchos sistemas educativos alrededor del mundo han experimentado caídas en sus resultados de aprendizaje, México ha demostrado resiliencia.”
La frase es de Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, al comentar los resultados de México en PISA 2025. Habló también de jóvenes curiosos y perseverantes, del compromiso de los maestros y felicitó a estudiantes, docentes y familias.
La presidenta Claudia Sheinbaum retomó sus palabras y las calificó como “un reconocimiento muy importante a México”.
Conviene revisar cómo ha evolucionado la educación en nuestro país tomando como referencia la prueba PISA.
Cada tres años, la OCDE evalúa a jóvenes de 15 años para conocer qué tanto pueden utilizar sus conocimientos y habilidades en matemáticas, lectura y ciencias para resolver problemas, pensar críticamente y desenvolverse en situaciones de la vida real.
En 2003, México obtuvo 385 puntos en matemáticas y 400 en lectura. Seis años después había avanzado notablemente: en 2009 alcanzó 419 en matemáticas y 425 en lectura —los mejores resultados obtenidos por nuestro país en ambas materias— mientras que en ciencias llegó a 416 puntos.
Y ese avance ocurrió mientras aumentaba considerablemente la proporción de jóvenes representados por PISA: el llamado Coverage Index pasó de 49 a 61 por ciento. Más cobertura no significó menor desempeño. México incorporó más jóvenes y, al mismo tiempo, mejoró.
Después dejamos de avanzar.
En 2015 obtuvimos 408 puntos en matemáticas, 423 en lectura y 416 en ciencias. En 2018 fueron 409, 420 y 419.
Entonces llegó la pandemia.
Las escuelas cerraron y el aprendizaje sufrió en buena parte del mundo. PISA 2022 registró una caída sin precedente: el promedio de la OCDE perdió cerca de 15 puntos en matemáticas y alrededor de 10 en lectura.
México también cayó. Matemáticas pasó de 409 puntos en 2018 a 395; lectura, de 420 a 415, y ciencias, de 419 a 410. Buena parte de ese deterioro debe entenderse dentro de la extraordinaria disrupción educativa provocada por la pandemia.
Pero llegó PISA 2025.
México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Matemáticas volvió a caer; la disminución en lectura y el aumento en ciencias no fueron estadísticamente significativos.
Tampoco el resto del mundo desarrollado consiguió recuperarse completamente. El promedio de la OCDE descendió nuevamente hasta 463 puntos en matemáticas, 461 en lectura y 482 en ciencias, sus niveles históricos más bajos.
Podríamos consolarnos diciendo que México cayó menos.
La propia presidenta, después de señalar que otros países también habían disminuido, se corrigió: “No por mal de muchos, ¿verdad?”
Porque existen dos maneras de leer estos resultados.
Una es compararnos con los demás: México obtuvo 388 puntos en matemáticas frente a 463 del promedio de la OCDE; 408 contra 461 en lectura, y 414 contra 482 en ciencias. La distancia sigue siendo enorme.
La otra es compararnos con nosotros mismos.
En 2009 México obtuvo 419 puntos en matemáticas y hoy tiene 388. En lectura pasó de 425 a 408. En ciencias tenía 416 y hoy 414.
Dieciséis años después, nuestros jóvenes no saben más matemáticas, no comprenden mejor lo que leen y no saben más ciencias.
Y detrás de esos números hay algo todavía más preocupante.
En 2025 sólo tres de cada diez estudiantes mexicanos alcanzaron al menos el nivel básico de competencia en matemáticas; en el promedio de la OCDE fueron casi siete. En lectura y ciencias apenas la mitad de nuestros jóvenes alcanzó ese nivel.
Esos muchachos tienen hoy 15 años.
Dentro de unos cuantos estarán buscando ingresar a una universidad, conseguir un empleo, emprender un negocio o competir por una posición en una economía en la que el conocimiento, la tecnología y la inteligencia artificial exigirán cada vez mayores capacidades para comprender, razonar y aprender.
No competirán solamente entre ellos.
Lo harán con jóvenes preparados en Estados Unidos, Europa y Asia. Y el mercado laboral no les preguntará si México cayó menos que otros países durante la pandemia. Les exigirá demostrar qué saben y qué son capaces de hacer con lo que saben.
PISA no es perfecta. Ninguna evaluación lo es. Pero sus resultados nos permiten hacernos una pregunta mucho más importante que nuestro lugar en una clasificación:
¿Estamos preparando hoy mejor a nuestros jóvenes que hace quince años?
Los datos están ahí.
Andreas Schleicher eligió una palabra para describir a México:
Resiliencia.
Los números eligieron otra.
Pobres de nuestros niños pobres. Pobre México.





