LABERINTOS DEL PODER /José Azpeitia
“El ignorante celebra la batalla ganada; el sabio observa si la guerra continúa…”
El arte de la guerra
Tal vez haya usted escuchado o leido este pasaje histórico,
Pirro, rey de Epiro y general en la Grecia helenística, logró vencer a los romanos en la batalla de Ásculo, en un triunfo que le mereció honores pero que le costó perder a la mayor parte de sus mejores combatientes, por lo que el monarca dejó para la posteridad una frase:
“Otra victoria como ésta y estaremos perdidos…”
Hoy, esa visión de Pirro se conoce como “victoria pírrica”, que significa un triunfo que se consigue con un costo tan alto que al final casi equivale a una derrota.
Viene al caso esta historia por el “afaire” que aparentemente acaban de resolver los partidos Morena y del Trabajo.
¿Ganó Morena este encuentro contra los intereses petistas?
Habrá quienes afirmen que Regeneración Nacional demostró madurez política, respeto a sus aliados y otras martingalas por el estilo, pero al margen de las declaraciones triunfalistas, el clan que se autofine como Cuarta Transformación recibió un torpedo en la línea de flotación con este nuevo acuerdo que ciertamente no hundirá al barco, pero muestra los puntos débiles del mismo.
¿Exagero?
Podría ser, pero en la percepción de su servidor, el balance de ese pleito nacional por las candidaturas y por ende por el dinero que representan, refleja las clásicas buena y mala noticia.
La buena para Morena es evidente: Asegura los votos que necesita en el Poder Legislativo federal y congresos locales para conservar la mayoría necesaria y continuar con los desvaríos de sus correligionarios políticos. ¿Y cuál es la mala?
Su aliado acaba de mostrar a propios y extraños el camino para llegar a las zonas que le duelen al monstruo guinda en apariencia monolítico. Todo el poder que hoy detenta el partido en el gobierno no fue suficiente para someter al PT y por el contrario, lo fortaleció: De cumplir un papel de comparsa un mes atrás, éste pasó a ser un factor real de decisión en esa suma de siglas partidistas. Mejor imposible…para el PT.
Así, queda en el tapete una duda:
¿Si un satélite como el Partido del Trabajo hizo que Morena hincara una rodilla, qué podrían lograr fuerzas en verdad poderosas si se sumaran?
Hasta ahora, para concretar esa alianza opositora los que quieren no pueden y los que pueden no quieren, pero esto no resta interés al potencial –y peligroso– resultado de una nueva batalla de Morena con el Partido Verde, que por segunda vez alista su precio para no soltar las riendas del poder:
Un escenario en el cual, como temía el rey Pirro, sea la confrontación que en lugar de victoria sea la derrota definitiva…
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